Publicado: 28.11.2013 07:00 |Actualizado: 28.11.2013 07:00

La Colección Masaveu, un lujo para la vista y para el bolsillo

El palacio de Cibeles acoge desde este viernes y hasta el 25 de mayo una selección de 63 obras de las 1.500 que atesora la familia asturiana. Lienzos del Bosco, el Greco, Murillo, Zurbarán o Gerung a seis euros la entrada

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A escasos metros del Museo del Prado los amantes del arte podrán contemplar a partir de este viernes y hasta el próximo 25 de mayo una selección de 63 obras dignas de albergar las salas de las mejores pinacotecas del mundo. Piezas de pintores de la talla del Bosco, el Greco, Zurbarán, Murillo, Alonso Cano o Mathis Gerung cuelgan ya de las paredes de CentroCentro, en el palacio de Cibeles, aunque normalmente lo hacen de espaldas al gran público. Forman parte de la colección de más de 1.500 piezas que atesora la familia Masaveu, una de las grandes fortunas de nuestro país y que en nada desmerece a otros coleccionistas de lujo como la casa de Alba, las Koplowitz o la familia Thyssen.

La oportunidad es única, ya que la última vez que parte de la colección se reunió en una muestra conjunta fue en 1989, que albergaron el Museo del Prado y el Museo de Bellas Artes de Asturias. Éste último, precisamente, es el único que cuenta con una muestra permanente de 410 obras de la Colección Masaveu como dación de los impuestos que la Fundación con el mismo nombre debe pagar al Principado.   

La muestra reúne pinturas y esculturas que por su variedad de formatos, heterogeneidad de procedencias y extraordinaria calidad, permite crear un auténtico museo temporal de la imagen entre el Románico y la Ilustración, hasta ahora nunca expuesto. Algunas de las obras no han sido exhibidas desde hace más de una generación y aunque muchas han concurrido a exposiciones temporales, será la primera oportunidad de contemplar reunidas tantas obras y de tal calidad de los fondos de la colección. La muestra abarca un lapso de tiempo que va desde el siglo XII al XIX y pese a que predomina la pintura española, también se pueden contemplar obras de maestros flamencos, de artistas italianos, esculturas y hasta una rara pieza de marfil del Descendimiento, que abre la exposición.

Por tanto, "este pequeño Prado" -como lo ha definido José Tono Martínez, director de CentroCentro Cibeles, es todo un lujo para la vista. Pero también para los bolsillos. Y es que la entrada general costará 6 euros y tan solo se podrá entrar gratis los primeros martes de cada mes en horario de 10 a 14 horas. A medio camino existe una entrada reducida a 4 euros para mayores de 65 años, estudiantes, carnet joven, discapacitados, familias numerosas y desempleados. Y todos los martes la entrada será gratuita para los colegios. La muestra se puede visitar de martes a domingo, de 10 a 20 horas.

Sin contar el precio de la entrada, a los madrileños les costará la exposición 100.000 euros, que es el presupuesto elaborado por CentroCentro para hacer frente a los gastos correspondientes a las partidas que ha asumido (la seguridad, el mantenimiento y la promoción de la exposición). La otra parte de los gastos, el otro 50%, serán asumidos por la Fundación Masaveu. Y a la hora de repartirse los beneficios que pueda generar la exposición, también se hará de manera equitativa.

MATHIS GERUNG. El campamento de Holofernes. 1538 

La exposición se divide entre tres secciones, que transitan en un orden cronológico y a través de los cambios que se producen en los materiales usados, desde la madera y el oro hasta el lienzo. "A la hora de presentar una colección como esta, sin poder exponer todo, había que contar el gusto de una familia que se ha ido perpetuando durante tres generaciones. Con este límite temporal, había que traer los 'highlights' y arroparlos con otras piezas para ofrecer al público de Madrid un discurso múltiple", ha explicado el comisario de la exposición, Ángel Aterido, que ha destacado que le han dado "un solomillo de los gordos para exponer". Pese a los precios, la exposición está pensada para todos los públicos y se ha concebido teniendo en cuenta la accesibilidad. Por eso, los cuadros se encuentran a una altura más baja de lo habitual.

La primera parte recorre desde el Románico al Gótico y muestra como su gran fuerte las tablas valencianas procedentes de retablos. El oro y la madera tanto pintada como esculpida son la base de esta parte, que resalta el arte medieval.  La segunda parte ya se adentra en la introducción de la perspectiva en España con toques flamencos hacia el Renacimiento. Destacan, en esta zona, pinturas centroeuropeas como el Tríptico del Descendimiento de Joos van Cleve, El campamento de Holofernes, de Mathis Gerung o Las tentaciones de San Antonio Abad, de El Bosco. Y reinan, por encima del resto, las dos obras del Greco. La Santa María Magdalena y El Expolio de Cristo, versión reducida y posterior al lienzo que en estos momentos se expone en el Prado.

La tercera y última parte de la exposición consolida "el triunfo del lienzo", ya que el "esmalte desaparece en favor del grafismo pictórico", en palabras de Aterido. Orrente, Cavarozzi, Vicente Carducho y José de Ribera abren paso a la personal obra de Francisco de Zurbarán, quien recoge el violento contraste de luces de los seguidores de Caravaggio. Entre los maestros del barroco destaca un grupo de tres pinturas de Murillo y una selecta representación del arte en la corte de los últimos Austrias.

La edición del catálogo para la colección ha descubierto, incluso, interesantes cambios de atribución, como la Liberación de San Pedro, antes atribuida a Zurbarán y que ahora pasa a encuadrarse al entorno de Bartolomeo Cavarozzi. Algunas obras también regresan a Madrid. Por ejemplo, el San José y el Niño de Alonso Cano estuvo en su día en la iglesia de San Ginés y La Virgen de los desamparados acogiendo a los pobres de Vicente López era contemplada por la reina María Cristina en su finca de Carabanchel. La última sala también alberga obras del artista asturiano Miguel Jacinto Meléndez y la serie de los cinco sentidos del taller de Juan de Arellano.