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"Cristina no tiene humor"

Tras la polémica por un dibujo que molestó a la presidenta de Argentina, Sabat sostiene que la portada sobre los príncipes de la revista ‘El Jueves' traspasó los límites 

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Sabat es un mito en Argentina. Humorista gráfico desde comienzos de los años setenta, ha desarrollado casi toda su carrera en el diario Clarín, el de mayor tirada del país. Desde allí ha lanzado sus dardos a casi todos los que han pasado por la Casa Rosada, incluida su actual inquilina, Cristina Fernández de Kirchner, a quien no le sentó nada bien uno de sus últimos dibujos, donde ella aparecía con los labios sellados.

¿Hay censura en Argentina?
Censura real no hay.

Habrá una diferencia entre trabajar en la dictadura y en la democracia...
Sí, pero hay que tener en cuenta que los dibujos no sirven
para derrocar a los dictadores, por eso nunca me mezclo
con la política.

¿Cómo ve el problema de las caricaturas sobre Mahoma?
En este punto quiero decir que lo que sucedió no se debió a los dibujos, sino a los textos. Y bueno, este no es mi caso, porque yo nunca escribo textos.

Entonces, ¿qué se plantea usted a la hora de dibujar?
Yo intento que la gente sonría. Es mi única idea a la hora
de trabajar, porque todo va dirigido a los lectores, no a mi propia vanidad.

Pero esta relación habrá cambiado en todos estos años.
Es como toda relación. Cuando sale un nuevo gobierno, caen los integrantes del anterior. Uno lo que tiene que hacer es adaptarse a esa nueva situación e intentar convivir con los nuevos dirigentes.

Seguro que hubo épocas mejores y peores.
Siempre ha dependido del carácter del gobernante. Por ejemplo, a Carlos Menem le dibujé durante ocho años agarrado a la silla y nunca me dijo nada. Yo esto lo he pensado y he llegado a la conclusión de que Menem tendría otras cosas en las que pensar antes que en mis dibujos. Ahora, si hay otra gente a la que le
importa...


Como a la actual presidenta de Argentina, Cristina Kirchner.
Sí, pero de ese incidente no quiero hablar .

Ya, pero al menos ha reflejado que Kirchner no tiene humor.Sí, eso es muy probable.

¿Cuál es la situación actual en Argentina?
Son momentos difíciles, pero la verdad es que esta película la he visto ya muchas veces. Pero desde luego, yo no me río de lo que no entiendo.

¿Qué es lo que no entiende?
Esto es algo que he dicho más veces: es más difícil dibujar en democracia que durante la dictadura porque la democracia es algo que no se puede vulnerar. Sin embargo, yo no quiero sentirme protagonista y no me preocupo de esas críticas.

¿Usted se ha autocensurado alguna vez?
No, a lo mejor me he equivocado, pero no me autocensuro.

¿Dónde cree que está la responsabilidad del humorista gráfico?
Yo me hago cargo de todo lo que dibujo porque siempre pongo mi firma y creo mucho en ella. Todavía soy honrado en ese sentido. Así que si se me acusa de algo siempre doy la cara.

¿Con qué temáticas le gusta trabajar?
Mi trabajo está asociado irremediablemente a la información y por eso no invento nada.

Otro hecho que causó mucha polémica en España fue la denuncia de una portada de la revista de humor ‘El Jueves', que mostraba a los príncipes en una postura un tanto comprometida y tildada de obscena. ¿Qué opina de esta denuncia?
Hay cosas que no están escritas, códigos que no están escritos... Yo no los tengo en cuenta, pero creo que debería haber unas reglas porque esa imagen fue algo gratuito. Desde luego, es mucho peor la autocensura que la censura, sin embargo hay cosas que no se pueden hacer... Por ejemplo, yo tengo hijos y nunca les dejé jugar con juguetes bélicos, y ahora no son violentos. Ahora bien, tampoco soy inocente y he creado dibujos con intensidad violenta.

¿Y dónde está la frontera entre el compromiso con la información humorística y la responsabilidad, el hecho de no cruzar esos códigos?
En mi habilidad. Yo tengo que contar una historia sin palabras, y si no acierto es culpa mía.