Publicado: 05.07.2014 11:27 |Actualizado: 05.07.2014 11:27

"El Estado busca ahora tener un pueblo no emancipado"

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En construcción es un espejo, una lámina en la que el espectador que vaya a ver la obra al Teatro del Barrio, en Madrid, se puede ver reflejado a través de una historia de amor en tiempos de crisis. Con la emigración de fondo y dirigidos por Tristán Ulloa, Carolina Román y Nelson Dante —también autores del texto— encarnan a Sole y a Pablo, una mujer y un hombre inmigrantes que dejan Argentina para irse a una España que "empieza a recortar derechos y dignidad a sus propios ciudadanos, no digamos a los inmigrantes", reza la sinopsis. ¿Cómo se supera una crisis personal en un escenario de crisis económica? 

Últimamente hay muchas obras que tratan el tema de la emigración. ¿Por qué lo han escogido?

Carolina Román: En realidad escribí esta obra hace seis años. Entonces era una cosa que estaba un poco en el aire porque el tema no estaba tan candente, no estaba en la actualidad y por tanto parecía que no interesaba mucho para tenerlo como gancho. Y la espera valió la pena. La obra se fue macerando y después la fuimos escribiendo de nuevo hasta que se convirtió en un espejo, que es lo que es ahora. Y da igual que seamos argentinos, españoles, mexicanos... Nosotros queríamos contar una historia de ida y vuelta, porque somos cuna de emigrantes. Tanto yo como Nelson somos resultado de la emigración europea. Pero la obra, en realidad, es una historia de amor.

Una historia de amor con la emigración como fondo.

Carolina Román: Sí, es el trasfondo de la historia, una historia de encuentro, desencuentro.

Y de cómo la emigración puede afectar a una relación de amor.

Carolina Román: Exacto.

¿Cuánto tiene la obra de experiencia personal? Nelson y usted son argentinos emigrados a España, Tristán nació en Francia y es nieto de exiliados.

Tristán Ulloa: El desarraigo es un sentimiento muy reconocible en la obra, pero no hace falta ser argentino para entenderla. En mi caso, desciendo de exiliados españoles en Francia. Yo sé lo que era estar aquí y que te llamaran francés y estar en Francia y que te llamaran español, eso de no sentirse nunca de ningún sitio. En cuanto al tema de la autobiografía, hemos trabajado unas líneas de argumento muy reconocibles para los tres y nos hemos alimentado de nuestras propias historias y de las historias de allegados. Nuestra forma de vida, y de la gente que conocemos, está en el fondo muy ligada al transatlántico, al ir y venir.

¿Alguien podría adivinar que volveríamos a aquellos años en los que nuestros antepasados emigraron a Argentina, por ejemplo? Ahora la gente vuelve a hacer ese camino y el teatro trata de denunciarlo.

Carolina Román: El motivo del teatro siempre es denunciar cosas, por eso le llaman teatro social. El teatro siempre es social. Yo creo que es porque es un reflejo en el que verse, un lugar en el que podemos contactar emocionalmente con algo que está pasando pero con lo que no nos detenemos a sentir. Sole y Pablo, los protagonistas de esta obra, puedes ser tú mismo volviendo a Argentina. El teatro cumple la función de mostrarnos cómo estamos, de enseñar al espectador la posibilidad de que a lo mejor él también se tiene que ir como lo hicieron sus abuelos.

Tristán Ulloa: La obra es una invitación a la reflexión, en todos los sentidos. El público se refleja en un espejo y se le invita a pensar acerca de lo que se plantea en un determinado momento. La obra tiene diferentes lecturas, en este caso, y puedes quedarte con una o con todas. Habrá gente que salga pensando que es una historia de amor, otros que es una historia social... Lo que tratamos de hacer es no dar respuestas pero sí plantear muchas preguntas. ¿Tú qué piensas? ¿Cómo hemos recibido a los inmigrantes? Y ahora que lo somos, ¿cómo quieres que nos reciban? ¿Qué es ser emigrante? ¿Estar a un lado o al otro del espejo es tan aleatorio? En nuestro caso, que somos españoles, gallegos, nos hemos visto a ambos lados.

¿Trataban en Argentina igual de mal a los que emigraban allí que España con los que vienen?

Carolina Román: No.

Nelson Dante: Yo creo que no. Nosotros hemos crecido con abuelos, tíos, bisabuelos... Todos inmigrantes. Todo el mundo se sentía muy afincado. Argentina en realidad es un país de inmigrantes.

