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"La educación es un ámbito donde las decisiones políticas pueden cambiar muchas cosas"

La película documental 'Solo es el principio', que se estrena el siete de septiembre, evidencia los extraordinarios beneficios de una buena educación

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La Educación en España corre serio peligro y las consecuencias de ello son, obviamente, devastadoras. Mientras el Ejecutivo que lidera Mariano Rajoy se empeña en degradar uno de los pilares fundamentales de la humanidad, cimiento de las libertades, la cultura, el progreso y la vida en tolerancia, Francia se aplica en el camino opuesto. Solo es el principio, película documental de Pierre Barougier y Jean-Pierre Pozzi, presenta una iniciativa educativa -talleres de Filosofía para niños de 3 y 4 años- que a los ojos de los espectadores españoles, y a la vista de las actuales circunstancias, resultará casi una provocación. El filme, que se estrenará aquí el 7 de septiembre, demuestra el  incalculable beneficio que resulta del esfuerzo por una buena educación.

Rodada en la guardería Jacques Prévert de Le Mée-sur-Seine, a sesenta kilómetros al este de París -una zona de clase obrera-, a lo largo de dos años, la película muestra el emocionante y muy interesante proceso de un grupo de niños de 3 y 4 años y de sus familias, al participar en unos talleres de Filosofía. Los pequeños, que comienzan la película dándose palos en el recreo, aprenden en estos cursos a pensar, a reflexionar y, muy importante, a respetarse y escucharse unos a otros e incluso a cambiar sus opiniones si la de algún compañero les convence más. En definitiva, los niños, futuros ciudadanos activos, se convierten en personas tolerantes, dialogantes y con una envidiable curiosidad intelectual.

Los niños aprenden a pensar y a reflexionar, a hablar, a escuchar, a respetarse, en definitiva, tolerancia, pero también aprenden confianza en ellos mismos, civismo... ¿qué más?

JPP: Ya me parece mucho. También creo que si este programa se generalizara, no le vendría mal a la humanidad... Asimismo, disfrutaron mucho con los talleres y creo que se nota.

PB: No es descabellado pensar que el bagaje adquirido por los niños durante estos talleres contribuirá a convertirlos en ciudadanos activos, capaces de dar a conocer su punto de vista sin dejar de respetar y nutrirse del de los demás. Aprender a buscar el sentido de algo con otros es un prerrequisito para construir un proyecto de sociedad, ¿verdad? ¿Y no es de lo que adolecen nuestras democracias, cada vez más multiculturales y complejas, si desean reencontrar un sentido común unificador? Lo que estos niños aprenden en los talleres me parece de interés individual tanto como colectivo.

¿Ustedes qué han aprendido? ¿qué les han enseñado esos niños?

JPP: No hay nada ganado, pero tampoco hay nada perdido. Cada día nos trae una sucesión de noticias desesperantes, pero basta con fijarse en esos críos para pensar que no hace falta mucho para tener la esperanza de que algo nuevo va a surgir para el ser humano. Y en estos tiempos, es primordial.

PB: Que no hay edad para aprender a reflexionar y que las cuestiones fundamentales son universales. Todos nos planteamos las mismas a los 4 años y a los 80, mientras vivimos, sin que importen los orígenes sociales o culturales. Me identifiqué con los niños durante el rodaje cuando vi que me hacía las mismas preguntas y me emocionaban y sorprendían sus respuestas.

A medida que los niños evolucionan, la película también lo hace. De un filme documental sobre una experiencia en Educación, ¿se transforma en una película social y política?

JPP: Los temas que sacaban los niños eran un eco de lo que ocurría a su alrededor: el comienzo de la crisis, la violenta puesta en entredicho de un modelo social. No transcurría un día de rodaje sin que el debate de los niños no hiciera referencia a los problemas de los adultos. Y, a menudo, carecíamos de respuestas para sus preguntas... Efectivamente, dadas las circunstancias del momento, la película se hizo más política que didáctica. El tono de la película incluso ha llegado a sorprender a algunas personas, pero viendo lo que ocurre en Europa hoy en día, no veo cómo podría adoptar otro tono...

PB: El tema nos interesaba sobre todo por el alcance sociopolítico, mucho más que por la dimensión pedagógica. Por eso nos interesó rodar en el contexto de los extrarradios parisinos, donde vive una población culturalmente muy heterogénea. Durante el rodaje, el gobierno lanzó un gran debate acerca de la identidad nacional que dio pie a numerosos discursos apasionados y fantasmales. Al pensar juntos en las grandes cuestiones existenciales, los niños demostraban que existe una identidad compartida por el ser humano que va mucho más allá de las identidades nacionales, étnicas o religiosas. Sin embargo, sus comentarios también nos dejaron ver que, a los 4 y 5 años, los prejuicios ya están anclados: 'Los negros son más fuertes que los blancos, pero los blancos son más simpáticos', por ejemplo. La apuesta de este tipo de talleres es superar esos prejuicios para volver a las cuestiones esenciales y universales. Nos quedamos atónitos al descubrir hasta qué punto niños de tan corta edad se ven expuestos a la agresión de las noticias, mayormente a través de la televisión, sin que la acompañe ninguna explicación por parte de los adultos. Los talleres les ofrecieron la posibilidad de hablar de esas noticias, y a nosotros, la forma de encajar la película en un contexto sociopolítico. Un contexto proporcionado por varias crisis sucesivas (económicas, ecológicas, sociales...) y, detrás de todas ellas, una crisis del sistema ante la que parece inevitable buscar un sentido que nos permita rehacer un proyecto de sociedad viable para las generaciones futuras.

