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El dios del capitalismo era protestante

El espíritu trabajador y ahorrador del calvinismo actuó como factor de desarrollo del liberalismo más salvaje

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A comienzos del siglo XVI, el mundo estaba en un proceso de cambio. Los elementos que configuraban la Edad Media se iban resquebrajando y el hombre entraba en una nueva era. En este mundo moderno, las sociedades occidentales comentaban a evolucionar hacia los estados-nación, el desarrollo urbano, la progresiva pérdida de importancia del gremio y el mayor auge de la banca, la eclosión del racionalismo o el desarrollo científico. Junto a estos factores, la ruptura espiritual fue uno de los elementos de diferenciación de las distintas sociedades.

En Ginebra, las tesis espirituales desarrolladas por Juan Calvino promovían un nuevo modelo social, en el que los asuntos mundanos se sometían a los espirituales. La base se encontraba en el control de Dios sobre todas las facetas humanas. Cada acto realizado por la sociedad, derivaba así de una decisión previamente marcada por el creador.

La predestinación se convertía en eje fundamental de la vida de sus acólitos, ya que el deseo de agradar a Dios te convertiría en un predestinado para poder ganarte su favor.

Ricos y pobres no eran más que la cara de un modelo previamente establecido por Dios y el viejo axioma bíblico de 'ora et labora' se convertiría en el elemento angular de la gratitud de los hombres por haber sido objeto de la predestinación. El buen creyente era así aquel que 'come del fruto de su trabajo', instaurándose una ética del trabajo por la cual al hombre le corresponde trabajar para agradar a Dios, ya que 'cada hora perdida es sustraída al trabajo que contribuye a la gloria divina'.

El bien y la felicidad surgen del buen trabajo, según Juan Calvino

El bien y la felicidad surgen por tanto del desarrollo del buen trabajo y bajo esas premisas las sociedades calvinistas desarrollaron un capitalismo primitivo que les permitió atesorar dinero desarrollando la banca y el comercio, así como obtener los bienes necesarios que cubran las necesidades del hombre en el mundo.

El cambio de actitud hacia el préstamo del calvinismo supuso otra enorme contribución al capitalismo primitivo. Esa unión de religión y economía llevó a algunos historiadores a pensar que el modelo calvinista superó al católico en la forma de entender el nuevo sistema de vida capitalista, ya que el préstamo, considerado usurero y penado como práctica de vida del buen cristiano (en España, no se abolió la 'deshonra legal' de estas prácticas hasta Carlos III), no recibe una visión negativa por parte del calvinismo, al considerarlo una más de las actividades económicas, ya que se cree que el lucro personal supone un beneficio para el Estado, pues la sociedad, al fin y al cabo, también se está enriqueciendo.

Cada acto realizado derivaba de una decisión marcada por el Creador

El espíritu calvinista supuso un fenómeno expansivo que provocó el auge de una nueva forma de entender el trabajo en aquellos lugares a los que llegaba. Así, Suiza, Holanda, el impacto hugonote en Francia, las comunidades calvinistas en Alemania o Hungría o los presbiterianos escoceses y los puritanos ingleses que luego emigrarían a Norteamérica supusieron no sólo un nuevo modelo de sociedad espiritual, sino un cambio en la concepción del trabajo y de la economía en aquellos lugares donde fueron asentándose.

Es la tesis que a comienzos del siglo XX defendió el sociólogo y economista Max Weber en su ensayo La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Esa ética señalada por el alemán como propia del calvinismo se adivina como uno de los elementos que configuran el moderno capitalismo caníbal, una vez que el elemento espiritual (obtener a través del trabajo los recursos necesarios para vivir) ha sido sustituido por criterios más 'racionales'.

El objetivo es la búsqueda perpetua del beneficio por encima de otros criterios menos mundanos y que permitan continuar siendo 'la potencia más decisiva de nuestra vida'.