Carolina Román: Legalmente hubo una invitación a poblar el territorio argentino. Las leyes se han hecho para recibir. No sólo eran bienvenidos, sino que además, por ejemplo, te daban una hectárea de tierra para trabajarla, acceso a pensión sanitaria...

Nelson Dante: Hasta hace seis años, es decir, ahora, había una ley en la Constitución que decía que cualquier ser humano, por el simple hecho de ser humano, si pisaba tierra argentina tenía los mismos derechos que los argentinos.

Carolina Román: No había tantas trabas como aquí. Ni de cerca es como lo que a mí me tocó vivir. Mi familia por parte de madre es de Copenhague y yo no pude hacerme la nacionalidad danesa porque expira a una cierta edad si no la pides. Hecha la ley, hecha la trampa. Entonces, o te casas o esperas todos los años de renovación de permiso de trabajo hasta que te concedan la nacionalidad. Es muy duro, porque tocan algo muy visceral para el ser humano, que es el trabajo digno. Cualquier trabajo es digno pero si no te dejan ganar el pan, ser autosuficiente... Eso toca puntos neurálgicos de la vida cotidiana.

Volvamos al teatro. Decíamos que últimamente habían aumentado las obras de teatro más social, también se han creado salas pequeñas... ¿El teatro es ya más compromiso que ocio?

Carolina Román: Parece que sí, ¿no? Por lo que se ve en las carteleras del Teatro del Barrio, la Sala Mirador, el Teatro del Arte, la Sala de York... De repente hay un montón de sitios que pintan para ese lado porque es un momento de mucha represión. Se supone que vivimos en un sistema democrático monárquico —extraño, ¿no?— pero en los medios se refleja la represión: manifestaciones acotadas, represalias potentes en cuanto a poder, por ejemplo con algo tan naif como el tuit de un adolescente al que la Policía visita a su casa. Creo que es un pulso necesario a lo que está ocurriendo y a lo que el inconsciente colectivo siente, porque en realidad los que hacemos teatro no nos conocemos todos, pero todos hacemos lo mismo. Hay una denuncia muy clara y es algo sintomático.

¿Se nota la represión en el teatro?

Carolina Román: Mucha, empezando por el IVA del 21%, la acotación a las subvenciones... Estamos cagados. Esto es una apuesta muy valiente, la obra, porque todo el dinero es nuestro.

¿Es más trabajo o activismo?

Tristán Ulloa: Bueno, hay mucho que decir ahí. Yo creo que está todo un poco mezclado. El teatro no deja de ser un oficio, pero por otro lado es poner el ojo, el acento, donde a lo mejor el espectador medio, la gente de la calle, no había prestado atención. En ese sentido cumple una función social, que es apelar a la conciencia. Hablaba Manolo Rivas de la suspensión de la conciencia como el estado perfecto del Estado. Digamos que lo que busca ahora mismo el Estado es tener un pueblo no emancipado. ¿Cómo se emancipa? Pues teniendo acceso libre a la cultura, al teatro, libros, cine... Y una forma de cercenar ese acceso es gravarlo con impuestos altísimos. Es una forma de censura, la de utilizar instrumentos del Estado para poner bozales y cercenar libertades. A un Gobierno como este le asusta mucho tener un pueblo emancipado.

Siempre terminan la obra, como otras compañías, resaltando el artículo 44 de la Constitución: "Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho". ¿El teatro estuvo igual que ahora en algún momento?

Carolina Román: Con el tiempo se fue haciendo más contestatario. Recuerdo los grupos de teatro de los que se hablaba en la película Noviembre, de Achero Mañas. A partir de ahí fueron surgiendo compañías como Animalario, con por ejemplo La boda de Ana y Alejandro, con un humor muy sarcástico que denunciaba algo concreto. Pero nunca hubo algo tan claro como ahora. Servimos como lupa de historias como la de Samba, que sale en la obra Un trozo invisible de este mundo, de Juan Diego Botto. Y la realidad ahora mismo está repleta de este tipo de historias.

¿Se va más al teatro que antes? Las salas, al menos, se ven llenas.

