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Bayona y Naomi Watts se mojan en 'Lo imposible'

Director y actriz ultiman la primera fase del rodaje antes de partir a Tailandia

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El rodaje de Lo imposible parece un vertedero. A lo lejos, y bajo un sol aplastante, colchones, coches destrozados, mesas de plástico rotas, palmeras hechas trizas y mucho mucho escombro, que se acumula alrededor del gran tanque de agua de los estudios Ciudad de la Luz de Alicante. En el interior de la enorme piscina, tintada de marrón como agua turbia, J. A. Bayona, enfundado en un neopreno, da órdenes a Naomi Watts y al niño Tom Holland. Ambos son madre e hijo en Lo imposible. Ambos luchan por sobrevivir al tsunami que mató a 300.000 personas en Tailandia hace ahora seis años, y del que el director de El orfanato ha empezado a rodar un drama desmesurado.

Lo imposible tiene tela. Cinco meses de rodaje entre Alicante y Tailandia, el riesgo de imitar el desastre sin que se vea chufla (Bayona reniega de los paisajes digitales en pos del realismo), un año de posproducción y un largo etcétera de retos. 'Le dije a los productores que íbamos a hacer algo imposible (esa era la palabra que más se repetía durante la investigación). Es una locura', confiesa.

'No creo que este guión se pudiera rodar en EEUU', dice el director

Desde luego, se trata de un salto de gigante para este hombre meticuloso y discreto: de los tres millones de euros de presupuesto de El orfanato a los 30 de su segunda película; de filmar en una casa a hacerlo en el tanque alicantino (el más grande del mundo junto a el de Rosarito de la Fox) y de ahí a Tailandia otros tres meses; de contar con estrellas locales a volcarse en una producción que reúne a Naomi Watts y Ewan McGregor, pero también a Marta Etura.

Eso sí, Bayona se vuelve a rodear de los cómplices que lo acompañaron en su ópera prima, muchos de ellos salidos, como él, de la escuela catalana ESCAC: la directora de producción de El orfanato, Sandra Hermida, el mismo director de fotografía, Óscar Faura, el compositor de la banda sonora, Fernando Velázquez. Incluso se permite un autoguiño: en Lo imposible también estará Geraldine Chaplin.

Tampoco falta el guionista Sergio G. Sánchez, quien para muchos ha escrito un libreto asombroso, pero a escala humana, sin grandes tomas aéreas y sí con mucha emoción. 'Esta no es una película de desastres naturales', asume Bayona. Nada que ver entonces con el cine apocalíptico de Roland Emmerich, sino más bien con una historia de supervivencia al límite contada durante tres días. 'Es un filme sobre la incertidumbre de la vida, sobre cómo puede cambiarte', explica Watts, que lloró 'a la española' al leer el guión.

'Es un filme sobre la incertidumbre de la vida', explica la intérprete

'Buscamos un tono realista, que no sea de fantasía. Es cuestión de responsabilidad con los que pasaron por aquella tragedia', dice. La crudeza, que no morbo, que el cineasta persigue le hace creer que 'este guión jamás se podría haber hecho en Hollywood'.

De vuelta al set y en medio del paisaje árido y silencioso que rodea al tanque, suena una música inquietante, un compedio de ruidos angustiosos que dejan a las cuchilladas de Hitchcock en ligero ridículo. Bayona echa mano de ese recurso para animar la concentración de Watts y Holland en medio del páramo. Para que haya emoción y no pierdan de vista que hay que rozar lo imposible.