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Los artistas chinos se miran el ombligo

Una muestra refleja los cambios sociales en el gigante asiático

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Más de 5.000 kilómetros de longitud y un solo huso horario. Las autoridades de Pekín deciden la hora de todo un país, la República Popular China, una de las grandes potencias económicas y políticas mundiales en la actualidad. Con un nombre así, la exposición Beijing Time. La hora de China recuerda que la Casa Blanca no es la única que marca agenda internacional. Desde el punto de vista de los chinos, ese nombre también ilustra los cambios radicales que supuso la transición, en menos de un siglo, de un imperio a un régimen comunista y de la planificación de Estado a un 'comunismo capitalista'. Son esos cambios los que expresan 17 artistas chinos en el Matadero de Madrid hasta el próximo 21 de marzo.

La exposición, organizada por Casa Asia, reúne una gran diversidad de trabajos: fotografía, vídeos, esculturas, instalaciones, dibujos y pintura. Entre los 17 artistas seleccionados, algunos son conocidos internacionalmente, aunque no participan otros como Yue Minjun, estrella del llamado realismo cínico con sus máscaras sonrientes y uno de los grandes representantes del boom del arte contemporáneo chino en los últimos años.

Beijing Time. La hora de China reúne en Matadero a 17 creadores

Acuden desde varias regiones de China y su prioridad es narrar las grandes transformaciones que marcaron su país. 'No se imagina lo rápido que han cambiado y siguen cambiado las cosas en China. Lo que vivimos es una locura', explica Cang Xin, de Mongolia Interior y autor de ilustraciones en blanco y negro que expresan 'las relaciones entre el sueño y el sufrimiento'.

La crítica más directa y más evidente para el ojo europeo la expresa Yi Deer, quien se disfraza de hombre dorado y posa en sus fotografías cerca de grandes símbolos de la fuerza de China, como fábricas industriales o salas oficiales donde cuelgan los retratos de todos los líderes comunistas desde Mao Zedong. 'Lanarración es clave para entender el arte chino y su éxito actual. Por narración entiendo comunicación, difusión de información sobre un país, para que el espectador entienda lo que está pasando en este país', aclara Menene Gras, la comisaria de la exposición.

Muchas de las obras tienen una doble lectura. Con la frase 'Ellas se fueron, pero no saben a dónde van', escrita en un muro blanco repleto de zapatos, Shen Yuan plantea una pregunta sobre el futuro de China: ¿Hacia dónde van? No son zapatos cualquiera, son zapatillas de loto, de 13 centímetros, que impiden el crecimiento de los pies de las mujeres: un símbolo de belleza para algunos, y de esclavitud para Shen, quien recuerda el peso de la tradición.

«No se imagina lo rápido que han cambiado las cosas, es una locura»

La obra La comuna es un espacio cerrado hecho de ropa usada. Dentro, viejas máquinas de coser esperan el regreso de las obreras. 'Mi intención no es hablar de los talleres clandestinos chinos', explica Yin Xinzhen. La artista recolectó las prendas en una vieja fábrica de la antigua RDA y habla de la solidaridad laboral. 'En esos tiempos de individualismo, hay que recordar la importancia de la cooperación', concluye Yin.