Publicado: 15.11.2014 09:02 |Actualizado: 15.11.2014 09:02

El editor Lara, a Gregorio Morán: "No hay más problema que tus once malditas páginas"

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El escritor y periodista Gregorio Morán (Oviedo, 1947) no se casa con nadie. Desde sus Sabatinas Intempestivas lleva 25 años poniendo los puntos sobre las íes en las páginas de opinión de La Vanguardia. La clase política y en especial el pujolismo han recibido las más irreverentes puyas de este luchador antifranquista con un compromiso inquebrantable con la libertad. Virulento y lúcido a partes iguales, Morán relata en esta entrevista las razones por las que el Grupo Planeta rechazó finalmente la publicación de su nuevo ensayo periodístico El cura y los mandarines, un libro en el que lleva trabajando 10 años y en el que pasa revista a toda esa pléyade de "trepas culturales" nacidos al calor de la Transición.

¿Qué ha sucedido para que Planeta rechace finalmente publicar su libro?
En noviembre pasado, hace ahora exactamente un año, les entregué el manuscrito después de diez años trabajando en él. Lo terminé, he de decir, con mucho retraso, pero no tuvieron más remedio que esperar ya que me habían dado un adelanto. Leyeron el texto y les pareció cojonudo, lo pasaron a sus servicios jurídicos y pusieron un montón de objeciones bastante insignificantes que fuimos solventando.

¿Qué tipo de objeciones?
Pues por ejemplo, en el libro cito al banquero Juan March, le llamo ‘el pirata del Mediterráneo', y me dicen que cómo se me ocurre llamarle así. La objeción es estúpida ya que Planeta editó en su día un libro titulado Juan March, el último pirata del Mediterráneo.

¿Qué pasó después?
Una vez superadas las observaciones jurídicas, parecía que todo iba viento en popa. Me dijeron que la mejor fecha para el lanzamiento era octubre. Diseñaron una portada preciosa y yo tenía listo hasta el índice onomástico. Es entonces cuando me piden una reunión y ahí me plantean que he de retirar 11 páginas -un fragmento que no había entrado en las discusiones previas-. Alegan que si el libro se publica íntegro, Víctor García de la Concha [actual director del Instituto Cervantes y anterior de la Real Academia Española] va a poner una denuncia.

¿Y qué decide?
Les dije que no quitaba 11 páginas, que no había quitado una página en ninguno de mis libros y que ya era muy mayor para hacerlo. Entonces apareció una de esas genialidades; alguien sugirió que de un libro de 700 páginas qué más da quitarle 11. Una reflexión muy buena, sin duda.

¿Se pronunció Lara en algún momento?
Le escribí una carta en la cual le decía que cómo era posible que le hubiéramos podido echar un pulso en el año 79 a un presidente del Gobierno que acababa de ganar las elecciones [se refiere a la publicación de Adolfo Suárez. Historia de una ambición, Planeta, 1979] y ahora resulta que ante un pringao como García de la Concha -un cura rebotado-, nos amedrentamos. Entonces me respondió que no era miedo, sino que se trataba sencillamente y cito textual: "Víctor es un colaborador útil para el grupo editorial" y añade: "Gregorio, no hay más problema que tus once malditas páginas".

Al tiempo, yo voy investigando por mi cuenta y descubro que cuando estaba previsto que saliera mi libro se lanzaba también la última edición del Diccionario de la lengua española [Espasa Libros], con una tirada de 450.000 ejemplares, y claro, yo no puedo competir frente a eso.

¿Qué dice el libro sobre De la Concha?
Hablo sobre su trayectoria, sin más, tampoco le había dado mucha importancia.

Pero resulta sorprendente que en un libro en el que supuestamente cita a personalidades muy relevantes de este país, el problema venga por reseñar la trayectoria de Víctor García de la Concha
Te contaré dos cosas. Primera, dime un miembro de la Real Academia que tenga un dúplex en el paseo de Rosales. Segunda, ¿conoces a algún académico que sea Toisón de Oro del rey? Si eres capaz de encontrar otro caso parecido te invito a cenar.

