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Cronenberg tumba a tres en un diván

Tras su apariencia clásica y literaria, Un método peligroso nos ofrece otro retrato típicamente cronenbergiano del deseo como motor de la existencia

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EN SÍNTESIS

En vísperas de la Primera Guerra Mundial, Carl Jung decide tratar a Sabina Spielrein, una joven paciente de origen ruso afectada de histeria, con el psicoanálisis, la nueva y polémica terapia defendida por su colega más veterano, Sigmund Freud. A través de las conversaciones con su médico, la paciente descubre su faceta masoquista. La terapia provoca una notable mejoría en Sabina, que no tardará en convertirse primero en la discípula y más tarde en la amante de Jung. Mientras, las discusiones teóricas entre los dos psiquiatras se hacen cada vez más frecuentes.

COMENTARIO

En el cine de David Cronenberg nunca han tenido cabida las relaciones convencionales. Pero tampoco los análisis psicologistas que pretenden descifrar comportamientos al margen de lo que se entiende como normal. Por eso sobre el papel, Un método peligroso, adaptación de un texto de Christopher Hampton sobre los padres del psicoanálisis, podía despertar alguna reticencia. ¿Caería en la típica película de época con un guión y una estética tan pulcras como aburridas? ¿O se decantaría quizá por ofrecer la innecesaria interpretación teórica de una filmografía plagada de personajes atrapados por pulsiones nada ortodoxas?

Pocas imágenes perturbadoras hay en Un método peligroso, pero porque Cronenberg ha decidido poner en práctica la base del psicoanálisis: deja que sean las palabras las que hagan aflorar los miedos, deseos, convulsiones y frustraciones de los protagonistas.

En una estructura muy similar a la que Hampton ya utilizó en el guión de Las amistades peligrosas (Stephen Frears, 1988), el filme disecciona las relaciones entre los tres personajes a través de las conversaciones que mantuvieron y las cartas que se enviaron. Así se desarrolla un apasionante triángulo intelectual con un costado amoroso no muy lejano del que ya estaba presente en Inseparables (David Cronenberg, 1988). Freud, Jung y Spielrein interpretan sus sueños, discuten sobre conceptos teóricos y psicoanalizan a Wagner, sin poder evitar que los prejuicios, el sadomasoquismo o el complejo de Edipo tiñan sus vínculos afectivos y laborales.

Tras su apariencia clásica y literaria, Un método peligroso nos ofrece otro retrato típicamente cronenbergiano del deseo como motor de la existencia, al tiempo que convierte la tormentosa relación entre el trío protagonista en un avance de los conflictos, individuales e históricos, que marcarán el siglo XX.

SERES PERTURBADORES

El director de Crash (1996) siempre ha demostrado un gusto exquisito a la hora de elegir a sus intérpretes, sobre todo a los masculinos. A lo largo de su filmografía ha trabajado con actores de perturbador atractivo como Jeremy Irons, Ralph Fiennes o James Spader. Ahora repite con Viggo Mortensen, a quien ya habíamos visto en sus anteriores Una historia de violencia (2005) y Promesas del Este (2007), y con Vincent Cassel (en el papel del médico que no reprime sus instintos), mientras colabora por primera vez con Michael Fassbender, sin duda uno de los grandes descubrimientos de los últimos años.

EL VÉRTICE FEMENINO

Cuesta imaginar Un método peligroso con un equipo artístico mejor. Pero Cronenberg había pensado en otros nombres: Christoph Waltz fue la primera opción para dar vida a Freud.Christian Bale era otro de los actores previstos. La réplica femenina la da Keira Knightley en el papel más complejo. Consigue no caer en los tópicos cinematográficos sobre el desequilibrio mental.

Director: David Cronenberg

Género: drama

Nacionalidad: Canadá

Reparto: K. Knightley, Viggo Mortensen, M. Fassbender

Duración: 93 minutos