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'Desafío Total' se reinventa y supera a su predecesora

Plantea un futuro mucho más accesible que el dibujado por la versión de 1990 y ahonda en el conflicto de identidad del personaje

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Veintidós años y un abismo separan la primera Desafío total de la segunda, esa que llega este viernes a las salas españolas después de un estreno algo descafeinado en Estados Unidos. Ambas parten del mismo relato corto pero se sitúan en niveles diferentes. Len Wiseman no se ha conformado con revisar la adaptación que Paul Verhoeven hizo de Podemos recordarlo todo por usted. El director de La Jungla 4.0 sabe lo que es trabajar con un material de segunda mano y por eso decidió recurrir a la fuente original, Philip K. Dick, para hacer su propia versión.

La nueva Desafío Total mantiene puntos de conexión con la primera porque es inevitable. Nombres, circunstancias y hasta algún que otro guiño a la de 1990. Ambas cuentan la historia de un hombre, Douglas Quaid/Hauser, que insatisfecho con la vida que lleva decide recurrir a una empresa de creación de memoria para fabricarse una experiencia que no puede permitirse vivir en la realidad. En esta no quiere viajar a Marte. Lo que pide es ser un agente secreto. Algo va mal en el proceso de grabación y se desata una tormenta en su cerebro descubriendo que no es quién cree ser.

El parecido entre la versión de Wiseman y la de Verhoeven es inevitable

Más allá de eso y, como bien ha señalado Colin Farrell, la de Wiseman tiene un tono, una esencia y una apariencia distintas. El paisaje marciano, sus colores estridentes y sus personajes deformes hacinados dejan paso a una urbe superpoblada y oscura situada en las antípodas. En esta ciudad que dibuja la nueva Desafío total no hay más seres extraños que los propios humanos.

Wiseman crea un universo propio que se distancia, y mucho, del de Verhoeven. Sus artilugios tecnológicos están a años luz de sus predecesores. Los coches no vuelan, circulan por autopistas ¿eléctricas? ¿Magnéticas? Los ascensores son cubículos que conectan edificios entre sí como si se tratase de piezas de un puzzle bien engrasado en el que nunca deben coincidir. Los teléfonos móviles son un implante en la palma de la mano y unos robots se encargan de mantener el orden.

Esta Desafío Total pinta un futuro no demasiado lejano en el que el hombre ha desvastado la Tierra y solo quedan dos reductos habitables. La atmósfera está contaminada y quien controla el aire es quien domina el mundo. A un lado se encuentra la llamada Federación Británica y, justo en la otra punta del globo, donde hoy está Australia, es donde se ubica La Colonia. Ahí viven los ciudadanos de segunda, los obreros que cada día deben montarse en la Catarata (una suerte de metro que en menos de 20 minutos une ambos territorios) para acudir a sus monótonos puestos de trabajo. Mientras en La Colonia parece reinar la oscuridad y la lluvia, la Federación Británica luce un aspecto más limpio y tecnológico.

Entre la primera y la segunda Desafío Total existen diferencias en la forma, pero también en el fondo. Por mucho que Verhoeven haya atacado a su sucesora acusándola de no ser buena, su versión estuvo mucho más limitada no porque los efectos especiales estuviesen menos desarrollados entonces, sino por el reparto. A Arnold Schwarzenegger no se le puede pedir otra cosa que acción. Lo suyo no es darle precisamente profundidad al personaje. De la misma manera que Sharon Stone no es una experta en los enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Aquella Desafío total tenía su encanto, mitificado en parte por el paso del tiempo, pero como película la nueva la supera. Por el reparto, por las innovaciones introducidas y por el futuro que pinta, mucho más creíble y cercano pese a ser ciencia ficción.

La de 1990 se ha mitificado en parte por el tiempoEn su versión de la historia de K. Dick, Wiseman ha contado con Colin Farrell para intentar dar un poco de profundidad a un personaje que no hay que olvidar que más allá de correr, disparar y golpear a quienes intentan matarle, es un hombre confundido, que no sabe quién es y que busca respuestas. Farrell tiene mucho menos desarrollados sus músculos que Schwarzenegger , salta a la vista. Pero controla mejor los de su cara. Como antagonista tiene a una chica de apariencia frágil, Kate Beckinsale, que ha demostrado que es capaz de convertirse en una heroína de acción si el guión lo requiere. Y completando el círculo, Jessica Biel, la chica que hizo cambiar de bando a Hauser.

Curiosamente, este el segundo remake que de una película de los noventa que llega recientemente a las pantallas. Hace solo dos semanas se estrenó en España Dredd, que recuperaba al personaje interpretado por Sylvester Stallone en 1995. Y ayer mismo Sony Pictures comunicaba el inicio del rodaje de Robocop, aquel mítico policía medio humano medio robot que nació en 1987 y fue creciendo en los noventa. ¿Será que después del boom de los ochenta reviviendo a personajes como Indiana Jones o John McClane ahora le toca el turno a la siguiente década?