Publicado: 10.10.2014 07:00 |Actualizado: 10.10.2014 07:00

David Fincher se ríe de nuestra degenerada cultura mediática

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"Soy el director oscuro que coquetea con lo supuestamente siniestro de la mente humana. Soy un gran manipulador", ha declarado el cineasta David Fincher (Se7en, El club de la lucha, La red social, Zodiac) en Argentina a propósito de su nueva película, Perdida (Gone Girl), una adaptación al cine del best-seller de Gillian Flynn con la que construye, justamente, un apasionante retrato del arte de la manipulación y la falsificación. Ben Affleck y Rosamund Pike son los protagonistas de este juego cinematográfico, con el que el director, además de revelar un sentido del humor perverso, dibuja un certero mapa de la cobertura maliciosa que hacen hoy los medios de comunicación. Fincher hace la fotografía a todo color de la degenerada cultura mediática que nos domina y se ríe sin disimulo del resultado.

Un misterio policial que se va transformando en thriller psicológico y culmina en sátira social. Es el recorrido que hace Fincher con este trabajo, en el que propone al espectador que disfrute con la farsa que le ofrece y que no se detenga demasiado en intentar desentrañar la investigación criminal. Aquí el 'cómo' sucedieron los acontecimientos o, incluso, el 'quién' no es tan importante como el 'por qué' ocurrió todo.

Ambientada en la Norteamérica de la recesión, la historia comienza en Nueva York para desplazarse a una pequeña localidad del Medio Oeste, es decir, a la normalidad. La mañana del quinto aniversario de su matrimonio, Nick Dunne llama a la Policía porque su esposa Amy ha desaparecido. La imagen de pareja feliz se va desmoronando a medida que la presión mediática crece. Y el marido abrumado del comienzo pasa a ser un tipo sospechoso del que todo el mundo se pregunta si ha asesinado a su mujer. 

"No es una sátira de los medios de comunicación, es una historia de la vampirización de la tragedia, que es una cosa muy diferente", dijo en la radio pública de Estados Unidos el director, que descarga toda su malicia en el dibujo de los personajes de las presentadoras que manipulan el caso de Amy y Nick Dunne. La misoginia y la violencia de género planean sobre la historia y se acrecientan cuando estos personajes aparecen. Una nube de periodistas rodea la casa del protagonista casi desde el comienzo de la historia y hasta el final.

Vivimos en un "mundo sediento de revelaciones", escribe el cineasta en el dossier de su película, donde explica que su personaje masculino "se ve succionado por el torbellino de la ira pública". Y entonces, Nick Dunne muta en una persona completamente diferente de la que era, la persona en la que le han convertido los medios de comunicación con la complicidad de la sociedad abducida por estos.

"Soy el tío que te salva de toda esta fabulosidad", dice Nick Dunne a Amy en los primeros minutos del relato. Están en una fiesta neoyorquina, ambos son escritores, ingeniosos, brillantes... No parecen ni de lejos los mismos personajes que viven poco después, cuando la crisis les ha alcanzado, en esa pequeña localidad del Medio Oeste. Y ahí está la otra gran declaración de intenciones de Fincher, que reconoce que su película "trata sobre las proyecciones narcisistas que hacemos de nosotros mismos para seducir. Cuando estás en la etapa de enamoramiento no te imaginas que en tres o cuatro años estarás aburrido, o que te enfrentarás con alguien que no tenías ni idea de que existe". En palabras de la actriz Rosamund Pike: "Todos estamos vendiendo una versión de nosotros mismos".

Versión que con el tiempo se va debilitando. En la pareja llega un momento en que la máscara cae y la imagen construida con tanto esmero desaparece. "Lo que me interesó de la novela es que hablaba de ese reflejo de nosotros mismos en el que tanto nos gusta mirarnos hasta que, pasados los años, el reflejo empieza a desdibujarse, provocando en nosotros una enorme ira y desconcierto, porque al dejar de reconocernos en el otro descubrimos que se ha convertido en un perfecto extraño", explicó el cineasta en Madrid, en la inauguración del curso  de la Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI.

Fincher deja cinco años de convivencia a sus personajes y entonces ataca con toda su ironía y sarcasmo. Y presenta en Perdida la construcción de una incisiva sátira del matrimonio. "¿Qué pasa cuando uno decide romper la imagen de cónyuge perfecto, cuando uno dice ‘no pretendo ser tu alma gemela'?" es la pregunta que se hace el director y que lanza al espectador para incitarle a reflexionar sobre el matrimonio en esta edad moderna.

El resultado, desde su punto de vista, no es nada tranquilizador. De hecho, el mismísimo Stephen King dijo, refiriéndose a este aspecto de la película, que en ella se hacía "un retrato hilarantemente aterrador del matrimonio, que hará reflexionar al lector sobre quién es en realidad la persona que duerme al otro lado de la cama".