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"Los creadores son cómplices de la operación de marketing a la que deriva la cultura"

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El proyecto autogestio-nado Nuevo Teatro Fronterizo del dramaturgo José Sanchis Sinisterra (Valencia, 1940) ha cumplido un año. Instalado en un 'barrio caliente' como Lavapiés, en Madrid, entre tiendas de chinos, indios y antiguos comercios, ha superado la espada de Damocles del cierre. 'Hemos encontrado un apoyo colectivo que nos va a permitir sobrevivir. Hay un sustrato solidario que puede permitir que otro teatro sea posible', admite Sanchis, autor de obras como ¡Ay, Carmela!, a modo de balance. El apoyo (no económico) de Le Monde diplomatique, La Casa Encendida, el Instituto Cervantes y el Instituto de Filosofía, además del vecinal, han conseguido que este proyecto de investigación teatral continúe para los próximos meses con sus talleres acerca de dramaturgias ausentes de la cartelera como la memoria histórica.

Este proyecto tiene sus raíces en el Teatro Fronterizo que usted creó en 1977 en Barcelona. ¿Qué diferencias ha encontrado en esta nueva experiencia?

'Me preocupa que la Ley de Mecenazgo sólo prime productos que tengan máxima repercusión'

Eran los años ochenta y en Barcelona había una actitud institucional absolutamente solidaria. El Ayuntamiento, el INAEM e incluso la Generalitat hicieron suyo el proyecto. Nosotros estábamos subvencionados en el mantenimiento de la Sala Beckett y el Teatro Fronterizo. Eso hizo posible que llegaran a Barcelona compañías de otras partes de España que lo tenían difícil. En Madrid, este proyecto tiene muchos elementos de aquel Teatro Fronterizo. La diferencia es que el teatro en estos últimos diez, 15 años ha hecho una deriva hacia la banalización, hacia el entretenimiento y hacia una especie de inflación espectacular, de manera que los espectáculos que tienen éxito se basan en figuras de la televisión o en aparatosidad escenográfica. Tengo la sensación de que está declinando un teatro más esencial.

¿Cómo interpreta la deriva de esta solidaridad institucional?

La cultura en general se ha convertido en una especie de producto de lujo. En estos últimos años se ha hiper-trofiado la utilización de la cultura como imagen de prestigio y poder. Lo que la institución quiere apoyar es aquello que atrae a multitudes y tiene el máximo de resonancia mediática.

'A los herederos del franquismo no les interesa que haya obras sobre la memoria'

¿No hay algún tipo de responsabilidad por parte de los creadores? Hasta que no han llegado los recortes económicos apenas han alzado la voz.

Sí, sí. Han caído en la trampa. Se han convertido en cómplices de esa operación de marketing hacia la que deriva la cultura. Me parece magnífico que den tropecientosmil euros para un espectáculo que va a durar un mes. ¡Quién se va a negar a eso! Hemos sido cómplices de esa especie de espejismo por parte del poder.

El anteproyecto de la Ley de Mecenazgo que maneja el Gobierno va en el camino de abrir la puerta a la privatización.

En algunos países de América Latina como Brasil y Colombia existen leyes a través de las cuales la empresa privada desgrava impuestos apoyando a la cultura. Y yo lo veo interesante, ya que allí no hay políticas institucionales supuestamente neutrales. Aquí me empieza a preocupar que esa futura Ley de Mecenazgo lo que haga sea primar productos que tengan máxima repercusión mediática. Con eso estamos jodidos. Yo sí que creo que la cultura es un bien público, como la educación y la sanidad, y por lo tanto debe tener un apoyo institucional. Pero claro, tiene que haber un pensamiento institucional para ver qué tipo de cultura y qué tipo de artes se apoyan, cómo se regula la donación de dinero Pero dado que esa política cultural no parece existir, la Ley de Mecenazgo podría intensificar la concepción mercantil de la cultura a la que estamos asistiendo.

Es el autor de ¡Ay, Carmela!', un texto que escribió en 1986 ambientado en la Guerra Civil. No obstante, al contrario de lo que ocurre en el cine o la literatura, desde entonces no se han escrito muchas obras sobre este periodo.

Creo que hay poco teatro sobre lo que fue la Guerra Civil, el franquismo. Y eso permite que ocurran cosas como la de Garzón y se encuentren obstáculos para la exhumación de las fosas comunes. El proceso democrático de la Transición tuvo un efecto positivo en muchos sectores de las instituciones, como la Policía, el Ejército, la Universidad..., pero en la judicatura se ha enquistado el espíritu de los herederos del franquismo, de los vencedores. No sé si hay una conspiración generalizada (risas) [contra las obras sobre la memoria histórica], pero lo que es evidente es que a los herederos y sucesores del franquismo no les interesa y por tanto desde sus puestos harán lo posible para que la página sea pasada.

Usted empezó hace un año con el Teatro Fronterizo. Después llegó el 15-M. ¿Vaticinaron estos movimientos colectivos?

No tanto. Lo que sí captábamos es que debíamos salir de los circuitos institucionales y teatro privado e intentar acercarnos a las redes sociales. La elección de este barrio tenía que ver con contactar con colectivos de inmigrantes, asociaciones vecinales y hacer un teatro que tuviera que ver con lo común. De hecho, uno de los primeros talleres fue sobre la coralidad como herramienta para un teatro comunitario.