Tristán Ulloa: Las salas se llenan a pesar de todo. Lo que se hace es repartir el gravamen, y en estas salas lo soportamos más las compañías, para así no espantar a los espectadores. Preferimos la sala llena y perder dinero. Al final nosotros no ganamos nada, ni siquiera llenando. Es más, pierdes dinero. Tienes que pagar a trabajadores, seguridad social... Miras los números y no ganas nada a final de mes. Pero esto es una apuesta más de fondo. Gracias a ello hemos conseguido presentar un espectáculo en el Centro Dramático Nacional. Siempre estamos pensando que hay luz, luz, luz... Pero yo todavía no veo la luz al final del túnel. A pesar del IVA, quienes están achicando agua y haciendo el gran esfuerzo son las compañías, y muchas veces sin éxito.

¿Cuál es la forma de hacer que se llenen y además las compañías puedan vivir de ello?

Tristán Ulloa: Yo siempre he dicho, aunque suene jarrai, que hay que vivir al margen de la legalidad. Una compañía pequeña tiene que tontear con la ilegalidad, porque es superviviencia.

Carolina Román: Es que no se sostiene. Nosotros en cada función respetamos la ley, damos de alta, pagamos sueldos... Yo no he visto un duro y Tristán ha perdido dinero. No es sostenible ahora mismo. Una solución para cualquier compañía sería hacer otra fórmula legal, no sé cuál, pero por ejemplo que no nos hagan daño con el 21%. Si no me das dinero a través de subvenciones, al menos no me lo quites, porque ahora no me das pasta, pero me quitas lo que genero.

Tristán Ulloa: En Francia, cualquier compañía que empieza no paga IVA hasta sus 100 primeras representaciones, creo.

Carolina Román: Y va pagando de poco en poco.

Tristán Ulloa: Primero un 4%, luego un 5%... Y van escalando en función de ingresos y resultados. Aquí directamente una compañía empieza con las mayores barreras habidas y por haber.

Y no les interesa, por ideología, aplicar el mismo modelo.

Carolina Román: Si hubiera interesado, no nos quitarían el dinero. Nos ayudarían. Simplemente con quitar el 21% ya nos ayudas.

¿Hará algo el Gobierno?

Tristán Ulloa: Yo no contaría absolutamente para nada con el Gobierno. Creo que tenemos que contar con nosotros mismos. Si nos toca esperar a que esta gente haga algo, morimos de asco. Toca ponerse las pilas y reinventarse. Incluso cosas que han surgido tan de la necesidad, como el crowdfunding, se terminan legislando. No puedes producir algo sin pasar por los impuestos y el fisco, aunque tú quieras donar de manera altruista. 

Aunque tus amigos te den dinero.

Tristán Ulloa: No puedes. Papá fisco entra siempre. Así se cercenan iniciativas por todas partes. Por eso abocan a irse por los márgenes de la ley.

¿Hay una lucha conjunta en el teatro?

Tristán Ulloa: Yo sí siento que hay objetivos comunes, en cuanto a gremio. Pero en cuanto a compañía cada uno va por 'el sálvese quién pueda'. Cada realidad es distinta. Pero sí hay objetivos comunes y enemigos visibles.

Nelson Dante: En este sentido habría que hablar también de la diferencia entre compañías de teatro y productoras de musicales. Es otro mundo. Y es curioso que desde el público se dice: el teatro vale 15 euros, es caro, pero es que los musicales cuestan 70 euros y están llenos. Es una cosa muy curiosa. Y no sabes cómo encararlo.

Porque buscan más entretenimiento, ¿no?

Tristán Ulloa: Luego pasa otra cosa. Estamos en un país en el que hay desahucios cuando hay casas vacías. Con el teatro es igual. Hay espacios públicos vacíos, abandonados a su suerte, y compañías buscando espacios.

Como compañía tratan de inculcar todos estos aspectos a través de la obra. ¿Sale el público realmente removido?

Nelson Dante: Sí, estamos muy contentos. La devolución de la gente es espectacular. Es verdad que toca más al que ha vivido una historia similar, al emigrado, pero también al resto. Nos hemos encontrado muchas veces a la salida con gente que nos dice: "¡Esa es mi historia!" La gente llora, ríe...

Carolina Román: No es una obra de lágrima, tampoco. Tiene mucho humor. Es parte de la idiosincrasia argentina, del drama siempre sacamos humor. Y emocionalmente remueve, también con el amor, con el qué le pasa a la pareja. ¿Refuerza el irse a otro país? ¿Cómo afecta la crisis al amor?

'En construcción' estará en el Teatro del Barrio (Calle Zurita, 20, Madrid) hasta el próximo 1 de agosto los miércoles, jueves y viernes a las 20.00 horas.