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La distensión de Jerry Lewis hace sonreír a Cannes

La Croisette asiste al show del entrañable actor, que interpreta a un pianista de jazz retirado en 'Max Rose'. Alexander Payne presenta una historia de dignidad con 'Nebraska'

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Con 87 años y una energía desbordante, Jerry Lewis se hizo el dueño de Cannes con humor, ironía e inteligencia. Dijo ser un 'payaso loco', aseguró que Cary Grant y Burt Reynolds eran 'las' mejores humoristas que había conocido y desconcertó a todos al bromear sobre Dean Martin.

'Dean Martin. Está muerto, ¿lo sabe?', afirmó muy serio el actor ante la pregunta de un periodista por la relación entre ellos. Y ante las carcajadas de los asistentes añadió: 'Cuando llegué aquí y vi que no estaba supe que algo iba mal'.

Lewis está en Cannes para presentar, fuera de competición y en sesión especial, la película Max Rose, en la que interpreta a un pianista de jazz retirado que, tras la muerte de su mujer, descubre que su idílico matrimonio de más de sesenta años, no era tan perfecto como aparentaba.

Con jersey rojo y camisa amarilla, Lewis entró caminando con cierta dificultad en la sala de prensa donde recibió un caluroso aplauso por parte de los periodistas, ya entregados antes de empezar la intervención del cómico. Lewis tomaba fotos con su cámara a los fotógrafos que le captaban a él, interrumpía a sus compañeros de equipo y contestaba cualquier cosa cuando una pregunta no le parecía interesante o, simplemente, no la escuchaba bien.

'¿Por qué está usted gritando?', interrumpió el actor a un periodista que hacía una pregunta, a quien pidió que bajara el tono de voz. Cuando volvió a tomar la palabra, Lewis apostilló: 'habla más alto'. Y a una de las azafatas que pasaba el micrófono le preguntó: '¿Está usted esperando un sitio?'. Entre las bromas, las risas y su evidente sordera, Lewis se perdía en algunas de las preguntas, cosa que no le importaba en absoluto. Decía muy serio por detrás a sus compañeros de filme: 'Estoy diciendo cualquier cosa y cree que estoy contestando a la pregunta'.

Lewis se mostró especialmente contento del papel que interpreta en Max Rose, tan alejado de cualquier cosa que haya hecho antes. Un drama, completamente diverso de la comedia, el género en el que mejor se ha movido el actor, es el regreso de Lewis al cine después de 18 años en los que tan solo ha hecho algunas apariciones en series televisivas.

La mañana en Cannes también ha dado para ver unas de las candidatas serias a alzarse con la Palma de Oro, Nebraska de Alexander Payne. Un filme sencillo, rodado en un expresivo y maravilloso blanco y negro, que cuenta con unos estupendos actores para contar una historia humana y llena de ironía.  Recién salida de la sala de montaje -no estuvo acabada hasta el viernes- Nebraska es una película sobre la dignidad, sobre 'el deseo de un hijo de dar dignidad a su padre', explicó Payne en una rueda de prensa.

 

Hay momentos en los que las personas mayores pierden esa dignidad 'y es bonito que sus hijos quieran restaurarla', agregó Payne, rodeado de los protagonistas de la historia, un emotivo Bruce Dern, una divertida June Squibb o un desconocido Will Forte, un descubrimiento salido de la factoría Saturday Night Live. Woody (Dern), un hombre mayor y con los problemas derivados del envejecimiento, está obsesionado con que ha ganado un millón de dólares en la lotería. Su hijo David (Forte) no quiere decepcionarle y decide acompañarlo desde Montana a Nebraska, una distancia de 1.450 kilómetros, que les servirá para reforzar su unión.

Payne decidió rodar la película en blanco y negro porque le parecía la elección adecuada para la historia. 'Es así como veía la historia. Además siempre quise rodar en blanco y negro, es un formato extraordinario. En las mejores fotos siempre se usa el blanco y negro y esta historia se prestaba a blanco y negro, un estilo visual tan austero como lo es la vida de los personajes', precisó el realizador.

Una ausencia de color que se ajusta perfectamente a la historia y que permite apreciar mejor la desolación de los paisajes por los que se desarrolla ese viaje, mediante unos bellísimos y estáticos planos en los que tan solo el coche de la pareja rompe la soledad. Y aunque es un filme que también puede responder a la actual situación de crisis, no era ese el objetivo del realizador.

Con un título tan llamativo como Les salauds, que podría traducirse como Los capullos, el último filme presentado en Cannes por la realizadora francesa Claire Denis perturba por sus pretensiones forjadas con prisa. 'Creo que Vincent Maraval (el productor) me ofreció la extraña oportunidad de que no fuera completamente yo misma', explicó a un reducido grupo de periodistas la directora que compite en la sección paralela del Festival de Cannes Una cierta mirada.

'Teníamos un mes (para escribir el guión), fue como un juego', contó Denis, quien tuvo que acelerar el proceso artístico para adaptarse a las exigencias de la financiación y a la disponibilidad de los actores. Marco, el personaje encarnado por Vincent Lindon, deja el barco del que es capitán para estar con su hermana que acaba de perder a su marido. Al llegar a París, descubre que su joven sobrina ha sido agredida sexualmente y que la empresa familiar sufre dificultades financieras, por lo que decide vengarse.