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Colomo: "Picasso fue un muerto de hambre y casi un terrorista"

El cineasta estrena 'La banda Picasso', la historia real del robo de 'La Gioconda', del que fueron sospechosos el pintor malagueño y sus colegas de juventud

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Pablo Picasso, Guillaume Apollinaire, Manolo Hugué, Max Jacob, George Braque y dos cuadros -La Gioconda y Las señoritas de Avignon- son los protagonistas de la nueva película de Fernando Colomo, La banda Picasso, retrato de una amistad en el París de principios del siglo XX y crónica de la investigación de un robo. Con Ignacio Mateos y Pierre Bénézit en los papeles principales, la película cuenta una historia real, la de la desaparición de la obra de Leonardo da Vinci del Museo del Louvre y el posterior trabajo de la policía francesa, que consideró sospechosos al artista malagueño y sus amigos.

Es la película número veinte del cineasta, que lleva ya varias décadas detrás de las cámaras y que, como anuncia en esta entrevista, prepara ya su siguiente reto: el rodaje de Adictos, una película sobre la situación de hoy que protagonizará él mismo. 'Ahora todos somos adictos a algo, a las drogas, a la tele, al ordenador, a llorar, a la telebasura, a todas las mierdas que tenemos hoy. Nos han ido dando cosas hasta hacernos dependientes'.

Colomo, que además de cineasta es pintor, reflexiona en La banda Picasso sobre la genialidad del artista, del que no deja un retrato humano muy positivo y al que, a pesar de destacar en el título, convierte en antagonista del personaje que de verdad le cautivó, Guillaume Apollinaire, 'un chico gordo que no ligaba, pero que humanamente era 10.000 veces más interesante que Picasso'.

La banda Picasso cuenta una historia real, sorprendente, ¿cómo es posible que apenas se conociera?

Sí, es increíble. Yo lo leí hace tiempo y tampoco le di mayor importancia, pero en una relectura pensé: '¡Esto es un peliculón!' Estaba ya hasta el título, La banda Picasso. La primera alusión aparece en la obra de Fernande Olivier Picasso y sus amigos. Pero Picasso intentó retrasarlo, que no apareciera y hay muchas cosas que ella misma tergiversa. Para la película he tenido que contrastar ideas y testimonios aparecidos en libros de diferentes escritores. Hay algunas cosas que no cuadran.

¿Y esos huecos los ha rellenado usted?

Sí. He puesto mi versión. He tenido que rellenar muchísimo y esa ha sido la mayor dificultad. Los hechos suceden en fechas determinadas y si las respetaba iba a hacer un biopic, y no era eso lo que quería. Escribí cinco guiones, los aparté y empecé de nuevas. Pero la película está toda basada en cosas que son verdad.

¿Cuáles son de su cosecha?

Por ejemplo, al principio cuando Manolo Hugué le roba la cartera a Leo Stein. Eso podría haber sido cierto, desde luego, porque Hugué había robado ya muchas carteras en Barcelona. Quiero decir que no hay contradicción con el personaje. O, por ejemplo, cuando Picasso y Fernande Olivier acogen en su casa a Max Jacob, que estaba enfermo.  Eso sí ocurrió, pero un año antes.

Al tratar con personajes reales, ¿le han condicionado sus filias y fobias?

Hacer esta película y estudiar todavía más a Picasso me ha hecho peor persona. No se fiaba de nadie, él siempre tenía que ser el primero... En los primeros guiones le atacaba más, al final lo que intenté es que le atacara el espectador. A mí el que me cautivó fue Apollinaire, mis simpatías están con él. Humanamente era 10.000 veces más interesante que Picasso. De hecho, Picasso es el antagonista en la película. En aquella época todos trabajaban para Picasso, pero cuando ya conseguía algo... Apollinaire, que en Francia se estudia en las escuelas, no es muy conocido en España pero es muy importante. Humanamente es apasionante. Yo creo que era un chico gordo que no ligaba y que tenía una madre dominantona.

La historia le podía haber inspirado un thriller o un drama, ¿por qué una comedia?

La verdad es que intentaba que no fuera comedia porque la historia va de una tragedia o, sí, un thriller... Me aislé varias veces en Almería a escribir, incluso me llevé las películas de Bergman, pero luego cuando me ponía con la historia pensaba: '¿Cómo me voy a poner serio si estos personajes eran unos gamberros?'. Hay momentos que eran de comedia, como cuando quisieron tirar las estatuas robadas al Sena y se pusieron paranoicos pensando que les seguían... La primera parte es más comedia, luego hay más mala uva, cierto dolor...

Que tiene que ver con la forma de ser de Picasso...

