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La ciudad será verde

La crisis, en positivo. La metrópoli nos determina más de lo que creemos, ahora es el momento de soñar con la solución. El suelo urbano se agota y obliga a los arquitectos a pensar en la urbe del futuro 

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Wall-O vive en un edificio domótico y cuando llega a casa toma una píldora para sentir una emoción. Pasa su iris por el control de identidad del ratón y se conecta en videoconferencia táctil con su pareja, que vive en Hong Kong, recientemente sumergida bajo una burbuja inmaterial. Este fragmento de ciencia ficción bien podría surgir tras un paseo por el espacio Intermediae de Matadero de Madrid, que hasta diciembre alberga un laboratorio, Alter Polis, en el que ocho colectivos se enfrentan a una pregunta: ¿hacia dónde derivarán las grandes ciudades?

Hechos probados como el agotamiento de suelo urbano y la creciente densidad de las metrópolis definen un nuevo contexto de actuación para la arquitectura. Alter Polis aborda este reto desde un punto de vista multidisciplinar: atrás quedó la visión heroica del arquitecto que transforma el mundo a espaldas de éste, atrincherado en su estudio.

La arquitectura del siglo XXI no se entiende sin la aportación de sociólogos, paisajistas, filósofos y diseñadores: deriva de la univocidad a lo participado.

Manifestaciones culturales como el cine y la literatura (Fahrenheit 451, Blade Runner, Ghost in the Shell) han avanzado sus propias hipótesis de estructuración, donde la verticalización de la ciudad se antoja la más inmediata y evidente.

Las ciudades crecerán hacia arriba, pero también hacia abajo. 'La densificación nos obliga a trabajar con el subsuelo', explica María José Pizarro, del estudio Rueda Pizarro. En este sentido la planta integral de residuos creada por Ábalos y Herreros en la localidad barcelonesa de Sant Adrià de Besòs (terminada en 2004) emerge como un proyecto visionario. 'Pensamos que la generación de recursos energéticos tiene que plantearse en el subsuelo', comenta la arquitecta. De materializarse esta tendencia, el paisaje industrial inmortalizado por fotógrafos como Gabriele Basilico y el matrimonio Becher tenderá a ser invisible.

Otro punto de partida se sitúa en la línea de corte del horizonte, hasta ahora ninguneada. 'Las cubiertas de las ciudades están infravaloradas', clama Pizarro. Para ellas, la nueva arquitectura prevé espacios verdes, que podrán 'formar una activa red de espacios públicos', y ya hay quien sugiere la creación de espacios de afinidades.

Este debate se produce en una coyuntura que el arquitecto Enric Batlle (Barcelona, 1956) considera propicia a la reflexión. Su tesis de que la crisis 'traerá un momento de calma en la construcción', rinde tributo a la etimología griega del vocablo, que significa cambio. 'La crisis provoca siempre una reacción, que se producirá tanto a nivel arquitectónico como a nivel económico y social', sugiere Pizarro.

El escritor Alain de Bottom (Zurich, 1969) autor de La arquitectura de la felicidad (Mondadori) señala que el lugar donde habitamos nos determina más de lo que pensamos. 'Nuestras ciudades tienen la capacidad de variar nuestro estado de ánimo. Cuando nos gusta un edificio lo que queremos decir es que nos gusta el modo de vida que sugiere', indica.

Según datos de Naciones Unidas, en 2007 la población urbana mundial superó a la rural. Este hecho, que puede interpretarse como uno de los efectos de la globalización, se traduce en la aceleración del ritmo de vida de millones de personas. 'La ciudad proyecta una promesa de libertad que se opone a la mentalidad cerrada del pueblo', dice de Bottom.

El problema es que algunas ciudades han sustituido esta promesa por la mentalidad que rige a los medios de comunicación, explica el autor, de manera que sus ciudadanos son presionados y se ven obligados a leer los libros adecuados o vestir de acuerdo a las últimas tendencias.

A la hora de lanzar hipótesis para hacer más vivible la metrópoli, De Bottom cree que la respuesta está en la propia Historia. 'Desde el punto de vista arquitectónico deberían parecerse al centro de París; en términos de civismo, a la Atenas clásica; y desde el punto de vista de la calidad de nuestras relaciones con los demás, a los pueblos suizos del siglo XVIII'.

Precisamente, la historia de la arquitectura reciente se ha caracterizado por el paso de un tejido urbano más o menos unificado al énfasis de la genialidad individual, tal y como certificó el sociólogo y crítico de arte John Ruskin (1819-1900).

Las hipótesis lanzadas en Alter Polis huyen de las utopías totalizantes. 'Una ciudad buena es heterodensa y no segregada', opina Ramón Durante. Su equipo de trabajo, N+13, analiza un trozo de tejido urbano prototípico (Pau de Sanchinarro, Los Berrocales, Vallecas, Cañada Real y Lavapiés, en Madrid) para afrontar problemas extrapolables a otros barrios. Una de las conclusiones que avanza su investigación es que 'en los nuevos ensanches muchas de las problemáticas existentes vienen dadas por una importante falta de tejido social y comercio'.

Precisamente este tejido es el motor de la propuesta de estudio FAM, con Pedro Colón a la cabeza. 'La idea es describir la ciudad utópica a través de iniciativas que son reales pero incipientes' y que posibilitan nuevas formas de gestión. Colón se refiere a Telemadre, un modelo de intercambio que conecta a madres desempleadas con gente que quiere comer casero, sin tiempo para cocinar; o asociaciones que plantean un intercambio de servicios profesionales basado en el trueque y no en tarifas económicas.

La aportación de Key Portilla y Ramiro Losada, de Studio Banana, consiste en ofrecer testimonios de gente de a pie sobre las expectativas que genera la ciudad futura, a través de una instalación con cuatro vídeos. Con ello, eluden la propuesta unívoca y cerrada que implica cualquier proyecto arquitectónico.

Pero ¿qué deficiencias padecen nuestras ciudades? A la hora de urbanizar 'hay mucho miedo al error y se copian modelos ensayados, lo cual no implica que sean más exitosos que otros. Es lo que ha pasado con las grandes avenidas de Sanchinarro, más propias de EEUU que de la cultura de calle nuestra', critica Colón.

Alain De Bottom se muestra especialmente sensible a la hora de hablar de la planificación urbana. 'Soy un gran defensor del libre comercio, pero no cuando se trata de arquitectura. Necesitamos una autoridad central que coordine el desarrollo de la ciudad, por ejemplo, dictando la altura y los materiales, de manera que se garantice cierta armonía', subraya. Y ante la hipótesis de que esta ordenación obedezca a intereses económicos ocultos como han evidenciado las presuntas tramas de corrupción en Marbella y en la Ciudad del Golf de Las Navas del Marqués (Ávila) el autor niega con la cabeza, con cierta ingenuidad.

Otros puntos susceptibles de mejoras, según el colectivo N+13, son la movilidad, el carril bici o el urbanismo excesivamente frío de las plazas, sin zonas verdes y con materiales duros. En este sentido, el arquitecto Pedro Colón espera que 'la ciudad avanzace según incorpore el discurso ecológico'.