Publicado: 19.06.2014 07:00 |Actualizado: 19.06.2014 07:00

Los científicos que demostraron que no existe Dios

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"En el cine de ficción el director es Dios y en el cine documental Dios es el director". Es una frase muy conocida de Alfred Hitchcock, que el legendario montador Walter Murch (Apocalypse Now) envió a Mark Levinson cuando éste iba a comenzar el rodaje de Locos por las partículas. Nunca pensó este director y guionista (antes doctorado en Física de Partículas en la Universidad de Berkeley) que lo que comenzaba como una película sobre el experimento del Gran Colisionador de Hadrones terminaría siendo la gran historia del descubrimiento del Bosson de Higgs, 'la partícula de Dios'. Apasionante, esta historia -que confirma la sentencia de Hitchcock- contiene emoción y suspense en altísimas dosis, a pesar de que todos conozcamos el final. Locos por las partículas es el estreno de 'El documental del mes'.

Con la presencia del propio Murch, un fanático de la ciencia, como responsable del montaje, la película comenzó gracias al encuentro de Levinson con David Kaplan, un destacado físico teórico, miembro del equipo del experimento del Gran Colisionador de Hadrones (un gigantesco acelerador de partículas). "¿Por qué lo estamos haciendo?" se pregunta Kaplan en la presentación del proyecto ante decenas de científicos. "Tenemos dos respuestas. Una es la que explicamos a la gente y la otra es la verdad. La respuesta número uno, que no es mentira, es que estamos reproduciendo las condiciones físicas de los momentos posteriores al Big Bang para ver cómo era el Universo en su inicio. La respuesta número dos es que estamos intentando entender las leyes básicas de la naturaleza".

Poco a poco, a medida que una serie de científicos va explicando nuevos aspectos del experimento y del acelerador de partículas, el espectador va comprendiendo que del resultado de esta prueba depende ni más ni menos que la verdad sobre la esencia del Universo. Y es bastante conmovedor escuchar a un gran físico teórico, un tipo sosegado, con melena y cara de listo, asegurar que esto "es lo más importante que ha pasado en mi vida. El descubrimiento de nuevas partículas fundamentales".

Junto a él se encuentran Fabiola Gianotti, una física experimental, jefa del proyecto ATLAS, una mujer que llegó a lo más alto de la Ciencia desde la Filosofía y la Literatura; Nima Arkani-Hamed, un físico teórico en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, hijo de científicos iraníes que tuvieron que huir a las montañas de Turquía durante la revolución; Savas Dimopoulos, un físico teórico en la Universidad de Stanford, que nació en Estambul, de donde debió huir cuando se agravaron los conflictos con los griegos, y Mónica, una física experimental, estudiante de postdoctorado en el experimento Atlas. Son parte de la élite de los miles de científicos que participaron en este experimento fundamental y los protagonistas de esta historia.

El 29 de marzo de 2010 se realizó el primer intento de colisiones de alta tecnología. La gigantesca máquina envió un haz en una dirección y otro, en la opuesta. Durante un rato circularon en paralelo y en un momento se anuló esa separación y se intentó provocar la colisión. De ésta debían surgir nuevas partículas. El experimento falló.  Pero el equipo volvió a intentarlo meses después y funcionó. Y en agosto de 2011 se hizo un gran anuncio: los datos obtenidos de estas colisiones (ahora sí conseguidas) permitirían detectar el Bosson de Higgs. Ahora bien, si la masa de Higgs era de 140 Gev (gigaelectronvoltios), el asunto se ponía muy serio. La teoría de la Supersimetría (que calcula una masa de 115 Gev) se desmoronaría y habría que aceptar la teoría del caos, el Multiverso (múltiples Universos como el nuestro).

Mark Levinson exprime al máximo la situación. La tensión es altísima, casi insoportable, el trabajo de decenios podría irse al traste, algunos de los físicos teóricos más importantes del planeta se juegan aquí el esfuerzo de toda su vida. Y mucho más, esto podría demostrar lo aleatorio del Universo o la existencia de unas leyes que lo expliquen. Dios o las leyes de la física.

El 3 de julio, ante un grupo de relevantes científicos y con la presencia de Peter Higgs en el auditorio, se anunciaron los resultados. La masa del Bosson de Higgs  es de 125,3 Gev. Peter Higgs llora de emoción. "Para mí, es increíble que haya ocurrido en mi vida". "¡Hemos encontrado el Higgs!" grita entusiasmado Nima Arkani-Hamed. "Me parece que lo tenemos", bromea otro, evidentemente emocionado. "La física funciona", sentencia rotundo y aliviado otro científico.

"Sentí orgullo cuando se anunció el Higgs. Pero sentí orgullo por la humanidad. Que unos seres en un pequeño planeta, con nuestros minúsculos cerebritos, podamos entender tan profundamente qué pasa... ¡Es el poder de la mente humana!" dice Savas Dimopoulos, que unos segundos después se pregunta: "¿Por qué los humanos se dedican a la ciencia? ¿por qué se dedican al arte?", para contestarse inmediatamente: "Las cosas que menos importan para nuestra supervivencia son precisamente las que nos hacen humanos".

"La ciencia y el conocimiento son muy importantes. Igual que la cultura es muy importante. Son necesidades del ser humano", añade Fabiola Gianotti poco antes de que aparezcan los créditos de esta película, una historia que se ha quedado con un final abierto, al fin y al cabo, "la masa de Higgs está en un punto muy incierto para el destino de nuestro Universo".