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El cártel de las letras

La Feria del Libro de Guadalajara arranca en clave negra

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En un país de ejecuciones diarias, secuestros, policías y políticos corruptos, capos sanguinarios y sicarios que ostentan su condición porque más vale vivir dos años como rey que 20 como buey, muchos narradores han encontrado en la literatura el sentido de una realidad inverosímil. En el último lustro, la violencia y los trasfondos del narcotráfico han saltado de las páginas del periódico a los principales estantes de las librerías. Autores como Elmer Mendoza, Luis Humberto Crosthwaite o Martín Solares, presentes en la Feria del Libro de Guadalajara, inaugurada ayer, se han consagrado por deshilar la madeja de este submundo que salpica todas las estructuras sociales, a través del género negro.

El Zurdo Mendieta, protagonista de las dos últimas narraciones de Mendoza Balas de plata y La prueba del ácido, ambas en Tusquets, es un detective deprimido por el abandono de su mujer que a través de sus investigaciones destapa la manera de operar de los cárteles mexicanos y sus vínculos con el poder. Mendoza, con una larga trayectoria en el género, es el máximo exponente del thriller mexicano al retratar con una claridad impresionante el lenguaje y la estética de esos antihéroes criminales que pueblan su Sinaloa natal. 'El narcotráfico forma parte de la identidad de donde vivo. El reto está en seleccionar las anécdotas que sinteticen tanta violencia y a la vez dejen un testimonio emocionante de lo que está pasando', aclara.

La literatura llega donde la impunidad frena a jueces y periodistas

Y es que en México, la literatura ha conseguido llegar donde no lo hacen los periodistas, paralizados ante la impunidad, el carpetazo a las investigaciones judiciales y el acoso de los narcotraficantes. Para Crosthwaite, quién en su última novela Tijuana: Crimen y olvido (Tusquets, 2010) intenta descifrar la desaparición de una pareja de reporteros a presuntas manos del narcotráfico, 'en una realidad en donde no hay respuestas, la literatura permite presentar algunas'.

Los lectores se han empezado a interesar por esta literatura y las editoriales aprovechan el filón mediático. 'Esta narrativa se ha vuelto una moda, es la insignia que estamos exportando y le puede dar proyección internacional a nuestra literatura, pues da mucho morbo', explica Diego Rabasa, director de Sexto Piso, una editorial mexicana independiente que se abre paso en España.

A la apuesta librera se le suma la aparición de una nueva ola de escritores crecidos en medio de la violencia. Yuri Herrera, Juan Pablo Villalobos, Carlos Velázques o Iris García son algunas de las jóvenes plumas fascinadas por el temor y los estragos de la cultura narco. 'Hablar de lo truculento deja de ser una elección para nuestra generación. Aunque hablemos de otra cosa, irremediablemente la realidad se va a colar en lo que escribimos', alega Herrera, quién está triunfando en España al narrar el narcotráfico de un modo casi fantástico en Trabajos del reino y Señales que precederán al fin del mundo, las dos en Periférica.

Yuri Herrera: 'La realidad se cuela irremediablemente en la escritura'

Para Iris García la violencia se ha vuelto parte de la vida cotidiana y de ahí salen sus personajes borderlines que pueblan los perturbadores cuentos de Ojos que no ven, corazón desierto (Tierra Adentro). 'Lo que más me cuestiono es precisamente cómo es posible que un ser humano pueda ejercer la violencia de ese modo. En la literatura se trata de indagar sobre la condición humana de la manera más honesta, es nuestra sociedad la que está enferma y todos somos corresponsables', argüye esta natural de Acapulco, un destino vacacional convertido ahora en una pesadilla.

Este delirio es el abono del género y de su mercado. Sin embargo está fijación no ha revertido todavía en un éxito masivo de ventas. 'En México nunca hubo tradición de leer novela negra y cuesta venderla', matiza Paola Tinoco, representante de Anagrama y Siruela en México. Rabasa coincide en que la moda del género negro mexicano está aún lejos de ser un best seller. 'Cuando un mexicano logre despuntar realmente en un país mainstream se puede contagiar a otros', espeta esperanzado Rabasa. De momento, los escritores mexicanos van a tener ingredientes para seguir nutriendo sus novelas durante un buen rato.