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El Cabanyal de Pekín se echa a temblar

China planea derribar uno de los últimos barrios históricos de la ciudad para construir un parque temático

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Xu Debao ya se ha hecho a la idea de que a los 65 años tendrá que renunciar a uno de sus placeres diarios: subirse al tejado de su casa y contemplar la vista de la Torre de la Campana, uno de los edificios más emblemáticos del viejo Pekín. Xu se enteró por la prensa de que su vivienda es una de las afectadas por el 'plan de restauración' previsto por las autoridades para el barrio de Gulou, en el corazón histórico de la capital china. El proyecto, valorado en unos 510 millones de euros, implicará la demolición de decenas de callejuelas tradicionales de casas bajas con patio interior, conocidas como hutongs, y el desalojo de sus residentes que, como Xu, llevan toda su vida aquí.

El proyecto se extiende por un área de 12,5 hectáreas alrededor de la Torre del Tambor y de la Campana (siglo XIII), que durante la época imperial servían para indicar las horas a la población. Según el diario Beijing News, las autoridades pretenden levantar una especie de parque temático que reproduzca 'la atmósfera real del barrio durante las dinastías Ming y Qing'. El plan también incluye un museo sobre la medición del Tiempo, en el que no faltaran reproducciones de relojes de arena y solares inventados a lo largo de la historia china, y varios centros comerciales.

'Los hutongs son bonitos, pero las condiciones de vida son pésimas'

'Los funcionarios creen que se trata de un buen modelo de desarrollo económico para el barrio. No comprenden el valor incalculable de conservar los edificios históricos', explicó He Shuzhong, fundador del Centro para la Protección del Patrimonio Cultural de Pekín (CHP), una ONG que lucha por la preservación del patrimonio de la capital china. Para He, este tipo de proyectos están al margen de la legalidad, pero son difíciles de detener porque detrás suelen haber políticos corruptos y empresas que invirtieron millones: 'El problema continuará mientras los funcionarios sean valorados en función de su capacidad para generar ingresos económicos a corto plazo'.

Los expertos consideran que el boom inmobiliario de los últimos 20 años provocó la destrucción del 80% de los hutongs de Pekín, aunque fue en los años sesenta cuando Mao Zedong animó a la población a destrozar cualquier reliquia histórica o cultural que simbolizara el imperialismo.

Las autoridades creen que destruir es un buen modelo de desarrollo

El director del CHP defiende que los hutongs de Gulou deberían ser restaurados y no derribados para transformar el barrio 'en otro parque temático'. No es la primera vez que el Gobierno chino lleva a cabo un proyecto de 'restauración' que consiste en derribar un barrio entero para levantar una reproducción artificial sin ningún tipo de rigor histórico.

'Los hutongs son bonitos por fuera, pero en realidad las condiciones de vida son pésimas', explica Xu, que vive con su mujer y sus dos hijos en una casa de 40 metros cuadrados, sin baño ni recogida de basura.

'He vivido aquí casi 60 años. Si nos llevan a las afueras, perderemos todo el contacto con los vecinos y la comodidad de estar cerca de todas partes', dice Wang, vecina de Xu. Las autoridades planean construir nuevas viviendas para los desalojados en Shunyi, un suburbio al este de la ciudad, a unos 30 kilómetros de Gulou.

En lugar de ponerse melancólico, Xu dice estar ilusionado con la idea de marcharse a un apartamento nuevo, mejor equipado, aunque sea en los suburbios. Las familias esperan recibir como mínimo unos 1.000 euros por metro cuadrado. En China, las compensaciones suelen ser el primer motivo de conflicto a la hora de iniciarse los desalojos.

'No hay nada que hacer sin el apoyo y la confianza de los residentes', se lamenta He. El sábado pasado, su ONG convocó una asamblea para informar del proyecto a los vecinos del barrio, pero fue cancelada en el último momento por temor a represalias por parte de las autoridades.