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El confesor de las estrellas

El veterano periodista Robert Hilburn cuenta en un libro cómo se convirtió en confidente de Lennon, Bono y Springsteen

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Corría el mes de marzo de 1981 cuando Bono se sentó a la mesa de un típico restaurante americano en Burbank. Frente a él, el periodista de Los Angeles Times Robert Hilburn encendió una vieja grabadora. Su intención era hacerle una entrevista al líder de U2, pero para su sorpresa el que acabó siendo entrevistado fue él. Cuando el joven cantante irlandés se enteró de que Hilburn había compartido noches de juerga con Phil Spector, que John Lennon le llamaba para ir a cenar cada vez que visitaba Los Ángeles o que fue de los pocos periodistas en tener trato directo con Elvis Presley, le ametralló a preguntas sobre sus ídolos. 'Bob Hilburn es demasiado modesto para hablar mucho de sí mismo. Como yo no sufro de ese problema, he llegado a conocerlo íntimamente, obligándolo a contestar algunas de mis preguntas a cambio de mis respuestas a las suyas', escribe el propio Bono en el prólogo de Desayuno con John Lennon (Turner), el libro donde Hilburn descubre anécdotas íntimas de las estrellas del rock.

Que estos mitos de la canción se abrieran de forma confiada a un periodista responde a la cuidadosa estrategia de Hilburn, cuya actitud ante ellos estaba a medio camino entre el profesional y el fan. 'Mi prioridad era que confiaran en mí. Algunos periodistas ponen demasiado de ellos mismos en la noticia, mientras que otros intentan mostrar al artista con la imagen que se tiene de él. Mi objetivo fue siempre presentar al artista tal y como era de la manera más precisa posible. De esta forma, se sentían cómodos y seguros hablando conmigo', explica a Público Robert Hilburn.

El periodista sacrificó una escritura crítica y de combate por una escucha transparente que no ponía en tela de juicio el discurso del artista o al menos no lo destruía. Poco a poco, se iba ganando la confianza de los músicos y sus controladores managers. Los primeros le veían como un periodista musical inofensivo y los segundos como la llave que les abría las puertas de Los Angeles Times, uno de los periódicos con mayor tirada del mundo. 'Los artistas confiaban en mí porque les trataba como músicos, no como famosos. Yo estaba interesado en su música, sus objetivos, sus procesos creativos. Puede sonar simple, pero otros periódicos buscaban otro tipo de contenidos que cambiaban el tono de las noticias', recuerda Hilburn.

Entrevista a entrevista, artistas como John Lennon, Phil Spector y Bruce Springsteen dejaron caer sus defensas hasta convertir a Hilburn en una especie de confesor al que le contaban sus problemas. 'Casi todos los grandes artistas que he conocido son gente profundamente vulnerable y me sentía afortunado cuando se abrían de esa forma durante las entrevistas', cuenta.

O fuera de ellas. John Lennon le llamó para salir a cenar en una visita a Los Ángeles en 1973. La velada terminó a altas horas de la madrugada en la habitación del hotel del beatle, donde este le contó que Yoko Ono le había pedido que dejaran de verse, que había tenido impulsos suicidas y que no era distinto de los millones de personas que se entregan al alcohol porque 'no quería ni ver ni sentir nada'. Lennon era muy consciente del riesgo del tipo de vida en el que se había embarcado: 'Hay señales de peligro por todas partes, pero todos nosotros, los que estamos en el mundo del rock, seguimos comportándonos como si fuéramos indestructibles'.

