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Cortometrajes y marcas ¿Renunciarías a tus derechos por dar a conocer tu corto?

La tendencia de muchas marcas a patrocinar festivales de cortos con bases concursales abusivas hacen que los creadores tengan que renunciar a los derechos de su propio trabajo e incluso a una hipotética remuneración por su obra.

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Sala de proyecciones.- EUROPA PRESS

No es oro todo lo que reluce tras el aparente buen estado de forma del cortometraje patrio. Éxitos recientes como Timecode, nominado al Oscar al mejor cortometraje, junto con el considerable aumento de muestras y exhibiciones, así como de cintas presentadas en festivales, daría a entender que el sector vive un momento dulce. Y quizá sea cierto, pero no del todo. La proliferación de festivales y espacios donde se programan cortometrajes ha evidenciado una problemática que, si bien no es exclusiva del corto, se ceba con un sector particularmente frágil. Hablamos de esa socorrida tendencia a no compensar económicamente al creador por su obra, alegando una supuesta visibilidad de la misma.

La voz de alerta la ponía Pablo Menéndez (Marvin&Wayne), responsable —entre otras— de la distribución de la exitosa Timecode. En un reciente comunicado, Menéndez llamaba la atención sobre la injusta situación en la que queda el cineasta. “En el momento de más movimiento de cortometrajes de la historia, cuando parece que está de moda, con más festivales, más público, más distribuidoras, más eventos alrededor del formato, más exposición mediática, más éxitos internacionales… la rentabilización de los trabajos continúa siendo igual o más reducida que antes”, denunciaba Menéndez.

Pablo Menéndez: "Nos tiene que ofender la cesión y proyección de películas de forma gratuita" 

No es para menos, el surgimiento de los festivales patrocinados por rúbricas comerciales de mayor o menor calado está provocando que, a través de unas bases concursales muy privativas, el creador tenga que renunciar a los derechos de su propio trabajo. Según Menéndez, “igual que a cualquiera nos escandaliza cuando una empresa ofrece trabajo no remunerado, nos tiene que ofender también la cesión y proyección de películas gratuitamente, porque el exhibidor al final tiene un beneficio, económico o de visibilidad, que viene a ser lo mismo”.

En efecto, bajo el pretexto de la visibilidad se esconde el consabido todo vale. La irrupción del llamado branded content, o lo que es lo mismo, de generar contenidos vinculados a una marca que permitan conectar a dicha firma con un consumidor potencial, está provocando que muchos festivales promuevan concursos de cortos creados ad hoc con el fin de quedarse con los derechos de muchas cintas y luego poder usarlas libremente. “Lo que se está haciendo es mercantilizar la creación de los llamados jóvenes talentos”, se queja Mario Madueño, presidente de la Asociación de la Industria del Cortometraje (AIC), que entiende como un “atropello” la implementación de esas “bases injustas a las que muchos creadores se tienen que someter con el fin de dar a conocer su trabajo”. Subyace, según Madueño, la sensación de que “se ha banalizado el valor de las creaciones y de los productor culturales”.

Aitor Arenas: "No puede ser que se beneficie tanta gente del trabajo de uno”

Con todo, hay espacio para la esperanza. Cada vez son más los implicados en el sector que valoran la necesidad de poner freno a esta situación. Es el caso, por ejemplo, de Aitor Arenas, al frente de Banatu Filmak, distribuidora y productora audiovisual afincada en el País Vasco. Según Arenas, habría que diferenciar entre las grandes marcas y los programadores culturales, ya que en muchos casos “no son conscientes del mal que se le hace al mundo del corto, de tal forma que cuando se les explica la situación cambian su forma de proceder, porque en realidad es gente que lo que busca también es dignificar el corto”. Una labor pedagógica que —asegura Arenas— no siempre funciona con las grandes marcas o los organizadores de grandes eventos. “En esos casos no tienen más remedio que tragar si quieren que el proyecto que llevan tanto tiempo levantando salga adelante. Lo que no puede ser es que se beneficie tanta gente del trabajo de uno”.

El debate está servido, urge más que nunca repensar las vías de exhibición de cortometrajes. Como explica Pablo Menéndez en su misiva: “Si no buscamos soluciones a este asunto el formato continuará viéndose eternamente como algo indigno, algo con lo que todos se pueden lucrar menos los que realmente han peleado por sacarlo adelante. Algo para dar el famoso ‘salto al largo’ y huir despavorido”.