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Desde el Barrio Rojo de Vallekas a la Plaza Roja de Moscú en el autobús con camas de Ska-P

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Estamos girando Europa en sleeper, que es un bus con camas, rumbo a Moscú. Sentimos nervios, impaciencia y alegría. Las historias en el autobús son innumerables, pues estamos todos. Es en este momento cuando nos ponemos a rememorar nuestras batallas, cuando alucinamos por haber sido capaces de llevar el back-line y toda la demás parafernalia por Europa y América. Haciendo feliz a tanta gente.

Cuando llegamos al lugar del concierto empieza todo. Parece un hormiguero: cada uno empeñado en sus funciones pero siempre en equipo. Esto es Ska-P. En el camerino estamos hechos un manojo de nervios. Nadie cena antes del concierto. Además, hace frío, por lo que estamos deseando salir a darlo todo. Tenemos que atender a los medios locales, a los promotores y colectivos sociales. Porque tenemos la filosofía de ser el altavoz de la vida y de la calle. Así surgimos y así seguimos.

'Terminamos el concierto con fiesta, como una fanfarria al estilo vasco: bombos, platillos, abrazándonos y disfrutando de nuevo'

Faltan 30 minutos para el concierto. El camerino está a punto de estallar. Joxemi hace todo tipo de gimnasia, estiramientos Pulpul calienta la voz subiendo y bajando de tonos. Pipi también calienta, sin separarse de su iPod. Julio está con el bajo colgado y trasteando de arriba abajo. Luismi no para de dar con sus baquetas a una caja con forma de toalla. Mientras, Gari y Txikitín calientan en el escenario, y Kogote repasa él mismo sus teclados, capucha en mano para que no le reconozcan. Ya se respira adrenalina, y el calor del público es impresionante. Al grito: '¡Dos minutos chavales!', después de que los back-lines confirmen que están listos, nos abrazamos en señal de suerte.

Sin introdución previa y a golpe de batería, Luismi arranca el concierto mientras Julio se añade inmediatamente, dando los primeros acordes del concierto para que Joxemi continúe dejando a los vientos (Gari y Txikitín) su fuerza. En unos segundos, Pipi saldrá dando saltos y botes, animando al público para que Pulpul arranque el tema. Ya sólo quedan dos horas de Ska-P, de rock del bueno, de honradez en directo y de mucha fiesta. Arriba y abajo. Desde Vallekas. Desde Orcasitas. Desde San Blas. Desde Villavieja de Lozoya. Desde Bilbao. Desde Pamplona. Todo demoledor. Pin, pan, pin, pan, pin, ¡pan!

Terminamos el concierto con fiesta, como una fanfarria al estilo vasco: con bombos, con platillos, abrazándonos y disfrutando de nuevo. Arriba y abajo. Atrás queda la escenografía potente, a base de luces e imágenes, los performans de Pipi que no dejan de provocar (que si los EEUU, que si la Iglesia, que si se han abolido las asquerosas corridas de toros en Catalunya, que si viva la Revolución Bolivariana). Atrás, alguno de nosotros ha dejado más de dos kilos. Y esperemos que también nuestro mensaje. Que el público sepa lo que somos.

Descanso de rigor en el camerino y saludo al público. Ya sólo falta coordinar a todo el mundo para el viaje al día siguiente a casa. La etiqueta de Vallekas y su música está en todo el mundo.