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El día en que un ingeniero asmático revolucionó la fotografía

La exposición 'Con los ojos bien abiertos. Cien años de fotografía Leica', recorre la historia de un icono del siglo XX. Su diseño ligero, elegante y, lo que es más importante, discreto, hizo posible una nueva forma de captar lo que acontece.

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Detalle del proceso de construcción de la cámara Leica.

Ocurrió en marzo de 1914. La anotación fue sucinta pero cargada de trascendencia: “La cámara Lilliput está terminada”. Apenas una línea perdida entre los croquis de un ingeniero asmático llamado Oskar Barnack. Una línea que certificó el nacimiento del primer prototipo de la Leica y que, a la postre, devino en un nuevo modo de mirar la realidad.

La perspectiva a captar quedaba hasta la fecha condicionada a unas cámaras de gran formato que venían acompañadas de placas de cristal y trípodes diversos. Un despliegue de medios que el bueno de Barnack —aficionado al alpinismo y la fotografía— apenas podía gestionar si no era entre continuos jadeos. De modo que empezó a desarrollar un prototipo de cámara pequeña capaz de albergar película estándar de cine de 35 milímetros. Lo que en un principio tenía como misión evaluar el rendimiento óptico de los objetivos que fabricaba la empresa Leitz para la que trabajaba, devino en el germen de la primera Leica (= Leitz / Camera).

La nueva cámara produciría imágenes con un tamaño de 24x36mm con 36 exposiciones por película. Todo ello contenido en un artilugio de apenas 400 gramos que permitía otra forma de abordar lo que acontece. Su diseño ligero, elegante y, lo que es más importante, discreto, dio alas a toda una generación de miradas desprejuiciadas como las de Henry Cartier-Bresson, David Seymour, Gerda Taro o Robert Capa.

Oskar Barnack en plena faena,1934.- Leica Camera AG

Un cambio de lenguaje visual al que se acogieron fotoperiodistas tras su lanzamiento al mercado en 1925 por Ernst Leitz, pero al que se sumaron años después mujeres, hombres y niños que vieron en este pequeño dispositivo una manera diferente de adentrarse en ese mundo que consistía en detener el tiempo.
En Con los ojos bien abiertos. Cien años de fotografía Leica se propone un recorrido a través de los diferentes períodos históricos y artísticos que han tenido como protagonista a la Leica. La exposición, que tiene lugar en la Fundación Telefónica de Madrid, aborda la Neues Sehen (Nueva Visión), donde se desarrolla la idea de que esta cámara fue fundamental en la creación de un nuevo lenguaje visual o Fotoperiodismo, ya que permitía hacer una foto detrás de otra, rápidamente, lo cual jugó a favor del recién nacido género del reportaje.

En la parte dedicada a la Fotografía subjetiva, se pone de manifiesto cómo cualquier "amateur experimentado" podía también crear imágenes artísticas; y en Fotografía humanista, se muestran instantáneas del universo urbano como escenario, la vida cotidiana como representación teatral.

Le siguen La nueva fotografía en color y termina con La fotografía de moda y la cámara Leica, porque sus características especiales favorecieron la estética que adquirió la fotografía de moda, y la Fotografía de autor, con distintas clases de creadores que utilizaron diferentes recursos.