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El coleccionista sin paredes vacías

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Robert Sterling Clark fue un niño privilegiado, sus padres eran millonarios, que viajó por todo el mundo para desligarse de la presión familiar. A los 22 años se presentó como voluntario en el ejército y fue enviado a China, donde intervino en la Rebelión de los Bóxers (1899-1901) y a su regreso, en vez de volver a casa y a Nueva York, Sterling se estableció en París, que por aquel entonces era una fiesta vanguardista. La capital francesa le ofrecía seguir lejos de la sombra familiar, pero contando con sus recursos, además de emprender un nuevo camino insospechado hasta el momento: su pasión' por el arte.

La Gran Depresión fue para Clark su gran oportunidad como coleccionista

'Clark se puso inmediatamente a la obra para llenar la nueva casa con obras de arte', recuerda James A. Ganz en el catálogo de la exposición al recordar cómo en otoño de 1910 Clark compró un hotel en la rue Cimarosa, en el elegante distrito 16 de París, donde dispuso de una sala con espacio suficiente como para colgar una docena de pinturas. 'Clark lo denominaba su galleria y se convertiría en un espacio expositivo personal para una selección de sus obras favoritas'.

Sus primeros pasos como coleccionista son para la pintura y el dibujo de los maestros antiguos, hasta que entiende que no llegará muy lejos con esos precios: si por Virgen con el niño entronizada de Piero della Francesca paga 170.000 dólares, por su primer Renoir en 1915 (Muchacha haciendo ganchillo) gasta 20.000 dólares. Pero Sterling no debía estar muy seguro del pintor impresionista y condiciona la adquisición exigiendo, por escrito, una garantía de recompra por parte de la galería a idéntico precio que pagó si decidía devolver el lienzo en un plazo de cinco años. Sin embargo, Renoir se convertiría en su pintor favorito, del que llegó a adquirir 35 obras.

Vuelve con su esposa a Nueva York en 1920 y compra un lujoso piso de 18 habitaciones, en el número 300 de Park Avenue, donde hoy se encuentra el Hotel Waldorf-Astoria. 'Ahora que ya tenía una casa que amueblar en la ciudad de Nueva York, Clark reanudó sus actividades como coleccionista', comenta abiertamente James A. Ganz. La pasión por decorar sus casas le llevó a la pintura.

Además, la depresión mundial tras el hundimiento de la bolsa en EEUU en 1929 'no limitó gran cosa los pasatiempos de Clark, ni el ámbito del coleccionismo ni la cría de caballos'. Es más, Ganz afirma que 'la Depresión se convirtió para Clark en la gran oportunidad de su vida como coleccionista', porque aprovechó la caída de los precios como resultado de la crisis y aumentó de manera espectacular el ritmo de sus adquisiciones. Fue en este momento cuando Clark cultiva su pasión por Renoir de manera desenfrenada: entre 1930 y 1940 adquirió nada menos que 20 pinturas del artista.

En 1939 escribe Clark: '¡¡¡¡Qué gran maestro!!!! Quizá el más grande que haya existido nunca, sin duda entre los diez o doce primeros. () Como colorista no lo ha superado nadie'. Su desmedida entrega por el arte de Renoir le llevó a comprar del pintor de las décadas de 1870 y 1880, el Renoir más joven. 'No le interesaba la obra tardía y se refirió en una ocasión despectivamente a ella como el maldito Renoir asalchichado del período tardío''.

Clark no se hizo con la mayor colección de lienzos de Renoir Barnes poesía 181 ni con la obra más importante le corresponde a Duncan Phillips, que adquirió en 1923 El almuerzo de los remeros (de 1881), pero, según cuenta Ganz, 'su visión sumamente personal para la pintura, así como la confianza que tenía en su propio criterio, lo convirtieron en uno de los mayores coleccionistas privados de impresionismo francés'.