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El culebrón familiar de los Tolstói

A través de este filme se analizan los últimos días del autor ruso, muerto hace cien años

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Posiblemente es uno de los arranques más célebres de la historia de la literatura: 'Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera'. ¿Lo recuerdan? Se trata de la primera frase de la novela Ana Karerina (1877), de Lev Tolstói, aunque podría ser un resumen concentrado de los últimos meses de la vida de este escritor ruso, que murió hace ahora 100 años.

Sólo era cuestión de tiempo que el culebrón protagonizado por el matrimonio Tolstói, un material de primera para desarrollar cualquier trama de ficción, llegara a la gran pantalla. El viernes se estrena La última estación, dirigida por Michael Hoffman.

Se trata de la adaptación de la novela homónima escrita por Jay Parini; quien a su vez se basó, en los diarios del escritor y su mujer, la condesa Sofía Andreevna.

Hellen Mirren y Christopher Plummer, nominados al Oscar por sus trabajos en esta cinta, interpretan a un matrimonio (Sofía y Lev) que entra en una profunda crisis tras más de medio siglo de relación.

Motivos para el quilombo familiar no faltaban. El autor ruso había sufrido un profundo proceso de radicalización política en los últimos años. Impulsado por sus ideas, una curiosa mezcla de ideas anarquistas y cristianismo, renunció a las comodidades que le habían proporcionado sus novelas.

Empezó a ausentarse del hogar familiar en Yásnaya Poliana para vivir junto a los parias de la localidad. Fundó una escuela y se convirtió en el maestro de los campesinos. También ejerció de zapatero. Todo, menos pasar por casa.

Su mujer, que había entregado su vida a la literatura de su marido (transcribió a mano siete copias del manuscrito de Guerra y paz), no daba crédito. Su esposo, millonario con 13 hijos, había decidido por voluntad propia abrazar la pobreza, el vegetarianismo y el celibato.

'Sus sermones sobre el amor y la bondad le han hecho impermeable a los sentimientos de su familia', escribió Sofía Andreevna en sus diarios.

La gota que colmó el vaso (también recogida en el filme) se produjo cuando Lev amenazó con ceder todos sus bienes al pueblo ruso. Sofía chocó entonces con el discípulo de Tolstói, Vladimir Chertkov (interpretado por Paul Giamatti). La situación se volvió insoportable. Tolstói, a los 82 años, huyó de su casa en mitad de la noche, con un poco de ropa y algunos libros.

Quería librarse de 'la mentira, la hipocresía y la maldad', según le confesó a su hija Sasha. Por el camino enfermó de neumonía. Murió en la estación de tren de Astapovo.