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El 'campo de nabos' de los premios de poesía

Entre 1923 y 2016, el 82% de los galardones públicos con una dotación superior a los 5.000 euros fueron concedidos a hombres y el 17% a mujeres, según denuncia un estudio de la Asociación Genialogías de mujeres poetas.

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Representantes de la Generación del 27 durante la celebración del tricentenario de Góngora organizada por el Ateneo de Sevilla en diciembre de 1927

Es muy probable que lo que les vamos a contar ya lo sepan o, al menos, lo intuyan. No hay que ser un lince para saber que los premios de poesía en nuestro país es un territorio masculino. Las cifras, con esa capacidad que tienen para fijar y evidenciar realidades, no pueden ser más claras: los hombres han ganado el 82% de los 48 premios de poesía convocados entre los años 1923 y 2016 con dotación igual o superior a los 5.000 euros.

Nieves Álvarez: "No queremos que nos regalen los premios, sino que no nos los quiten por ser mujer”

El rastreo corre a cargo de Nieves Álvarez —poeta y vicepresidenta de la Asociación Genialogías—, y ha quedado plasmado en Descubrir lo que se sabe (Estudio de género en 48 premios de poesía). Casi una cincuentena de galardones, 39 de ellos pertenecientes a instituciones públicas y otros nueve a fundaciones públicas o privadas sin ánimo de lucro que evidencian no sólo la baja presencia de mujeres entre las galardonadas, sino también su escasa representación en los jurados de los premios de poesía.

“La mujer tiene que recuperar el canon, tiene que estar ahí, su poesía ha de enseñarse en los libros de texto y en los manuales”, denuncia la autora del informe. En ese sentido, como apunta Álvarez, “el objetivo no es tanto que nos regalen los premios, sino que no nos los quiten por el mero hecho de ser mujer”. Algo difícil de conseguir si los jurados están sobrerrepresentados por hombres de mediana edad. “Existe una ley de igualdad efectiva que viene a decir que en todos los organismos en los que se decide algo que tiene que ver con la cultura, la decisión la toma un jurado paritario. Sobra decir que esto casi nunca se cumple”.

"La mujer tiene que recuperar el canon, su poesía ha de enseñarse en los libros de texto y en los manuales"

Ilegalidades al margen, lo que es evidente es que una voz se pierde por el camino. Tras la preeminencia de ese lirismo masculino, la mirada femenina queda relegada al ostracismo. “No hay más que ir a los institutos, las universidades o los másteres para comprobar que tenemos mujeres perfectamente preparadas. El hecho de que no estén representadas en nuestra poesía es una grave pérdida porque estoy convencida de que tenemos voces muy importantes que todavía no se han podido escuchar”.

Nieves Álvarez aparta por un momento la poesía en este exhaustivo informe y nos ofrece un compendio de datos numéricos desglosados a través quesos y tartas multiformes, porcentajes y gráficos. Un despliegue que deja sin argumentos a aquellos que creen en la justicia poética y, de paso, nos brinda la posibilidad de cuestionar un reinado lírico que está dopado de machismo hasta en sus pequeños detalles. “Para empezar, que dejen ya de llamarnos —como algunos hacen— poetisas. Es claramente peyorativo, se utiliza como un verbo blando refiriéndose a la mujeres que escriben al amor o a las flores del campo, mientras que son ellos los que salvaguardan la poesía con mayúsculas”.

Las olvidadas

Con un ecosistema lírico como el que antecede, la posibilidad de deslumbrar en certámenes y premios se reduce y mucho en especial cuando quien te valora es un crítico hombre conforme a un canon que no te pertenece. Añadan a esto una academia también plagada de hombres y ya casi lo tienen. Han tenido que pasar muchos años para que en nuestro país se reivindique, por ejemplo, la figura de Gloria Fuertes. Conocida como "la poeta de los niños", esta faceta suya eclipsó una aportación muy a tener en cuenta a la poesía de nuestro país sin más apellidos.

Esa simplificación —cuando no estigma— que siempre acompañó a su obra poco a poco se ha ido disipando. Si bien Gloria Fuertes fue en vida objeto de parodias variadas que sojuzgaban su obra sin olvidar al personaje, el tiempo parece haber puesto sus versos en su sitio. Quién sabe si esa “locura controlada” de la que hacía gala no era una vía para sobrellevar el severo dictamen de aquellos que le negaban el reconocimiento.

Y en esa travesía en pro del reconocimiento persisten poetas como Julia Uceda, Francisca Aguirre, Maria Victoria Atencia o Juana Castro, nombres que muy probablemente desconocen pero cuyas obras esconden grandes secretos. Es hora de escarbar en esas obras y airearlas mal que les pese a algunos. En ese sentido, Nieves rememora aquellas infaustas palabras del escritor y poeta José María Pemán: “Dios hace las cosas bien y con orden. ¿Para qué iba a construir con excesivo mecanismo intelectual al alma de un ser destinado, por esencia, a las bellas sinrazones del cariño?”.

“El problema es que sigue habiendo pemanes”, zanja.