Claro. Con la película no he querido hacer la vida de unos santos, quería mostrarles antes de ser famosos, como seres reales. Toda la película gira alrededor de la decisión que tiene que tomar Picasso entre la amistad o el arte. Eligió el arte. Y eso condicionó toda su vida, se convirtió en un gran artista, pero sin amigos.

¿Amistad o arte?

Para mí es más importante la vida que el talento, la genialidad o el arte. Agradezco a Picasso los estímulos que me ha dado, pero me hubiera gustado más si hubiera sido más humano. Y creo que fue un hombre desgraciado en su vida.

¿Por eso se detiene tanto en la historia de amistad?

Quería enseñar esa cosa de amistad en la juventud, cuando das la vida por un amigo, cuando te emborrachas con él... Eso que pasa en la vida antes de los treinta y que cambia cuando te haces adulto. También quería mostrar las rivalidades en el mundo del arte, los piques.

De esos habrá sufrido usted algunos en el cine, ¿no?

Sí, he tenido experiencias similares varias veces. De joven están en algún grupo donde parece que todo da igual y luego hay cuchilladas.


 

¿En su juventud Picasso y sus colegas eran tan gamberros como usted los retrata?

Eran unos muertos de hambre y al mismo tiempo eran prácticamente terroristas. Picasso tenía un revólver en esos años. Vivían al margen de la sociedad. Era una gente que quería romper con la burguesía francesa, a la que despreciaban. Pero sabían que iba a haber un cambio en el arte y ellos lo llevaron a cabo.

Ahora parece que también hay necesidad de cambio, no solo en el arte.

Sí, de acuerdo al 100%. Hay que cambiar o nos vamos a la mierda, no podemos seguir como hasta ahora.

Sin armas, claro, pero ese espíritu de pelea y el entusiasmo por el arte de aquel grupo de artistas ¿podrían servir de ejemplo a la gente que empieza ahora, por ejemplo, en el cine?

Claro, claro. Además, hoy el cine tiene la ventaja de que tecnológicamente puedes hacer un largometraje con presupuesto cero. Lo que pasa es que aquí nos hemos acostumbrado a que te lo den todo hecho... y la sorpresa es que los jóvenes ruedan con muchísimos medios. Cuando vas por la calle y ves muchos focos, una grúa... es que están rodando un corto.

Usted, empezó más como Picasso y sus amigos...

Sí, en La línea del cielo, en Nueva York, Antonio Resines se pagaba su habitación de hotel y la compartía con Ángel Luis Fernández, el director de fotografía. Fue una película muy barata, costó 20 millones de pesetas y seis los gastamos en Estados Unidos en alquiler de cámaras... Hicimos una cooperativa. Luego en España entró algo de dinero de un crédito. Pero en Nueva York las pasamos canutas, pero ¡de pasar hambre! Es la película que más me gusta, por eso hablo siempre de ella.

¿Cuál es la que le gusta menos?

A los dieciséis años empecé a pensar en hacer cine. En la primera etapa hay películas que me gustan, sobre todo La mano negra. Pero sí, hay una de la que me arrepiento, Estoy en crisis, fue un encargo y desgraciadamente fue bien. Si hubiera ido mal me hubiera dado la razón. Hasta ahora, mis mejores películas eran las impares, hasta ésta, que es la 20 y cambia la cosa.

Desde los dieciséis son ya cincuenta años, ¿qué ha dejado atrás? ¿Qué no le interesa ahora?, ¿Qué balance hace de su filmografía?

Entonces éramos ocho o diez haciendo películas con intención artística. Yo hacía películas personales sin ninguna intención de negocio. He dejado atrás cosas ya sabidas, como la frescura, la espontaneidad, la improvisación... que entonces eran novedad y hoy son normales, porque las televisiones han cogido mucho de eso. Ya no me interesan, no me atraen. Ahora busco retos nuevos, tengo ganas de complicarme la vida.

¿Y cómo se la va a complicar después de esta película?

Voy a rodar una película muy personal y voy a ser el protagonista. Se llamará Adictos y es sobre la situación actual. Ahora todos somos adictos a algo, a las drogas, a la tele, al ordenador, a llorar, a la telebasura, a todas las mierdas que tenemos hoy. Nos han ido dando cosas hasta hacernos dependientes.

¿Y por qué quiere protagonizarla?

Me da la sensación de que va a ser mejor. Además, tengo un problema con mis álter ego, se me han hecho mayores y gordos y no me quiero buscar un guapo. Y porque llega un momento en que buscas peligros. Voy a contratar a Carmen Maura para el papel principal, aunque ella no lo sabe todavía, y a lo mejor entre La banda Picasso y Adictos ruedo otra.