En el libro me limito a retratar al personaje, se trata de un intelectual ágrafo. Miento, creo que ha escrito algún prólogo contando unas paridas sobre Santa Teresa de Jesús, su especialidad. Se le atribuyen consideraciones como que es imposible que Santa Teresa escribiera así sin la mano del Espíritu Santo. Ésta es una de nuestras figuras capitales, uno de nuestros grandes intelectuales. Volvemos a lo de siempre, el problema no es si eres alguien o no, se trata más bien de si cortas el bacalao o no lo cortas, y al parecer De la Concha corta todo el bacalao del mundo.

¿Son estos los "trepas culturales" a los que alude en muchos de sus escritos?
Los mandarines de los que hablo en este libro no tienen nada que ver con los intelectuales que retrata Simone de Beauvoir en su novela Les mandarins. Ella habla de gente como Camus o Sartre, nuestros mandarines, en cambio, son mandarines de Flan chino Mandarín. Se trata de intelectuales que fueron muy radicales en los 60, empezaron a templarse en los 70, en la década de los 80 se convirtieron en conservadores y ya en los 90 se desmadraron. Es un tipo de intelectual muy peculiar, que viene dado por la fragilidad de nuestra universidad y de nuestro mundo cultural, pues aquí no encontramos el humus cultural que puede haber en Italia o Francia. Este ecosistema permite el desarrollo de los intelectuales ágrafos, un espécimen español que no ha escrito nada, en algunos casos prólogos muy breves, que además en muchos casos te podría demostrar que no han escrito ni siquiera ellos.

No les va nada mal...
En especial a la variedad tertuliano. Se trata de un intelectual tan dúctil que es un inútil total. Igual que en las tertulias antiguas, solo que aquí en lugar de pagar el café puedes llegar a ganar mucho dinero, mucho más que escribiendo. Todo esto revela algo fascinante y es que en nuestro país se puede hacer una fortuna con el sudor de tu lengua, en lugar de con el sudor de tu esfuerzo mental, como diría Valle-Inclán.

Se percibe en sus ensayos y artículos un cierto desencanto para con los popes de su generación, ¿se siente defraudado?
¿Desencanto? Puede haberlo, de cualquier forma ellos están encantados. Sólo una proporción mínima puede estar desencantada porque en el caso de Catalunya, por ejemplo, Pujol los ha colocado a casi todos. ¿Te has parado a pensar cómo es posible que viajen a la Feria del Libro de Frankfurt entre 350 y 400 escritores catalanes cuando un país como Brasil envía a 30?

Te pondré otro ejemplo; recuerdo que cuando conocí a Ferran Mascarell, actual Conseller de Cultura de la Generalitat de Catalunya, militaba en las facciones más extremistas de Bandera Roja, una escisión del PSUC. Pues bien, un amigo muy cercano me contó que durante una reunión en la que Mascarell, ya en el PSC, preparaba su presentación como candidato a las primarias del PSC de Barcelona, la secretaria le advierte de que tiene una llamada importante. Se retira de la sala unos minutos y cuando vuelve dice: "Se suspende la reunión, lo dejamos todo, no hay más discusión, no me voy a presentar a las primarias, me acaba de llamar el President y soy el nuevo Conseller de Cultura".

Lo que hay, yo creo, es un cinismo monstruoso. Ahora resulta que a esto le llaman transversalidad... ¿Transversalidad? ¿Por qué? ¿Porque te levantas de una mesa y te vas a otra?

¿Es esta una de las herencias del pujolismo?
Sin duda, los líderes de la izquierda en el momento que renunciaban a seguir siéndolo,  siempre y cuando respetaran al Padrino, que era Pujol, él les daba un cargo, es decir, Pujol puede decir en su honor igual que don Vito Corleone, que todo aquel que le dio respeto ocupó un cargo.

¿A qué se refiere cuando habla de la doblez de Pujol?
Pujol es una cabeza política de primer orden, lo que se conoce como un animal político, en todo su sentido lo de animal, es decir, un impostor absoluto. Es un tipo que siempre ha mantenido que Catalunya era todo, el desprendimiento, el honor, la dignidad y al final ha resultado evidentemente un chorizo con una red familiar que se ha enriquecido de una manera escandalosa. Ahora bien, según una teoría que sostienen algunos convergentes, puestos a robar mejor que roben los nuestros. Una teoría que, por otra parte, ya utilizaban los franquistas cuando decían que para que se lo lleven los rojos mejor nos lo llevamos nosotros.

