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Brasilia, capital de la esperanza

La ciudad brasileña fue construida desde cero e inaugurada en 1960

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¿Cuándo se inaugura una ciudad? La pregunta carece a simple vista de sentido. La primera casa no forma todavía una ciudad y, cuando un conjunto de ellas se constituye como urbe, la fecha de la primera construcción suele estar emborronada entre el pasado. La construcción de Brasilia, sin embargo, derrumbó la vigencia de esa idea, entre otras muchas. Fue inaugurada oficialmente el 21 de abril de 1960, apenas 41 meses después de que el primer ladrillo hubiera sido colocado sobre la nada.

Su invención, sin embargo, movió también otro pilar del sentido común. 'Durante siglos, las ciudades se construían allí donde los hombres decidían detenerse', explicaba uno de los muchos folletos oficiales que por entonces podían leerse entre los andamios de los edificios y las calles a medio asfaltar: 'Hoy, el hombre decide dónde construye'.

La actual capital brasileña se levantó sobre una enorme meseta desértica situada a unos 900 kilómetros al noroeste de Río de Janeiro. Fue el gran proyecto del entonces presidente Juscelino Kubitschek y tuvo la declarada intención de romper la inclinación atlántica de la estructura del país, trasladando la nueva capitalidad al interior del país, alejada de Río y Salvador de Bahía, ambas relacionadas con el poder colonial. Y tenía que ser también la ciudad que proyectara, a través del urbanismo, una nueva concepción igualitaria y justa de la convivencia social. André Malraux, escritor y ministro francés de Cultura, la definió como la 'capital de la esperanza'.

La idea de interiorizar la capital se había recogido en la primera constitución republicana, tan pronto como 1891. Kubitschek resucitó el proyecto en 1955 y convocó un concurso. Después de que un grupo de expertos de una firma norteamericana propusiera al Gobierno cinco puntos geográficos donde era viable el proyecto, el presidente convocó el concurso. Las propuestas fueron numerosas, casi todas detalladas y minuciosas, pero el ganador fue un arquitecto brasileño, Lúcio Costa, que había enviado su opción esbozada en dos postales.
Aunque Costa fue el encargado de dirigir el plan urbanístico, la fundación de Brasilia se asocia casi más al nombre del que ya entonces era el arquitecto brasileño más famoso y que había sido su alumno: Oscar Niemeyer. Este firmó la mayoría de los edificios públicos que se levantan todavía hoy en Brasilia, convertida en centro de los tres poderes de la democracia (legislativo, ejecutivo y judicial). Niemeyer diseñó también su catedral, una obra de hormigón, techo de cristal y 16 columnas.

La ciudad mantuvo la capitalidad del Estado incluso después la caída del gobierno en manos de los militares a partir de 1964. Es la única ciudad del mundo construida en el siglo XX declarada Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad por la Unesco. De los 500.000 habitantes para los que fue proyectada como ciudad perfecta, Brasilia acoge hoy a más de dos millones.