Publicado: 26.08.2014 09:16 |Actualizado: 26.08.2014 09:16

Cien años con Julio en las letras hispanas

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"En literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay sólo temas bien o mal tratados", defendía Julio Cortázar, cuyo legado analizan escritores y académicos convocados en Buenos Aires en el centenario del nacimiento del genial autor argentino.

Nos dejó Bestiario, Final del juego, Todos los fuegos el fuego o Queremos tanto a Glenda son algunos de los títulos más emblemáticos de sus recopilaciones de cuentos, que han supuesto un antes y un después para el género desde su aparición. Pero también dejó tras de sí una novela emblemática como Rayuela usando los finales abiertos de capítulos para implicar al lector y la obra 'Historia de cronopios y famas'. Incluso en la poesía, un género donde no encontró el mismo reconocimiento, aportó textos como 'Pameos y Meopas' o 'Salvo el crepúsculo'.

"Lecturas y relecturas de Julio Cortázar", organizado por el Ministerio argentino de Cultura, reúne a unos 40 escritores, académicos, periodistas y pensadores que debatirán hasta el miércoles sobre la herencia del autor "Rayuela", tanto en la literatura, como en el cine y el teatro. En la cita participan, entre otros, los argentinos Martín Kohan, Oliviero Coelho y el español Agustín Fernández Mallo, que coinciden en subrayar la trascendencia del escritor para la literatura universal y muy especialmente su impacto en las letras latinoamericanas.

"Es el escritor argentino internacional y que de alguna manera exportó un imaginario local", explicaba hoy Coelho durante el debate, mientras que Kohan subrayaba que fue uno de los primeros en "escribir la historia a través de los perdedores". Cortázar fue "un precursor de lo que llamamos hoy día el estudio del mundo a través de los sistemas complejos", resumía a Fernández Mallo, para quien tratar de negar su influencia en la literatura hispana "sería, además de falso, ridículo".

Martín Kohan: "Fue de los primeros en escribir la historia a través de los perdedores"

Exposiciones, conferencias, lecturas y dramatizaciones de sus textos en ciudades de todo el país y hasta un busto que se descubrirá en la Biblioteca Nacional evocan la figura de Cortázar en el aniversario de su nacimiento, el 26 de agosto de 1914, en Bélgica. En Buenos Aires las distintas administraciones, enfrentadas políticamente, compiten en los homenajes a este "flaco" genial, que arrastraba la "r" y que mantuvo una particular relación con la ciudad, donde pasó 6.000 de los 25.372 días de su vida, tal como recuerda el escritor argentino Diego Tomasi en su libro "Cortázar por Buenos Aires, Buenos Aires por Cortázar".

Aunque se instaló en París en 1951, la Reina del Plata le inspiró para buena parte de sus obras, como Los Premios, que fue elaborando en sus asiduas visitas al legendario porteño café London city, que precisamente acaba de reabrir sus puertas tras un año de arreglos para sumarse a la celebración de su centenario. "Yo soy un porteño perfecto y no podría escribir sobre otra cosa. Por otro lado, Buenos Aires está todavía por escribirse", revelaba a la revista El Porteño, en 1983, el año en que visitó por última vez la capital argentina.

En ese viaje, Cortázar se reencontró con viejos amigos, caminó por la emblemática Corrientes, acudió a ver la película "No habrá más penas ni olvido", basada en la novela de Osvaldo Soriano, y fue testigo de las manifestaciones que sacudían la ciudad para reclamar por los desaparecidos durante la sangrienta dictadura militar (1976-1983).

No fue una visita de carácter político, pero Cortázar, activo en sus denuncias contra el régimen militar en foros internacionales, había solicitado una reunión con Raúl Alfonsín, el primer presidente de la recién recuperada democracia argentina. Un encuentro que nunca se dio, para decepción del escritor, y que años después, Margarita Ronco, la secretaria del presidente, justificaba así: "Yo me olvidé de avisarle a Alfonsín del pedido de entrevista (...) Fue culpa mía".

En aquel viaje tuvo tiempo para dejarse entrevistar y fotografiar, entre otros, por Dani Yako que tomaría su última imagen en Buenos Aires, cerca de los viejos almacenes Harrods, en el corazón de la ciudad, con un cigarrillo en la boca, anteojos y la mirada perdida. "Vine a despedirme de mi madre", le dijo Cortázar antes de concluir la sesión de fotos.

Soledad Puértolas: "No es realismo mágico, pero la magia está ahí, en lo cotidiano y al lado del elemento de sorpresa 

"Entonces pensamos que venía a despedirse de su madre enferma, pero cuando murió (meses después) empezamos a estudiar las fotos y a descubrimos que estaba muy delgado y detalles de que estaba enfermo. El se despedía, no solo de su madre, sino de la Argentina. Esa frase nos hizo pensar que sabía que iba a morir", recuerda en declaraciones a Efe.

El 7 de diciembre de 1983, Julio Cortázar regresó a París, donde murió el 12 de febrero de 1984, víctima de leucemia. Antes de abandonar Buenos Aires, ya en el aeropuerto de Ezeiza, concedió la última entrevista: "La Argentina es un lugar donde quiero estar, pero nada es definitivo en mi vida".

"Fue uno de los grandes autores que nos hizo despertar y ver la literatura de otro modo, con una reivindicación muy importante del cuento", explica  la escritora Soledad Puértolas, quien ha resaltado la relación "entre la magia y lo cotidiano" que desprendía la escritura de Cortázar. Y añade: "No es realismo mágico, pero la magia está ahí, en lo cotidiano y al lado del elemento de sorpresa. Se trata de la magia de los misterios de las personas, la confianza en el azar o la esperanza".