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Eclipse sobre China

Los premios a las películas españolas restan protagonismo a la Concha de Oro, la antibélica ‘City of Life and Death’ del chino Lu Chuan

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La guerrilla española resiste el empuje del coloso chino. Este podría ser uno de los titulares del palmarés del Festival de San Sebastián. El director Lu Chuan (Xinjang, 1971) se llevó la Concha de Oro con City of Life and Death, una historia grandiosa sobre la espeluznante carnicería llevada a cabo por el Ejército Imperial japonés en la ciudad china de Nanking (1937), donde murieron cientos de miles de personas.

Todo en este filme es de dimensiones faraónicas: decorados colosales, cientos de extras, recursos por un tubo. 'He intentado mostrar los dos lados, tanto el japonés como el chino, para que se entendiera el dolor de las víctimas y cómo los soldados no dejan de ser meras piezas de un engranaje mayor', explicó Lu Chuan, cuya historia se llevó también el premio a la mejor fotografía por su primoroso blanco y negro filmado en gran angular.

El filme chino ha sido, para bien y para mal, el más grandilocuente proyectado aquí. Pero el cine pequeño español, aquel que mantiene ahora mismo una pugna con el Ministerio de Cultura debido a los cambios en los criterios de ayudas, logró situarse a la altura de las superproducciones épicas: Javier Rebollo ganó la Concha de Plata al mejor director con la minimalista La mujer sin piano; el reparto de Yo, también (Lola Dueñas, Pablo Pineda) se hizo con los premios de interpretación, e Isaki Lacuesta, fuera del palmarés oficial, obtuvo el prestigioso Fipresci, otorgado por la estricta crítica internacional, por su sobrio trabajo detrás de la cámara en la estupenda fábula moral Los condenados.

No hay discusión: el ganador de la Concha de Oro ha quedado en segundo plano, borroso y desenfocado en las fotos del día. El primer plano se lo ha arrebato el que, según el jurado presidido por Laurent Cantet, fue el mejor actor del festival. Pablo Pineda, diplomado en Magisterio y licenciado en Psicopedagogía, se convirtió en la primera persona con síndrome de Down en ganar un premio de esta categoría. 'No hubiera sido lo mismo si no se lo hubieran dado también a Lola. Vamos los dos a una', comentó ayer Pineda. Yo, también, un filme sobre 'el amor sin barreras', cuenta la relación entre Daniel, un joven sevillano de 34 añosy Laura, una compañera de trabajo, con carencias emocionales.

La película, producida por Julio Medem y realizada tras un calvario para conseguir la financiación, responde a una factura menos arriesgada que la emprendida por Javier Rebollo en La mujer sin piano, un trabajo marcado por la mirada rigurosa del autor.

En dos colores (verde y marrón) que funcionan como 'una película de blanco y negro', Rebollo filma a Carmen Machi (Rosa), primero en su casa, más tarde en plena huida de una vida amarga por las calles de Madrid. Desde luego, el jurado ha valorado el rigor de su propuesta, que a veces tiene ecos de Tati, pero que se mantiene fiel en todo momento a su parentesco con Aki Kaurismaki y la tragicomedia gélida. La sutil combinación de lo particular (la soledad) con lo Histórico (la película sucede en la misma jornada en que el cuarteto de Azores decidía la invasión de Irak) es uno de los aciertos de un filme, que cuando acaba 'está empezando', sugiere el director.

Rebollo no se olvidó ayer de mencionar a algunos de los colegas de profesión con los que se siente más cercano. 'Quiero celebrar este premio con Isaki', dijo en referencia al autor de Los condenados, con el que abandera el nuevo cine de autor español.

Otro filme pequeño se hizo con el Premio Especial: El refugio, de François Ozon, que aborda la maternidad de una ex yonki de clase alta que decide tener su hijo para recordar a su compañero fallecido de sobredosis. Ozon hace un elegante y sensual retrato íntimo, alejado de los tópicos bienintencionados, algo que no consigue la australiana Blessed, ganadora del mejor guión.

Luces y sombras, pues, en el palmarés, reflejo de una competición irregular que no ha dejado obras inolvidables.