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Bardem es Oscar

El actor español se hace con la estatuilla a mejor actor de reparto por su papel en No es país para viejos

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3.17 de la mañana del 25 de febrero de 2007, Jennifer Hudson lee ese “And the Oscar goes to… Javier Bardem”. Lo esperado y lo histórico, la interpretación de Anton Chigurh en la película No es país para viejos le ha valido a Javier Bardem su primer Oscar –a mejor actor de reparto-y el primero de un actor español. Así se pone la guinda a una carrera de fondo que le ha llevado, en los últimos dos meses, a acumular una veintena de premios de la crítica, además del Bafta y del Globo de oro. Lo cantado no le quita hermosura.

El actor ha besado a su madre en la boca antes de subir a recoger la estatuilla, ha dado la mano a su compañero de reparto, Tommy Lee Jones, y los Coen le han lanzado un guiño desde unos asientos atrás. Una vez con el Oscar en la mano, Bardem nervioso, excitado y feliz ha dicho: “Gracias a los Coen por haber estado tan locos como para pensar que podía hacer este papel y por poner un peinado tan horrible en mi cabeza”, dijo  en inglés, para luego rematar la dedicatoria en español a su madre, a su familia y al cine español… “a los cómicos españoles, a mi madre y a mis abuelos, Rafael Bardem y Matilde Muñoz San Pedro”.

Después de aquella otra nominación por Antes de que anochezca en 2001, Bardem hace historia. Hasta el clip de No es país para viejos elegido por la Academia para presentar su candidatura sonó a premonición. Ese diálogo con el empleado de una gasolinera en que Anton Chigurh dice: “Es el momento de ganarlo todo”. Así ha sido.

La noche de los Coen 

El Oscar de Bardem fue sólo la antesala de una noche que acabaría por ser de los Coen. No es país para viejos, que partía como favorita junto con Pozos de ambición -ambas con ocho nominaciones- se hizo con cuatro galardones: mejor actor de reparto, mejor guión adaptado, mejor director y mejor película. Cormac McCarthy sonreía desde la platea cuando el último premio confirmó que la adaptación de su libro era la película de la noche.

Al recoger el Oscar a mejor director, los Coen, o más bien Joel porque Ethan no dijo palabra, recordaron sus primeros pasos en el cine cuando no pasaban los 12 años. 'Recuerdo aquella vez que nos fuimos a un aeropuerto y grabamos un corto que llamamos Henry Kissinger, aquella fue nuestra primera película y no creo que hoy hagamos algo muy diferente a aquello', dijo. Frances McDormand, mujer de Joel y protagonista de, entre otras, Fargo lloraba y sonreía desde su asiento.

Horas antes, al recoger el galardón a mejor guión adaptadado, Joel Coen había agradecido al escritor McCarthy la posibilidad de trabajar sobre su novela e indicó que el único secreto del éxito de su carrera es que hayan sido 'tan selectivos'. 'Sólo hemos adaptado a McCarthy y a Homero', dijo, en referencia a su película O Brother!. Ethan Coen se acercó titubeante al micrófono, entre risas, para sólo decir: 'Gracias'. Este es el segundo Oscar a mejor guión que recogen los hermanos, el primero fue en 1996 por Fargo, aunque en aquella ocasión fue por el original.

El reverso de la moneda fue para Pozos de ambición que hubo de conformarse con los Oscar a mejor actor del indiscutible Daniel Day-Lewis y con el de mejor fotografía a Robert Elswit. La película que podía ser considerada la más sólida de la noche no capturó a los académicos de la manera que lo hizo la metafísica de la frontera y la violencia de los Coen. De cualquier forma hay otra conclusión que sacar:  ha sido un año de premios repartidos sin una cinta exageradamente acaparadora. Algo similar a lo ocurrido el año pasado con Infiltrados, de Martin Scorsese. Todo hay que decirlo, en número de estatuillas que no en importancia, El ultimatum de Bourne le pisa los talones a No es país para viejos. Se llevó tres: montaje, montaje de sonido y sonido.

Predicción incumplida

Pero no todas las predicciones han acabado por cumplirse. Cate Blanchett no se hizo finalmente con el Oscar a mejor actriz de reparto por I'm not there. Tilda Swinton, por Michael Clayton, ha sido la primera gran sorpresa de la noche.

Aún más sorprendente fue que Marion Cotillard se llevara el Oscar a mejor actriz, arrebatándoselo a la favorita Julie Christie por Lejos de ella o a la tan mediática nueva estrella Ellen Page de Juno. Una gala sorprendente en lo que se refiere a los galardones a la mejor interpretación, no tanto por Bardem como por la británica Tilda Swinton y la francesa Cotillard, y que apunta a una extraña tendencia: los mejores actores han sido este año no estadounidenses: un español, una inglesa, un inglés y una francesa...y no es un chiste. Cotillard sorprendida y emocionada dijo: 'Es cierto, hay ángeles en esta ciudad'.

No podía ser de otra manera. Daniel Day-Lewis es el mejor actor del año, según la Academia de Hollywood y como ya venían confirmando la ristra de premios que habían ido vaticinando el desenlace de esta noche. Grandioso es el papel del actor irlandés en Pozos de ambición, de Paul Thomas Anderson, ese Daniel Plainview que emprende un viaje de descenso al infierno donde la ambición mezclada con el negro petróleo de la frontera de Estados Unidos esculpe a uno de los personajes más oscuros y profundos de la cinematografía contemporánea.

Indiscutible era también el Oscar a mejor guión original. Diablo Cody, esa ex stripper que enseñó muslo -y talento- durante la gala, se llevó el premio con su primer guión, el de Juno, esa pequeña historia de una adolescente que lidia con su embarazo entre canciones indies y el Estados Unidos suburbial.

Sin Oscar para Alberto Iglesias

Dario Marianelli, que partía como favorito aunque así no fuera visto desde España, ganó el Oscar a mejor banda sonora por Expiación. Es la segunda experiencia cinematográfica con el director Joe Wright, con quien ya había trabajado en Orgullo y prejuicio que le valió su primera nominación. Alberto Iglesias, que estaba nominado por Cometas en el cielo, se va así por segunda vez de vacío. 

Ratatouille no fue precisamente una sorpresa. Brad Bird le arrebató la estatuilla a Persépolis –de Locos por el surf ni hablemos- que había sido la apuesta de francesa para optar a mejor película extranjera. Tal vez hubiera sido ya demasiado pedir que la Academia hubiera decidido que otro premio iría a parar tan pronto a Francia, puesto que ya se había llevado Didier Lavergne y Jan Archibald el Oscar a mejor maquillaje por La vida en rosa.

Una de las categorías más controvertidas de la noche fue la de mejor película extranjera. ¿La causa? Lo misterioso del criterio al elegir las películas nominadas hizo que la Academia dejara fuera a la obra maestra Cuatro meses, tres semanas, dos días, sin entrar en consideraciones sobre El orfanato. La austriaca The counterfeiters, una historia sobre el mayor proceso de falsificación de dinero realizado por los nazis se hizo con el galardón.

El documental ganador sintoniza con la última cinematografía estadounidense preocupada por el belicismo y los horrores de Irak. Taxi to the Dark side, de Alex Gibney, venció al mediático pero venido a menos Michael Moore de Sicko.