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El arte de vanguardia que resistió a la España franquista

El Círculo de Bellas Artes exhibe el trabajo conjunto del colectivo artístico Zaj

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Quién diría que los árboles también crecen en los estercoleros. Es la historia de Zaj, el colectivo neovanguardista impulsado por los músicos Juan Hidalgo y Walter Marchetti a finales de los cincuenta que nació, creció y se reprodujo en la España franquista. Hoy, 70 años después de sus primeros pasos, el Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge una exposición de la intrahistoria de Zaj, que permanecerá abierta hasta el 22 de marzo.

'Fuimos una cuña dentro de la mentalidad fascista y retrógrada de la sociedad española', recuerda Público el propio Hidalgo. En los años sesenta, Zaj recorrió España con una gira de conciertos experimentales y performances que planteaban un pulso al lenguaje y a las formas del arte.

Una actitud que Marchetti dejó muy clara al afirmar: 'Yo sólo encuentro mi camino cuando me desencamino'. Sus palabras sitúan a Zaj como un grupo afín a las vanguardias críticas y de acción, muy cercano a la ideología anárquica, al que fueron sumándose colaboradores como Juan Barcé, José Luis Castillejo y Esther Ferrer. 'Zaj renunció a que la realidad fuese sometida a una taxonomía', aclara el historiador del arte Rubén Figaredo.

La muestra fue tildada por Juan Barja, director del Círculo, como 'la más importante del colectivo neovanguardista desde el punto de vista documental'. El material expuesto serigrafías de gran formato, instalaciones y fotografías da cuenta del espíritu irónico de Zaj y ha sido donado por el coleccionista italiano Francesco Conz, muy interesado en movimientos afines a este colectivo, como Fluxus (liderado por el músico John Cage).

Tanto Zaj como Fluxus repudian el arte como objeto de mercancía, así como cualquier posibilidad de categorización. Este último es un rasgo fuertemente interiorizado en el discurso de Hidalgo, que niega ser un vanguardista. 'Soy un señor corriente que hace cosas dentro de una línea', sentencia cansado de etiquetas.

Aunque no niega su polivalencia: 'Soy un creador intermedio porque hago propuestas en música, plástica, fotografía, poesía...'. Y si se le pregunta si alguna vez se ha sentido incomprendido, responde subversivo: 'No, porque cuando uno se mete en estos caminos creativos, lo que menos te interesa es lo que opinen los demás', sobre todo si se trata de algún espectador contrariado con su obra. Si es así, estará dispuesto a conversar hasta bien entrada la noche.