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"Corremos el riesgo de querer hacer películas americanas en pequeño"

Dos productores analizan la caída del 37% en la recaudación internacional del cine español

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La cita es en un restaurante de Madrid, y el tema, una de las asignaturas pendientes del cine español: venderse fuera. Esta semana se desveló que la recaudación del cine español lejos de nuestras fronteras había descendido en 2010 un 37% respecto a 2009. Aquel que fue una excepción, a ojos del productor Gonzalo Salazar-Simpson, presidente de la Asociación Estatal de Cine, y de Ignacio Pérez Dolset, productor y artífice de Planet 51. Esta película fue el gran éxito internacional de 2009, tras cosechar 50 millones de euros fuera de España. Pero antes de meterse en materia, los dos interlocutores tienen algo pendiente. 'Fuimos juntos a parvulitos', recuerda Pérez Dolset a Salazar-Simpson. 'Tú fuiste al Sek el Castillo, ¿no? Y tenías un proyector en casa', insiste Dolset. Salazar-Simpson se ríe. Recuerda poca cosa, sólo lo mala que era la ruta del autobús hasta el cole.

Público: Hablemos del cine español fuera de sus fronteras. ¿Qué le ocurre?

Gonzalo Salazar -Simpson: Hay que meterse en la cabeza que las películas deben nacer de manera internacional. Es el caso de Planet 51, que nació con un diseño y un plan de explotación mundial. Se produjeron 152 películas en España el año pasado. En realidad hablo de 25-30 películas al año, que deben ser confeccionadas con la intención de llegar a la mayor cantidad de público dentro y fuera de España. Luego se suman documentales, películas de especial interés cultural, etc. Hasta ahora los planes de financiación era posible cerrarlos en España, no teníamos la necesidad imperiosa de contar con el extranjero, pero ahora para terminar una película necesitas contar con el agente de ventas internacional desde el principio, desde el tramo de diseño de producción y de guión. Si no, no se saca adelante una película de envergadura. Y eso repercutirá en el tipo de película, porque influye en el casting, en la temática y el enfoque. El cine de género es el modelo.

Ignacio Pérez Dolset: Suena a topicazo, pero el cine es una industria. A mí me gusta más la literatura que el cine y en ella se puede escribir lo que te dé la gana. Pero en el cine, desde el momento en que hay millones de por medio, se habla de industria y hay cosas a tener en cuenta. Además, guste o no, un cine como el de Sidney Lumet, intelectual y de calidad, que era comercial en la década de los setenta y los ochenta, se ha acabado. Es la era de Transformers. Y lo lamento.

Público: Analicemos el dato del 37% de descenso en la recaudación del cine español fuera de España.

G. S-S.: No sé si es tan importante la caída de 2010, como el aumento de 2009 debido a Planet 51, que fue la verdadera excepción.

I. P. D.: En 2009 había euforia por una taquilla que fue muy buena. Me acuerdo que en Moncloa, cuando nos hicimos la foto con Zapatero, comentábamos si el año siguiente, en 2010, iba a estar todo el mundo tan contento de hacerse otra vez la foto. Lo que no es normal es que se estrenen las dos películas más ambiciosas de la historia del cine español, Planet 51 y Ágora, en un mismo año. Ésa es la excepción. No es que 2010 haya sido malo. Es que 2009 se salió de la tónica habitual. Y luego volvemos a lo que nos corresponde como industria. Debemos cambiar de modelo. Rafa Nadal es un tenista que normalmente gana y hay otros tenistas que normalmente pierden. Pero un día suena la flauta y ganan un Grand Slam. Nosotros somos de esos como industria. O cambiamos, o somos tíos de ganar una vez.

G. S-S. : El tenis es una buena comparación. ¿Tenemos en España a diez tíos que ganen siempre? No, tenemos a uno que es Nadal. Nuestros nadales han sido Planet 51, Ágora, Los Otros, Celda 211 Siempre hay alguno. Somos una cinematografía pequeña.

Público: Pero, como dice el informe de 2010 sobre el cine español en el exterior, somos el segundo país que más películas produce de Europa, sólo por detrás de Francia.

G. S-S. : Ojo, porque las cifras de cantidad de películas no son tan significativas. Al final en las cinematografías relativamente pequeñas como la nuestra, como Italia o Francia, siempre hay una o dos películas que distorsionan las cifras. China, India y EEUU tienen mercados locales gigantescos. El nuestro es muy pequeño. Lo que nos pasa no es bueno, pero tampoco es raro.

