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Artes de ida y vuelta

Vargas LLosa y Szyszlo inauguran el festival Letra

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El escritor Mario Vargas Llosa y el pintor Fernando Szyszlo, ambos peruanos, abrieron con media hora de retraso el diálogo con el que se inauguró anoche el festival Letra, que este fin de semana busca situar a Madrid en el centro de la cultura hispanoamericana: Perú es el país invitado. El público que llenaba el Ateneo, y que había rumoreado con un 'oooohhh' de impaciencia, largo como un túnel, algunas de las últimas ¡siete! intervenciones protocolarias previas, los recibió entregado.

Szyszlo: 'El precolombino es el arte más grande que ha dado Perú'

La conexión entre ambas orillas del Atlántico, reconoció Vargas Llosa, cuya última novela, El sueño del celta, llega hoy a las librerías, es ahora mucho más fluida que cuando, por ejemplo, él mismo llegó como estudiante a finales de los cincuenta a Madrid. Así que la conversación trazó sobre todo ese trayecto del que ambos, cada uno en su campo, representan a la perfección: la modernización del arte iberoamericano y la superación del indigenismo.

'Aun así, yo siempre digo que lo más grande que ha dado Perú al mundo en las artes plásticas sigue siendo el arte precolombino', aclaró Szyszlo. También durante la época de la colonización española: 'Los indios, obligados por los curas a pintar imágenes traídas desde Europa, imágenes en las que no creían, acabaron pintándolas de forma muy original'. Una originalidad, recordó, que desapareció con la llegada de la independencia y hasta casi la segunda mitad del siglo XX.

El indigenismo de la primera mitad del siglo pasado, según Vargas Llosa, 'en un sentido moral y político fue muy positivo, porque sacó a la luz la realidad indígena, campesina, la explotación, que había sido ignorada'. Pero no así estéticamente. 'Era una pintura llena de buenas intenciones, pero de factura estética pobre', explicó el Premio Cervantes de 1994.

El autor de 'El sueño del celta' critica la pobreza formal del indigenismo

Szyszlo le recordó al escritor José María Arguedas, sobre el que el propio Vargas Llosa escribió La utopía arcaica, como ejemplo de excelencia estética. 'Él fue, en literatura, la excepción a ese pintoresquismo. Los demás escribían sobre el indio desde lejos; pero él los conocía muy bien, incluso por una experiencia personal muy desgraciada, el quechua fue la primera lengua que aprendió. Y quizá por eso supo reflejarlos sin tópicos', admitió Vargas Llosa. Szyszlo contó esa desgracia personal: 'Su madre murió en el parto. Y su padre, que era uno de esos abogados que andaban a caballo entre provincias, se volvió a casar. Su nueva mujer, de forma también muy típica de provincias, odió profundamente al hijo y lo mandó a vivir con los sirvientes. Y ahí aprendió su lengua'.

Para ambos, Arguedas consiguió lo que todos intentaban: hablar de sus raíces pero en un lenguaje moderno, universal. Todo lo demás, al cabo de los años, deja de tener interés. Y los dos reconocieron en el intercambio una fuerza imprescindible para el arte. Y sigue siendo así. El sábado, en el Centro de Arte Flamenco Amor de Dios, un encuentro musical recordará cómo el cajón peruano, desde que Paco de Lucía se lo viera tocar a Rubém Dantas, se convirtió en cajón flamenco.