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El día en que murió la música

El martes se cumplen 50 años del accidente de avioneta que les costó la vida a Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Bopper

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¿Se imaginan que la música muriera un día? ¿Cómo sería? Las cuerdas de las guitarras se romperían con sólo mirarlas, tocar un trompeta sería como soplar dentro de una botella, los agujeros de las flautas se taponarían, no habría diferencia entre un tambor y una piedra... ¿Seríamos todos sordos?

Pues hubo un día en que la música murió. Se trató de un dramático acontecimiento, un terrible accidente, un desastre de tal magnitud que muchos, no pocos, sintieron que ese día, sí, la música había palmado. Pasaba la una de la madrugada del 3 de febrero de 1959 cuando una avioneta despegó del aeródromo de Mason City, localidad de Iowa (EEUU). Cinco minutos después, el aparato se estrelló en un campo de maíz cercano. Murieron sus cuatro ocupantes: tres estrellas del incipiente rock and roll Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper y Roger Peterson, un piloto inexperto de 21 años que habían contratado esa misma noche, la noche en que murió la música.

El rock and roll acababa de nacer. Era un bebé que balbuceaba 'papá, papá' cuando oía una canción de Chuck Berry o Bill Haley. Nadie se podía imaginar, por ejemplo, un macroconcierto de U2. Todo era mucho más... precario.

La gira The Winter Dance Party era una locura de principio a fin. Pretendían dar 24 conciertos en tres semanas. Superhéroes del rock atravesando el medio oeste americano a bordo de un autobús al que se le estropeó la calefacción. Un hecho, el de la calefacción, determinante para el destino de Holly, Valens y Big Bopper.

El batería de la banda, Carl Bunch, sufrió el congelamiento de los dedos de los pies en uno de esos viajes. Durante esos conciertos, Holly y Valens se turnaban a la batería. Al llegar a la localidad de Clear Lake el 2 de febrero, Holly decidió que esa noche, tras el show, viajarían en una avioneta desde Mason City.

En principio, le acompañaban dos compañeros de su banda: Waylon Jennings y Tommy Allsup. The Big Bopper, que estaba acatarrado, convenció al primero para que le cediera su asiento en la avioneta. Cuando Holly se enteró de que Jennings se quedaba en tierra, le espetó en broma: 'Ojalá te congeles en el autobús'. Jennings se arrepentiría toda su vida de la respuesta que le dio: 'Y yo espero que tu avión se estrelle'. Por su parte, Ritchie Valens se lo jugó a cara o cruz con el otro músico, Tommy Allsup. Ganó Valens.

El resto es historia. Los tres se fueron al aeropuerto, subieron a la avioneta y mataron la música. Los encontraron a la mañana siguiente, a cinco millas de la pista de despegue, machacados contra el suelo. Holly llevaba 193 dólares. Ralph E. Smiley, el forense, cogió 11,65 por gastos de autopsia. Así era el rock and roll.

Doce años después, el cantante Don McLean fue número uno durante cuatro semanas consecutivas con American pie, canción que recordaba aquella fatídica noche del 3 de febrero de 1959. Este martes se cumplirán 50 años del día en que murió la música.

 


Fiesta por el cincuenta aniversario

El festival en el que tocaron esa noche los tres músicos, 'The Winter Dance Party', se sigue celebrando en Clear Lake desde entonces. Este año ya han comenzado los homenajes, con exposiciones, conciertos y conferencias. Se espera que miles de personas peregrinen por los campos nevados de Iowa para visitar el lugar del accidente.

Testigos de aquel último concierto

Esa semana, el periódico regional de Iowa Times Republican entrevistaba a Ron and Charlene Barth, un matrimonio que asistió a aquel último concierto en el Surf Ballroom de Clear Lake. 'Fue como perder a alguien de la familia', ha reconocido Ron Barth.

Don Mclean y la canción del millón de dólares

En una ocasión, un periodista le preguntó a Don McLean por el significado de su canción American pie. 'Significa que no voy a tener que volver a trabajar', respondió el socarronamente. La canción recuerda el día del accidente en versos como este: 'Febrero me hace temblar, con cada periódico que reparto'. En la época en que ocurrió el accidente, McLean era repartidor de prensa.

El monumento a las víctimas

En 1988, un fan del rock de los 50, de nombre Ken Paquette, levantó un monumento para recordar a los fallecidos. La estatua consiste en una guitarra eléctrica de acero y tres discos con los nombres de los músicos grabados. El monumento está localizado en una granja privada, cinco millas al norte de Clear Lake.