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El cine ajusta sus cuentas con el golpe

El miércoles, cuando se cumplen 30 años del asalto al Congreso de los Diputados comandado por Antonio Tejero, se estrena en las salas la primera película que recrea las 17 horas y media de secuestro de la joven democracia espa&ntil

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La historia arranca con varios planos cortos de un hombre que se viste. Va cerrando los botones de su uniforme, se ata los cordones de sus zapatos. Llega a la sala de su casa, besa a su mujer en la frente y ella le dice: '¿Va todo bien, papaíto? Sí, responde él. 'Te llamaré luego', añade dubitativo. El teniente coronel Antonio Tejero se pone el tricornio frente al espejo, coge las llaves de su casa y sale.

Lo que prosigue son las 17 horas y media que duró el asalto al Congreso que realizó un grupo de guardias civiles comandados por Tejero el 23 de febrero de 1981. Contada a ritmo de un thriller político que quiere huir de las representaciones televisivas aparecidas en años precedentes, 23-F, dirigida por Chema de la Peña e interpretada por José Tous (Tejero), Francisco Cayo (el rey) y Juan Diego (general Armada), quiere arrimarse a lo que Stephen Frears hizo en La reina: contar a unos cuantos metros de distancia moral los hechos que empezaron a las 18.23 de aquel lunes.

La primera película no televisiva rodada en España sobre el intento golpista del 23-F llega a España justo cuando se cumplen 30 años de que la votación en el Congreso para investir presidente a Calvo Sotelo fuera suspendida por unos tiros y unos gritos bien conocidos.

El próximo miércoles, los diputados que conformaban la Cámara Baja en aquellos años y que siguen en activo acudirán a la premiere de una película que pretende ser el acercamiento más riguroso a la noche que significó 'el final de la Transición y el principio de la democracia', según el productor de la cinta, Ignacio Salazar-Simpson.

Precisamente fue Salazar-Simpson quien hace cosa de cuatro años salió del cine con su madre con una idea fija en la cabeza. El discurso que hacía la reina Isabel II de Inglaterra en la película de Stephen Frears lo había llevado directamente a otro discurso real: aquel que pronunció Juan Carlos I pasadas seis horas del inicio del golpe y que él había visto con sólo 13 años en su casa mientras su familia debatía si escapar a Francia o aguantar. 'El objetivo ha sido el rigor, no dejarnos llevar por las teorías conspiratorias, ni mirar al antes ni al después del golpe, sino centrarnos en las horas del asalto desde el punto de vista de tres personajes: Tejero, que estaba dentro del Congreso, el rey desde la Zarzuela, y el general Armada, que era el enlace entre ambos', apunta el productor.

En efecto, la película se centra en estos tres personajes, aunque aparecen hasta 25 secundarios 'de gran peso político', apunta Chema de la Peña a Público. 'Por ejemplo, las conversaciones que se entablaron en el salón de los relojes del Congreso, donde Tejero encerró a los políticos más peligrosos Felipe González, Gutiérrez Mellado, Alfonso Guerra y Carrillo, entre otros hubieran dado para otra película entera', asume De la Peña. Tuvimos que renunciar a muchas cosas para construir un filme que mantuviera la tensión dramática durante hora y media', reconoce.

Para ello, el director ha abordado a sus personajes como si fueran perfiles de 'una tragedia shakesperiana', dice. 'Lo que me atrapó del guión, escrito por Joaquín Andújar, es el componente shakesperiano de los personajes. Podrían haber sido parte de obras como Ricardo III o Julio César. Decidí renunciar al elemento valleinclanesco para investigar en los conceptos de honor, valentía y traición', asume el director. Con estos materiales, De la Peña construye un thriller político con el que pretende que quien no conozca los hechos, además de informarse, se quede 'pegado a la butaca'. Para Salazar-Simpson, el objetivo primordial es que esta sea la película que los estudiantes vean en los colegios cuando aborden la transición.

El célebre '¡quieto todo el mundo!' que pronunció Tejero al entrar al hemiciclo o ese otro '¡se sienten, coño!', convertido ya en chascarrillo nacional, no son, en momento alguno, santo y seña de la película. Pasan sin echar mano al subrayado. 'Hemos querido pasar por encima del Tejero chirigota e intentar ver la historia a la altura de sus ojos', explica De la Peña. 'Tejero tenía unas convicciones, que no compartimos, pero fue el único que llevó hasta el final lo que pensaba, así que uno de los mayores retos de la película fue retrararlo sin quedarnos en la superficie'. En efecto, si no simpatiza, la película logra humanizar a la bestia que se atrincheró en el Congreso.

Tous ayuda con una actuación que apuesta por la contención y la fidelidad gestual. 'Cuando tuve que entrar con el arma en la mano al Congreso, me paró algo. Luego ya hicimos hasta 30 repeticiones', reconocía a Público en el rodaje.

Pasa también con el general Armada, retratado como un cobarde y un sibilino, y que es para el director el más oscuro de los personajes. 'Lo que afirma en una frase lo niega en la siguiente. Eso le da a la trama mucho juego y es una de las claves de que el 23-F tenga infinitas interpretaciones', explica.

Todo, fruto de una investigación exhaustiva, hecha de lecturas, inmersiones en las imágenes y entrevistas a los testigos directos como el fotógrafo de Efe Manuel Pérez Barriopedro, el periodista de TVE Chus Picatoste y Manuel Fraga Iribarne, entre muchos otros. 'Ha habido una labor de fondo que ha durado dos años y que no está en ninguna de las miniseries televisivas que se han hecho', apunta el productor. 'Ya era hora de que contáramos este episodio de nuestra historia', dice De la Peña.

Como dijo Juan Diego en un descanso del rodaje allá por agosto del año pasado: 'Hay quien piensa que nuestra historia hay que olvidarla pero es un error. Esta es la guinda a la recuperación de la memoria histórica', concluyó.