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Las ciudadanas españolas nacieron hace 75 años

Las mujeres votaron por primera vez en las elecciones legislativas del 19 de noviembre de 1933

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Lejos del pintoresquismo que algunos hombres auguraban ante tal acontecimiento, y de la imagen histérica y dubitativa que ciertos varones tenían de la mujer, las españolas se acercaron a las urnas el 19 de noviembre de 1933 para ejercer, por primera vez en la historia de España, su derecho al voto, recogido, no sin cierta polémica, en la Constitución de diciembre de 1931 de la Segunda República.

Algunos medios de la época recogieron, casi con sorpresa, el 'orden' y la 'resolución' con los que las mujeres ejercieron su derecho al sufragio. Mientras los hombres discutían, ellas callaban y votaban. Con el 'semblante serio, prudentes, graves', con el ánimo sereno y 'conscientes de su papel', a las once de la mañana ya habían votado el doble de mujeres que de hombres. Ellas resultaron ser mucho más madrugadoras, dando de este modo ejemplo al sexo opuesto de la necesidad de cumplir con su deber.

La II República permitió el avance real de la situación de la mujer

El camino se emprendió tarde. La lucha por los derechos de la mujer en España comenzó en el siglo XX. En un país esencialmente agrario y rural, donde la Iglesia extendía sus tentáculos conservadores a todas las capas de la sociedad, el papel de la mujer estaba circunscrito al ámbito de la casa y la familia. Fue en los territorios más industrializados, como Catalunya o el País Vasco, donde primero se dejaron sentir las reivindicaciones de la mujer para participar en la vida pública y conseguir la igualdad de derechos.

Las posibilidades reales de cambio político para las mujeres se presentaron con la proclamación de la II República. El primer paso fue permitir a las mujeres acceder a los escaños de la Cámara de Diputados del Gobierno provisional republicano conformado por Niceto Alcalá-Zamora el 14 de abril de 1931. Las primeras diputadas fueron Clara Campoamor, del Partido Radical; Victoria Kent, del Partido Radical Socialista, y Margarita Nelken, del PSOE.

El voto femenino fue influido por la Iglesia y castigó a la izquierda en 1933

Paradójicamente, fue en el seno de la izquierda donde se produjeron los debates más enconados por la concesión o no del derecho de sufragio a las mujeres. Victoria Kent defendía que era necesario aplazar el sufragio femenino hasta que las mujeres consiguieran emanciparse del yugo que suponía para su libertad la sumisión al marido y la obediencia al confesor. Clara Campoamor, en cambio, elaboró un brillante discurso con el que defendió, el 1 de octubre de 1931, el derecho de la mujer al voto.

El sufragio femenino quedó aprobado como artículo de la nueva Constitución de la República: 'Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes'. Un diputado gritó entonces '¡Viva la República de las mujeres!', a lo que una señora le replicó: '¡Viva la República, que también es de las mujeres!'. Esta disposición se completó con otros artículos que eliminaban la discriminación por sexo en los empleos y cargos públicos, la protección de la maternidad en el trabajo y el divorcio, lo que convirtió a esta Constitución en un verdadero punto de inflexión en el camino hacia la igualdad de derechos para las mujeres.

El 19 de noviembre de 1933 las españolas votaron por primera vez, pero se confirmó la teoría de la parlamentaria Victoria Kent. Ganó la unión de partidos de derechas, la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), dirigida por José María Gil Robles. El voto femenino estuvo muy influido por la Iglesia y castigó a los dirigentes de izquierda que habían apoyado el artículo 26 a favor de un Estado laico.

El derecho al sufragio femenino fue un hito histórico, aunque efímero, porque la Guerra Civil y la dictadura de Franco aniquilaron cualquier demostración democrática hasta 1975.