Público
Público

Buenos Aires corrupto por la violencia política

Guillermo Orsi gana el Premio Dashiell Hammett con la novela Ciudad Santa'

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Dice Guillermo Orsi (Buenos Aires, 1946) que escribió Ciudad Santa (Almuzara) con mucho placer... 'y eso lo notan los lectores'. Al jurado del premio Dashiell Hammett de la Semana Negra, también debió convencerles esta historia coral de secuestrados y policías ex torturadores, porque le otorgaron el galardón.

La novela de Orsi es un reflejo de la Argentina que sufrió la crisis económica de finales de los años noventa. El subtítulo es esclarecedor: En Buenos Aires no hay vida para todos. El porteño quería hacer así un pequeño guiño a esta ciudad a la que ama y odia. 'Sucede como con todas las ciudades grandes, que siempre tienes ganas de quedarte y de irte', reconoció a Público.

'Quería hacer una parodia de las crisis internacionales', cuenta el escritor

No obstante, en esta novela (la cuarta del escritor tras Sueños de perro, Buscadores de oro y Nadie ama a un policía) parece haber una ambición por mostrar a esa Argentina agotada y empobrecida en un contexto internacional.

Todo comienza con el secuestro de varios pasajeros de un crucero de lujo en el Mar de la Plata. Son turistas ricos que llegan a Buenos Aires aprovechando la devaluación de la moneda. En la novela, la trama deriva en pura ironía al entrar a negociar las diferentes embajadas de los secuestrados. 'Quería hacer una parodia de las crisis internacionales', afirma el escritor.

Orsi confiesa que llegó a la novela negra 'de a poco'. Su formación literaria no procede del género policíaco, pero su crecimiento como persona sí está muy ligado a la política. 'Yo soy un bicho político. Soy de la generación que quería cambiar el mundo. He escrito desde pequeño y siempre he visto cómo la realidad se contaminaba de violencia. El género negro se fue convirtiendo en la posibilidad de abordar esa realidad de una forma más dulce', explica este escritor.

El autor no cree que la novela negra pueda ser utilizada como un arma

A pesar de su interés por la política y por conseguir que otro mundo sea posible, el escritor no cree que la novela negra pueda ser utilizada como un arma. Para él, no deja de ser 'un hecho estético'. Pero el escritor sí tiene una responsabilidad con la realidad: 'No una responsabilidad adicional. Uno puede escribir lo que quiera cuando quiera y como quiera'.

Guillermo Orsi forma parte de una generación que sufrió dictadura y crisis económica. Ahora llegan los que crecieron al calor del corralito financiero y, según el bonaerense, el recambio es muy bueno porque 'tienen una mirada menos contaminada por el pasado'. Y cita varios nombres, desde Leonardo Oyola a Javier Sinay y Carlos Salem.

La Semana Negra premió ayer también a uno de estos cachorros argentinos. Javier Sinay (Buenos Aires, 1980), quien se llevó el Rodolfo Walsh por su libro de reportajes sobre crímenes sucedidos desde 2001, Sangre joven (Tusquets). Al agradecerlo, Sinay recordó al autor de Operación masacre, desaparecido durante la dictadura: 'Es muy importante para mí ganar un premio con este nombre', recalcó el escritor, quien insistió en que aunque se tratara de casos reales su intención siempre había sido darle al libro 'un espíritu de género negro'.

Sin salir de Latinoamérica, entre el resto de premiados estuvo el cubano Alejandro Hernández (La Habana, 1970), que recibió el Espartaco a la mejor novela histórica por Oro ciego. Con sorna, Hernández advirtió que era la última novela de este género que escribía: 'Cuesta demasiado trabajo', apuntó. Gregorio Casamayor (Cuenca, 1955) se llevó, por su parte, el Silverio Cañada a la mejor primera novela negra por La sopa de Dios (Acantilado), mientras que Juan Miguel Aguilera (Valencia, 1960) recogió el Celsius a la mejor novela de ciencia ficción por La red de Indra (Alamut).

'Hay mucha vida en la novela negra. Ahora parece que está de moda fogueada por las editoriales y las novelas de los nórdicos, pero estos libros demuestran que hay más. Cada escritor es un mundo', argumenta Orsi. Y da una última indicación: en este género, ya no hay que aferrarse a ninguna regla.