Cuando hago referencia a esa doblez, lo que vengo a decir es que Pujol se ha encargado de crear una mitología sobre la clase política catalana y Catalunya en general. Él decía: "Somos especiales, tenemos más talento, si nos dejaran solos sería la hostia".

¿Qué balance hace de la consulta?

Creo que hay rasgos de pucherazo absolutos. Pero al margen de esto, lo que es evidente es que la hegemonía política de la consulta lo tiene la derecha. Además, ese millón y medio que ha votado a favor de la independencia está constituido por gente que no se cree el nivel de corrupción que hay en Catalunya y les va a conceder una amnistía. Estoy seguro de que en España habrían ido a primera página escándalos como los del Palau o el hecho de que el Conseller de Gobernació del último tripartito se dedicara al tráfico de tabaco y otras mercancías, es como si descubrieran a Fernández Díaz traficando con hostias y vírgenes.

Conozco muy bien Kosovo y la mafia ha controlado la autodeterminación. En Catalunya, quien controla el proceso, es la hegemonía conservadora. El derecho a decidir es una maniobra fuertemente arraigada en la derecha catalanista que tiene sus intereses particulares.

Volviendo al tema del libro, te refieres a la Transición como una derrota, calificativo que puede resultar algo provocativo, cuando menos.
Entiendo que puede parecer excesivo, pero claro, es que no pasamos a una democracia, nos costó salir de 40 años de dictadura y que vayamos a esta mierda... Entiendo que no había condiciones de ir mucho más lejos, en primer lugar porque la sociedad no quería ir más lejos, pero también porque las fuerzas políticas tampoco lo querían. Por tanto, hubo un consenso clarísimo sobre la situación y al igual que hoy día está irrumpiendo el fenómeno Podemos, en su día fue el PSOE el que supo ilusionar.

¿Usted también ve ciertas similitudes entre Vistalegre y Suresnes, así como entre el germen de Podemos y el del PSOE?
Es una analogía traída por los pelos para justificar la Transición y a Felipe González. No tiene nada que ver, primero porque a la generación del PSOE que toma el poder en el 82 no la conocía nadie, es decir, estoy convencido que conforme Podemos avance políticamente, la derecha hegemónica, los medios de comunicación y los servicios de información revelarán hasta los lunares del culo y la más mínima arruga de los líderes de esta formación.

En segundo lugar, el PSOE le debió aquella victoria a un voto considerable de gente que venía de la izquierda, pero también de gente de la derecha y de los que no tenían dónde votar. Esto no ocurre ahora, es decir, Podemos podrá arañar votos de la derecha pero no será el más significativo. Además, las gentes nunca van en contra de sus intereses de clase y conforme se acerque la fecha de las elecciones cada uno se tienta la ropa y dice: bueno, están muy bien estos chicos y tal, pero mis intereses...

Recuerdo que cuando llegó el PSOE había una frase que decía una marquesa que le decía a su hija: no te preocupes hija, no te preocupes, ahora que entran estos chicos del PSOE, no te preocupes, estudiaron en los mismos colegios que tu hermano. No es este el caso, esta gente está en otra onda, lo que pasa es que viene muy bien decir: ves, estos son como nosotros y además acabarán igual, bueno pues está por ver cómo acabarán.

¿Qué responsabilidad tiene la izquierda comunista desde la Transición?
Qué irresponsabilidad querrás decir. El hecho de que Carrillo tenga seis autobiografías, seis, no creo que exista en la historia de España una persona que cuente con seis autobiografías, y cada una diferente, eso, joder, tiene su mérito... Además, las habrá hecho él porque se nota, tiene muy mala pluma.

Carrillo es responsable de todo lo que ocurrió, pero también nosotros, los que militábamos en el partido entonces. Por otra parte, hay una diferencia más que significativa entre nosotros y Podemos o entre Podemos y nosotros y es que nosotros no teníamos ni puta idea de política y esto sí que hay que explicarlo. Nosotros creíamos que discutir era hacer política, no teníamos ni puta idea, éstos, en cambio, saben lo que es la política pero no porque sean profesores, sino porque vieron nuestro fracaso.

Espero que no se saque de quicio, pero ellos conocen un principio leninista obvio, que Lenin aprendió a partir de la revolución de febrero del 17, y es la idea de que la política es cuando tratamos de millones de personas, millones de personas. Nosotros no habíamos visto a más 50 o 100 personas juntas en una manifestación.