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Christopher Kinahan

El 'padrino' también tiene sentimientos

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Uno siempre imagina a los jefes mafiosos como hombres sin escrúpulos que únicamente lloran cuando apuñalan una cebolla. Criminales que si tienen que lanzar una indirecta a alguien no se les ocurre idea más discreta que meter una cabeza de caballo ensangrentada en la cama del aludido. Poderosos delincuentes a los que no les tiembla el pulso al dar la orden para dar de baja en el censo de los vivos a todo aquel que dice no cuando ellos quieren oír sí. Claro que, a veces, también flaquean y dejan ver que ellos también tienen su corazoncito. Duro como una piedra, eso sí, pero con aspecto de órgano cardiaco.

Sino, cómo explicar que Christopher Kinahan, Christy, el mafioso irlandés detenido el pasado mayo en Estepona (Málaga) se despidiese siempre de aquellas personas con las que se reunía con un God bless you! (Dios te bendiga). ¿Tal vez porque la mayoría de estos eran de su mismo gremio? Habladurías. Él, en el fondo, siempre ha deseado lo mejor para el prójimo.

Al traficante de armas y drogas le afectó que un hombre se suicidara ante su oficina

Y ello a pesar de que las policías de media Europa tienen catalogado a Kinahan como el mayor traficante de drogas y armas del viejo continente. Negocios que le han hecho embolsarse en los últimos años miles de millones de euros que, el pobre, no ha tenido más remedio que blanquear comprando en la Costa del Sol unas cuantas viviendas de lujo y varios complejos hoteleros en Brasil, entre otras minucias urbanísticas. Y todo ello como máximo capo de la mafia irlandesa, capaz de convocar una velada pugilística en Dublín para recordar a otros jefes mafiosos que aquí no mata nadie sin su visto bueno, que los ajustes de cuentas los carga el diablo y que, además, ponen a la policía detrás de sus talones, que es lo último que quiere un mafioso de postín como él.

Y, sin embargo, un día Christy sorprendió a los policías españoles que seguían sus pasos con un gesto de misericordia. Uno de sus hijos, también implicado en el negocio familiar, lo telefoneó para que esa mañana no fuese a trabajar a la oficina que la organización había montado en un discreto chalet de Estepona y a la que el capo acudía cada jornada con su ordenador portátil como si fuera un disciplinado bróker que tuviera que fichar.

El motivo de la llamada de su vástago era alertarlo de que había visto muchos policías por la zona después de que se encontrase un cadáver en el maletero de un vehículo estacionado en la parte de atrás del edificio. Kinahan escuchó cómo su hijo le aclaraba que el fallecido no era nadie conocido ni, tan siquiera, la víctima de uno de esos ajustes de cuentas que tanto lo incordiaban, sino simplemente un suicida que no había tenido mejor idea para quitarse la vida que meterse en el habitáculo del coche tras conectar con una goma el tubo de escape al interior del mismo.

En ese momento, Christy, el hombre al que no le ha importado hacerse rico traficando con armas y drogas por medio mundo, se hizo de carne y hueso: 'Pobre hombre, dios lo tenga en su gloria. ¿Por qué habrá hecho eso?', preguntó a su vástago visiblemente afectado por la noticia. Lo que no consta es que al final enviase una corona al funeral. Será porque son bastante más caras que las cebollas.