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Un cuento chino

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Desagradable y para de contar. Poco más puede decirse de A Serbian Film aunque tanto en Donostia como en Sitges se haya hablado mucho de ella. Reconozcamos que ya no queda mucho espacio para la provocación en el mundo en el que vivimos. La penúltima frontera, la del sexo infantil, la barrió de un plumazo un señor llamado Nabokov de manos de una señorita llamada Lolita. Desde entonces, el terror del mundo civilizado no es ya la relación, sino la agresión sexual a menores. Spajosevic se ha introducido como una alimaña por esa rendija y le ha puesto nombre y todo: newborn porn o, lo que es lo mismo, sexo con neonatos. Literalmente. En una búsqueda descarada de la provocación descerebrada, un recién nacido es violado en pantalla. ¿Se puede ir más alla? Tal vez ¿Qué tal una auscultación del recto del director con una cámara de cine de las de antes, de esas de hierro colado?

Con excepción de esta violación, la tortura, la necrofilia y la violencia machista del filme son habituales en el género gore y nadie se rasga las vestiduras. Pero la película de Spajosevic, y ahí está la segunda razón de su mezquindad, no es gore. Viene envuelta en forma de thriller con toques de realismo social y, acabáramos, parábola acerca de la decadencia de Serbia. Finalmente, y por encima de todo, aplaudo al juez por censurarla pero no apoyo sus causas: debería haber aducido que es un aburrimiento de tomo y lomo.

* Rubén Romero es crítico de cine.