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Concierto en Leganés, colegas, gente del barrio, público entregado y rápida retirada con Rosendo

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Mi último concierto fue en Leganés. A 15 minutos de mi casa. Viajamos en furgoneta. Me he pasado la mitad de mi vida en una. Me gusta, tiene algo de romántico, pero ya no es como antes. Ahora se hace más pesado aunque solemos pasarlo bien. Veníamos de Narón, en A Coruña, donde dimos un concierto casi improvisado, porque nos dijeron que teníamos que ir un día antes. En un viaje tan largo se hace de todo: escuchamos música, hablamos, discutimos y hacemos paradas para tomarnos nuestras cervezas.

Cuando llegamos a Madrid fuimos directamente al teatro a probar sonido. Era muy tarde, así que fue llegar, probar y tocar. Vivo muy cerca, pero no me merecía la pena ir. Normalmente, con más tiempo, lo que hago es irme al hotel a dormir, ducharme y tomarme algo... ¡Pero muy tranquilo! Ya no es lo que era: antes solía aprovechar ese rato para hacer el cabra.

'A pesar de lo que muchos puedan creer, nunca me he tenido por un rockero duro. Cuando era más joven sí tenía más energía y ahora'

En Leganés me reciben siempre muy bien. Es casi mi barrio, así que al concierto fueron muchos colegas, los del barrio, la gente del foro... Me siento afortunado porque en todas partes me reciben bien. Hay sitios en donde la gente es más fría, zonas donde se tiene otro carácter y se nota. La respuesta al terminar una canción no es tan aparatosa como en Madrid, y te preguntas: '¿Pero qué coño les pasa?'. Y cuando acaba el concierto y te piden: 'Otra, otra, otra', dices: 'Hostia, ¡si creía que no les estaba gustando!'. Pero bueno, después de tantos años, de haber tocado tantas veces y tantos sitios, sabes lo que hay.

A pesar de que aquí está mi gente, no me pongo a lanzar mensajes así porque sí. Soy de los sosos, que no sé muy bien lo que decir entre canción y canción. Todo va muy deprisa, e intento que no haya nada extra que distraiga mi atención ni la de la gente. Mis conciertos son rock&roll, y eso es lo que quiere el público. Y yo se lo doy. Ese día fue más fácil todavía. La gente se excita enseguida y, claro, ya el ambiente calienta. A pesar de lo que muchos puedan creer, nunca me he tenido por un rockero duro. Cuando era más joven sí tenía más energía y ahora Bueno, es una sensación rara: cuando voy a tocar no me siento ni mayor, ni pequeño, ni cansado, ni nada. Salgo a tocar y salgo a tocar, es una cosa que tengo que hacer y es así. La gente grita, tú te transformas y se te olvida todo. Sobre un escenario (aunque en Leganés me quieran especialmente) siempre se está al límite. Influye mucho, por ejemplo, el escucharse o no escucharse: si no te escuchas, la voz se te cansa más, y terminas cantando peleando y forzando. Pero estos son los gajes del oficio del músico.

Cuando acaba el concierto salgo corriendo. Estaba cansado después de la paliza en la furgoneta y no estaba en condiciones de recibir a nadie. Además, como sabía que estaban los colegas, me fui embalado a mi casa como un cobarde. Pero sí que me gusta quedarme un rato en el camerino, tomarme algo y recibir a la gente que viene. Luego a dormir. Hace muchos años que no me escaqueo por ahí. Pero vamos, que he hecho el gamba como todo el mundo. Quizá yo un poco más que todo el mundo.