Público: ¿Y Francia es el modelo?

G. S- S.: El modelo francés, y ahí estoy de acuerdo con Trueba, empieza en los colegios. Para seguirlo tienes que ser francés, tienes que estar orgulloso de tu cultura, tienes que defender tu cultura. Las teles tienen que ver como elemento educativo.

Público: ¿Qué habría que cambiar?

I. P. D.: A un español le cuesta más salir fuera que a un norteamericano entrar aquí. Se editan libros tremebundos de autores de EEUU, y eso no sucede al revés. En el cine sucede igual. Planet 51 tuvo que pelear mucho dentro y fuera de España porque las majors norteamericanas tienen más capacidad que tú, aunque tengas éxito en las salas. No es que te echen del cine, pero sí te rascan un 20 o 25% de las pantallas. Tienen una potencia brutal para desplazarte, una capacidad de intercambiar favores que tú no tienes. En la medida en que Europa no sea capaz de producir en conjunto, será muy difícil hacerle frente a EEUU y competir fuera de los mercados locales. Vengo del mundo del videojuego, de Pyros Studios, que sacó Commandos en 1998 y que se convirtió en el segundo juego más vendido del mundo, y te aseguro que es peor en ese sector: España no existe.

Público: ¿Qué aplicó Ilion, el estudio de animación de Planet 51', de Pyros, el estudio hermano de videojuegos?

I. P. D.: La mentalidad internacional. Cuando te has criado sabiendo que o sales fuera o no vives, lo aplicas si decides arrancar en el cine. El caso de Planet 51 es excepcional. El modelo Planet pasa por montar un proyecto internacional desde el primer día. Teníamos vendida la distribución en muchos países antes de tener la película lista.

G.S-S.: La mentalidad internacional la tenemos, pero no lo hacemos.

Público: ¿Por qué?

G. S-S.: Hasta ahora éramos capaces de financiar las películas con las televisiones, las subvenciones, el DVD pero eso empieza a ser inviable. La necesidad arranca desde no hace mucho, aunque existía la posibilidad de hacerlo. Cada vez hay más ejemplos. Este año, Lo imposible o Intruders. También Buried y las películas deWoody Allen se conciben así. Pero no hay que olvidar que los norteamericanos nos han intentando convencer de que el cine es sólo entretenimiento y no cultura. Ojo, porque el riesgo es cultural, y es la pérdida de identidad del cine español. Puede pasar que al final hagamos películas americanas en pequeño. Y sí, nos dará taquilla, y sí, nos dará empleo, pero no nos dará expansión cultural. Luego está Almodóvar, que exporta una visión particular de nuestra cultura. Ojalá tuviéramos más.

I.P.D.: Los directores europeos que se han ido a EEUU han tenido que transformar su cine. Hay que ser astuto y llegar a una mezcla. Eso se llama adaptación. A veces los españoles nos pasamos: 'Toma diez raciones de mi visión de ver el mundo'. Y eso no funciona. Hay que infiltrarse en el sistema.

Público: ¿Se acomodó la producción española?

I. P. D.: Creo que el problema es que en España se celebra y se brinda cuando se completa la financiación, y no en el momento del estreno.

G. S-S.: Creo que eso era en los noventa, porque ya no se cierran tan fácilmente los presupuestos. Entonces estaban las televisiones de pago compitiendo, las privadas, había necesidad de minutos y dinero. Desde 2003, las cosas empiezan a caer, y la dependencia de la taquilla de fuera y dentro crece. Cada vez es menos cierto el tópico de que el productor español no necesita de la taquilla.

I. P. D.: El cine español está pagando por una herencia de los ochenta y los noventa. Y la opinión en la calle no se cambia de la noche a la mañana. Berlanga me dijo una vez: 'Al cine español lo mató la subvención'. No estoy de acuerdo porque creo que es necesaria. Y el cine en EEUU también está subvencionado.

G. S-S.: La gente se durmió en los laureles, es cierto, pero no fue por las subvenciones, que sólo alcanzan un máximo del 33% del presupuesto. El problema fue que el otro 67% era muy fácil de conseguir. Ahora toca espabilarse porque la financiación no está dentro de España. La manera en que conjuguemos la identidad cultural y una producción con miras internacionales será lo que defina el nuevo cine español.