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El Ciudadano Kane del tebeo

Alan Moore fue el cerebro que ideó Watchmen, el cómic de superhéroes que revolucionó el sector a mediados de los años ochenta

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Los superhéroes no son políticamente neutrales. Ellos toman partido al defender una determinada causa. De hecho, suelen convertirse en el último recurso del sistema para mantener el orden establecido.

Alan Moore, el guionista más brillante de las últimas décadas, planteó en su obra Watchmen una reflexión política sobre el papel desempeñado por seres que, dotados de habilidades sobrehumanas, acaban imponiendo su propia ley. Incluso pueden tomar decisiones traumáticas que afectan a unos impotentes ciudadanos a merced de la buena voluntad de los nuevos semidioses.

Watchmen revolucionó los cómics de superhéroes a mediados de los años ochenta, marcando un antes y un después en este género. La lucidez del guión y la calidad gráfica que aportó Dave Gibbons en el dibujo convirtió a esta obra en una pieza de culto, que más de veinte años después de publicarse sigue vigente.

Uno de los aspectos que atrapan al lector es el carácter crepuscular del cómic. Descubrimos a un grupo de superhéroes maduros, prácticamente retirados, algunos de los cuales corrompieron sus almas llevados por el desenfreno de sus poderes. De hecho, se enfrentan a una última misión: descubrir quién está llevando su selectiva destrucción.

Todo arranca con el asesinato del Comediante, sin duda el superhéroe más abyecto y deleznable, cuyo destino debería haber sido comparecer ante un tribunal por crímenes contra la humanidad.

Uno de los personajes más deslumbrantes de Watchmen es el Doctor Manhattan, alter ego de Jon Osterman, un joven científico que sufrió un accidente experimentando con energía atómica. Su mutación le dotó de unos poderes que escapan al conocimiento humano. La naturaleza del Doctor Manhattan es como la de la energía misma: ni se crea, ni se destruye, sólo se transforma.

Watchmen es al cómic lo que Ciudadano Kane suposo al cine. Es una obra abierta que permite varias lecturas, cuyo valor dentro de la narrativa dibujada lo ha convertido en un clásico revolucionario. Su lectura no sólo es recomendable, resulta casi obligatoria.