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"Soy un artista que basa su trabajo en el fracaso"

El artista plástico expone 15 esculturas y tres grandes óleos en la Galería Marlborough de Madrid, en las que conjuga la reinterpretación de obras clásicas con referentes modernos  

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Escultor, pintor y grabador. Manolo Valdés (Valencia, 1942) reinterpreta las imágenes creadas por grandes pintores como Velázquez, Goya o El Greco para alumbrar composiciones marcadas por las texturas que invitan al espectador a tocarlas. Fundador del Equipo Crónica en 1964, junto a Juan Antonio Toledo y Rafael Solbes, Valdés conjugó la crítica política y el humor con el pop art y la preocupación por la composición. Tras 20 años viviendo en Nueva York, este artista plástico conserva intacta el ansia por aprender y recibir constantes impulsos creativos, nacidos de una ciudad que no deja de sorprenderle. Desde su estudio neoyorquino, Valdés explica a Público con voz calmada y sin prisas cómo es su exposición en Madrid y detalla qué momento vive su eterno proceso creativo.

Entre las piezas que expone en la Galería Marlborough hasta el 21 de marzo hay tres óleos de ‘Dama a caballo’. ¿En que se inspiró?

Están retomados a partir de un cuadro de Velázquez. La intención de esta serie, que también incluye un hombre a caballo es hacer 10, 15 ó 20 esculturas de cada una de esas imágenes para poderlas colocar en fila en las exposiciones en la calle.

¿Dónde tiene previsto colocarlas?

Se empezarán a enseñar en Mónaco este verano, pero fundamentalmente son para Broadway.

¿Por qué le atrae tanto hacer series de sus obras?

Porque siempre tengo la impresión de que puedo contar más, de que con un solo cuadro me hubiera gustado decir otra cosa pero que no he podido o no he sabido hacerlo. Y, efectivamente, ocurre que cuando insistes en una imagen das una visión más completa, pero llega un momento en que te agotas y, entonces, abandonas. Por otra parte, el pop lo ha hecho muchísimo. Creo que las fotos de Warhol sobre Marilyn no serían lo que son si no se hubiera hecho una serie de ellas.

Además, en sus series recurre a distintas técnicas.

Esa es la manera de completar. Si yo retomo un cuadro del XVII o del XX y hago una interpretación podría hacerlo pintándolo como lo hizo el propio autor, con lo cual sería una copia. Pero en la medida en que lo haces con otros materiales y te separas más, la obra está cobrando más autonomía.

Por lo tanto, usted enriquece esas imágenes…

Siempre digo que me gusta comentar los trabajos de otros, pero comentarlos desde la especificidad. Yo no los comento como lo hace un historiador, o como lo hace alguien desde la literatura o la poesía.

Lleva 20 años en Nueva York, ¿cree que cada una de sus obras está marcada por la personalidad de esta ciudad?

Creo que sí. Nueva York es una ciudad muy fuerte plásticamente y te tiene siempre tenso. Tú te asomas por la ventana y ves los edificios de enfrente, la luz y todo eso influye. Yo soy un mirón y, claro, me encanta. Además, cuando uno tiene la edad que yo tengo y tienes la impresión de que aprendes, eso no lo abandonas por nada. Es la cosa que más me ata aquí. Por otro lado, siempre digo que los mejores artistas no están en Nueva York, pero sí pasan por Nueva York.

¿Qué queda en su obra actual de ese espíritu crítico y del pop art de su etapa en el Equipo Crónica?

Fueron parte de mi formación. Cuando interpreto una imagen y la llevo a mis cuadros actuales, no podría hacer una cara de dos metros si el pop art no me hubiera enseñado que un ojo puede ser enorme. El pop también me enseñó la seriación. Pero no sólo eso, la pintura abstracta también me ha enseñado a manejar las texturas. A medida que pasa el tiempo vas sumando y ese es el jugo. De repente, te das cuenta de cómo vuelves atrás en el tiempo y retomas algo. Siempre he pensado que el final de un artista es cuando pierde la memoria, porque perder la memoria significa perder los recursos.

En toda su carrera, se ha inspirado en grandes maestros de la pintura ¿Hay algún creador que se le haya resistido?

Muchísimos, porque un día no se me resisten y al día siguiente no puedo con ellos. Me llevo muchos fracasos, soy un artista que basa su trabajo en el fracaso. Hay más cuadros que se van a la basura. Y seguramente soy muy benévolo.

¿No será que los tira porque es muy perfeccionista?

No. Uno es consciente de que hay cosas que no funcionan y que tienes la capacidad de hacerlo mejor. Así que insistes e insistes y, a veces, eso no se produce y te encuentras con la impotencia.

Es un proceso duro...

Sí, es duro. Cuando voy al estudio por la mañana creo que soy Superman y cuando voy a casa por la noche el humor me ha cambiado. Me he dado cuenta de que la cosa no es como pensaba por la mañana.

¿Cómo es un día de trabajo para usted?

Cuando llego al estudio se acabó todo hasta que lo dejo. Hago una jornada de ocho horas seguidas y cuando no se ha cumplido esa disciplina, porque tengo algún viaje, lo recupero el fin de semana. Durante un tiempo llegué a trabajar siete días a la semana.

¿Se documenta mucho para hacer sus obras?

Sí, soy muy disciplinado y lo hago porque eso me da seguridad. Uno va recogiendo documentación y vas asumiendo la imagen hasta que estás preparado.

Usted ha expuesto sus esculturas en las calles de distintas ciudades del mundo ¿No le inquieta dejarlas desprotegidas?

Siempre te da miedo. En Nueva York he expuesto en dos o tres lugares y uno ve que las obras tienen una vida propia según donde están.

¿El arte debe estar en la calle?

El arte tiene que estar en todas partes.

Sus esculturas de gran tamaño tienen los rasgos simplificados y están caracterizadas por la naturalidad. ¿También busca eso en los materiales que emplea?

Me interesa mucho la textura, en los cuadros y en la escultura.

¿Le gusta que la gente tenga tentaciones de tocar su obra?

Sí, porque a mí me pasa lo mismo. Soy de los que toco. Me gusta desentrañar y si pudiera me metería dentro. Una vez estaba con Antonio Saura en un museo donde teníamos dos cuadros y estábamos hablando cuando pasamos la raya de seguridad. Vino el de seguridad y nos dijo: “Atrás” y Antonio Saura le dijo: “Esos cuadros los hemos pintado nosotros”, a lo que el de seguridad nos contestó: “Fuera”. Le pareció que éramos unos imbéciles.

¿Cómo ve usted desde la distancia el momento que vive la creación artística en España?

Creo que las exposiciones de la gente que aparece ahora tienen un cierto nivel por la cantidad de información que han asumido y que les da la capacidad de producir cosas. Desafortunadamente, todavía el siglo XXI no ha dado los pintores del siglo XX.

¿Surgirá alguna figura como las del XX?

Espero que sí. Yo soy optimista.