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Burbujas de placer

El porno acuático es una rareza cultivada por empresas de EEUU, que distribuyen sus escenas previo registro ‘on line’

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Los experimentos son la base de la ciencia y, en algunos casos, de la propia vocación. Mark Yasenchak empezó a grabar cuerpos bajo el agua en la costa de Florida, allá por los años 80, y del voyeurismo amateur –y un pasaso laboral ligado al cine y la televisión– pasó a dirigir escenas porno. De hecho, hoy es el mayor gurú del subgénero acuático y el único director especializado con una piscina por estudio.

Su portal web dispone de un registro mediante el que los usuarios interesados pueden acceder al cortometraje que prefieran. Y para los que no quieran quedarse con la miel en los labios, también hay un buzón desde el que reservar una copia en formato DVD o VHS.  

Yasenchak tiene tres argumentos para defender su producto: estética, peligro y tabú. “La gracia que tiene un cuerpo en el medio acuático es deslumbrante, se desarrolla en un medio hostil para el ser humano por la ausencia de oxígeno y posee un halo de secretismo”. Mathias Reuss, editor alemán, subraya que la peculiaridad de Yasenchak estriba en ubicar “el acto sexual bajo las condiciones de un hábitat extraño al ser humano”. Un argumento que le ha llevado a publicar Underwater Love (Edition Reuss).

Desde el punto de vista médico, el sexólogo Manuel Lucas Matheu advierte que el único riesgo del sexo acuático está ligado al uso del preservativo, mucho menos eficaz, y al lugar donde se practique. En esto último, Yasenchak tiene experiencia, porque ha rodado algunas escenas en pleno océano, a una profundidad de 60 pies. “Pero las anécdotas más inocuas tienen que ver con las secreciones nasales de algunos actores”. La toma, por divertida que sea, se corta en postproducción para que no aparezca.

Algunos de los fans del sexo acuático se acercan al género atraídos por la excitación que rodea a las prácticas cercanas a la asfixia. Este mito, muy explotado en el mundo oriental, tiene riesgos en el set de rodaje. Las películas de Yasenchak tienen dos modalidades: mediante bombona de oxígeno o buceo a pulmón. Esta última es la más costosa en términos de tiempo, ya que rodar quince minutos de escena puede llevar más de una hora. La producción mensual del director estadounidense crece cada mes con cuatro nuevas escenas con las que actualiza su portal web y la anual lo hace entre cinco y ocho DVD’s de 90 a 120 minutos de duración.

Con todo, lo que Yasenchak lleva peor es no poder dar órdenes a sus actores mientras están rodando. “No hay comunicación en tiempo real; planificamos la escena antes de hacer la inmersión y si tengo que dar instrucciones, espero a subir a la superficie”. Este subgénero del porno ha eclosionado con el lanzamiento de una generación de cámaras preparadas para el medio acuático, lo que fomenta su circulación, hasta ahora tímida, por canales como YouPorn.