En La vida es bella, Roberto Begnini convierte un campo de concentración en un patio de recreo para su hijo pequeño. Leer Desayuno con John Lennon produce un efecto parecido, con un Robert Hilburn sumergiéndose en un mundo egoísta, vicioso y en ocasiones violento con una mirada tierna e incluso compasiva. Es el caso de sus visitas a la mansión de Phil Spector, que empezaban al caer la tarde con ellos dos solos hablando de música y terminaban a altas horas de la madrugada con el legendario productor borracho y amenazando con un revólver a una de sus amigas, a la que había llamado de madrugada, para impedir que se fuera a su casa. 'A pesar de su comportamiento excéntrico, nadie resultó herido nunca, por lo que me sorprendió mucho que arrestaran a Phil, en 2003, acusado de asesinar a la actriz Lana Clarkson en su mansión', escribe con inocencia el autor.

Hilburn era un periodista realmente influyente. Eran muchos los músicos que le decían que tras una buena crítica en el periódico, su concierto se había llenado en el último momento. Llegó un momento en que las discográficas creyeron que Hilburn tenía la capacidad de crear estrellas (además de confesarlas).

Y aunque tuvo mucha responsabilidad en el meteórico ascenso de Elton John en Estados Unidos, sus alabanzas al primer álbum del cantautor country John Prine no se vieron reflejadas en las listas de ventas y el artista terminó siendo considerado por las multinacionales como un artista de culto. 'El poder de los críticos musicales ha disminuido mucho con los años, ya que normalmente están interesados en la calidad, la originalidad y la profundidad, y no sé si a los aficionados al pop hoy en día les interesan esas cualidades. Ahora parece que el único interés es a quién vas a votar en American Idol', responde el periodista.

Hilburn no sólo confesaba a los artistas, sino que les daba su ración de penitencia. Y casi siempre lo hacía a través de sus artículos. En 1992, Bruce Springsteen regresó con dos álbumes tras varios años de inactividad. En los conciertos, dedicaba la mitad del repertorio a canciones nuevas y la otra mitad a sus clásicos, que evidentemente eran mejor recibidos por sus fans.

En su crónica de uno de los conciertos de New Jersey, Hilburn censuró a Springsteen, que precisamente siempre había criticado a los artistas que no defienden el material nuevo y viven de tocar sus éxitos. Semanas después, en California, Springsteen había modificado el repertorio. 'No vi a Bruce en Los Ángeles personalmente, pero supuse que mi crítica lo había movido a cambiar el enfoque del concierto. Por lo visto, un montón de fans defraudados pensaron lo mismo', escribe en Desayuno con John Lennon.

Durante 35 años, fueron muchos los músicos que pasaron por su confesionario: Public Enemy, Kurt Cobain, Courtney Love, Thom Yorke, Bright Eyes, The White Stripes, Arcade Fire... Ahora, Hilburn se dedica a mantener una página web propia (www.roberthilburnonline.com) y a escribir libros. Como el rock, el periodista ha ido perdiendo visibilidad. 'El rock ya no tiene el impacto social de antaño', se lamenta, 'y una de las razones es que los artistas han perdido ambición. Parecen contentos con pequeñas audiencias. Además, el público ya no busca respuestas en el rock, como hizo en su día'. Hilburn vivió una edad de oro, la del rock, que ya no volverá a repetirse (al menos, de la misma manera).

35 años escribiendo sobre las estrellas

Robert Hilburn (1939) fue el crítico de música pop y rock de ‘Los Angeles Times' entre 1970 y 2005. Su primer gran reportaje fue la cobertura del concierto de Johnny Cash en la prisión de Folsom. Hilburn fue el único periodista en presenciarlo.

Un viaje rock alrededor del mundo

Como periodista de ‘Los Angeles Times', viajó por todo el mundo siguiendo a los grandes del rock. Presenció el concierto de Elton John en la Unión Soviética, el de Paul Simon en Zimbabue, el de Bob Dylan en Israel y pasó una semana en la carretera con los Sex Pistols en su gira por EEUU.

Miembro del comité de elección del Hall of Fame

Hilburn es una de las personas que deciden qué artista entra cada año en el Salón de la Fama del Rock. Es probable que él fuera uno de los firmes defensores de que Grandmaster Flash ingresara en él, ya que Hilburn fue un gran impulsor del hip hop.