Si fueran habituales este tipo de talleres, ¿de qué manera mejoraría la sociedad?

JPP: Quizá estaríamos menos asustados...

PB: Según el sociólogo Edgar Morin, el género humano se encuentra en un periodo crucial de la historia: con la globalización, salimos de lo que llama la ‘hominización' para entrar en la ‘humanización', es decir, en una toma de conciencia de nuestra interdependencia a nivel planetario, así como en la refundación de un proyecto de sociedad global y perenne.  Siempre según este sociólogo, nuestra especie aún no ha alcanzado la madurez, y su supervivencia dependerá de la capacidad de alcanzarla. Dicha madurez pasa inevitablemente por la búsqueda de sentido y se basa en nuestra identidad común. Los talleres con aspiraciones filosóficas, a los que se accedería desde una edad muy temprana, tendrían un papel de suma importancia en este proceso.

¿Funcionarían talleres así con adultos?

JPP: En general, todo lo referente a la filosofía funciona, las revistas, los autores... Lo que indica la existencia de una demanda de sentido por parte del público. Nuestra sociedad, basada en el consumismo a ultranza, no puede aportar respuestas satisfactorias, y hace falta buscarlas de otra manera.

PB: Pascaline, la maestra, también organizó algunos talleres con los padres. Ellos estaban a favor y su reacción fue entusiasta. Pudimos comprobar que, al igual que a los niños, los talleres les gustaban y creaban lazos sociales.

La película deja clara la importancia de los maestros y, sobre todo, de la Educación. ¿La actual situación de crisis está afectando a la calidad de la Educación en Francia?

JPP: Acabamos de pasar por un cambio político en Francia. Uno de los principales temas de la campaña electoral fue la Educación y la necesidad de que el Estado invierta en el futuro. Los últimos años han sido muy duros para el sistema educativo y eso se nota en la película.

PB: Creo que los talleres filosóficos plantean la cuestión fundamental del sentido del aprendizaje. Y no creo que la crisis por la que estamos pasando sea responsable de la crisis educativa en Francia. La pauperización, las tensiones sociales, los recortes presupuestarios y, por lo tanto, de personal docente en las escuelas, tiene mucho que ver, pero la educación todavía es un ámbito donde las decisiones políticas pueden cambiar muchas cosas. Que la autonomía, la búsqueda de sentido, de creatividad y la educación por la ciudadanía sean apuestas tan importantes como aprenderse el contenido, me parece fundamental hoy en día, sobre todo en un mundo donde Internet hace accesible el contenido, pero donde el espíritu crítico se hace indispensable para saber qué sentido dar a dicho contenido.

Hay escenas rodadas con los padres, con las familias, ¿qué les dijeron estos padres de la experiencia?

JPP: Uno de mis recuerdos más emotivos es la primera proyección de la película delante de los padres. La mayoría de ellos descubrieron otro mundo gracias a la riqueza de los debates que tuvieron lugar en la escuela. La mayoría no volvió a mirar a sus hijos del mismo modo.

PB: Los talleres crearon un vínculo entre las familias y entre las familias y la escuela. Se trataba de un proyecto en común, escuela-niños-padres.

Ustedes vivieron el proceso con la maestra, ¿llegaron a pensar que no saldría nada de allí y luego a asombrarse como ella lo hace y ahora el público?

JPP: Tuvimos momentos de muchas dudas, incluso momentos de desaliento. Pero mereció la pena porque algo se disparó al final del segundo año, y los debates se animaron y fueron apasionantes. Éramos los primeros espectadores y a menudo nos emocionamos o reímos hasta llorar viendo lo que ocurría ante nuestros ojos.

PB: Cuando todo empezó a cuajar, nosotros y la maestra estábamos eufóricos.

¿Cuál ha sido la reacción del público en su país?

JPP: La película ha tenido éxito y las críticas han sido buenas. Acompañamos la película por toda Francia para participar en debates después de la proyección donde se planteaban numerosas preguntas. Me alegré mucho de ver que la película no tardará en salir del entorno docente y llegará a un público mucho más amplio.

PB: La película también ha hecho que muchos profesores tengan ganas de lanzarse a realizar talleres filosóficos. En general, la reacción del público no docente ha sido muy positiva. Mucha gente nos ha dicho que la película sentaba bien, que aportaba esperanza.