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Que empiece el cuento

El encuentro editorial más importante del mundo arranca con Islandia como país invitado

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La mayor feria comercial del libro del mundo no ha comenzado y ya hay una novela que corre por las editoriales europeas desde hace dos semanas. Andalucian Friend [El amigo andaluz] es la ópera prima de un joven escritor sueco. La agencia que representa, promociona y se encarga de hinchar el fenómeno del desconocido autor ha hecho bien su trabajo. Este domingo, en la antesala a esta edición de Fráncfort, rara era la conversación en la que no se mencionaba el libro, para bien y para mal, en la fiesta del grupo editorial Ullstein, en su sede de Berlín.

Gracias al boom del crime (la novela negra, que este año vuelve a arrasar en la feria) que levantó Larsson hace ya siete años, los agentes nórdicos mueven el mercado editorial a su antojo. Con la excusa de una réplica del rey en ventas del género, hacen tambalear la curiosidad y los planes de cualquier editorial, anunciando que tiene un libro de un joven autor por el que se pegan en media Europa. Se levanta el telón y echa a andar el teatro (o el cuento) de Fráncfort. Este año volarán 40 autores islandeses para representar a su país.

'Es 'crime' de primera calidad', escribe en un mail un agente sueco a un posible cliente

Una semana antes de la inauguración, que sucederá mañana, los correos electrónicos vuelan, exigentes, con premura por recibir una contestación a la oferta. A la sabrosa oferta. 'Tengo a toda la agencia emocionada con esta novela', dicen en su email, en el que el argumento se cuenta en una línea y se avisa de que el escritor lo convertirá en trilogía. Si no hay tres partes, no hay ninguna. A una de las editoriales españolas que llega la propuesta, y que prefiere no aparecer con su nombre, no le interesa el libro. Es un mal título para hacer algo en este país, no han adjuntado el manuscrito para leer y es un autor novel sueco...

Pero el agente sueco insiste. Y ahora le ofrece el manuscrito en sueco. Llama hasta tres veces: 'Cada vez hay más ofertas en España. Te envío algunas páginas en inglés'. El interesado asegura que ya ha vendido la trilogía completa en Alemania, Italia está en plena subasta y en Inglaterra tampoco se lo han pensado dos veces. Ruido, humo, ¿nueces?

La editorial en ese mismo día, ante tanto alboroto, pide un informe de lectura a un lector sueco. La agencia le da un día más para que lance su oferta. 'Hasta las cuatro de mañana'. El agente insiste: 'Es crime de primera calidad'. Para entendernos: una enfermera, madre soltera, se encuentra atrapada entre dos sindicatos mafiosos y policías corruptos. Del amigo andaluz, si es que es un personaje, no hay noticias en esas dos líneas.

Este año seguro que aparece algo de Steve Jobs, cuenta uno de los editores

Demasiada especulación para destapar el sueño de la nueva estrella literaria, entre las pilas de manuscritos que abarrotan la oficina del editor. Los más veteranos coinciden al apuntar que la feria es hoy muy distinta a la de antes: ya no se compran autores, se venden argumentos. Un libro sin un argumento claro y sensacional es un libro que no se vende. Ni siquiera importa si está escrito o por escribir. Es más, interesa cerrar un libro con película. 'Se compra a ciegas y a lo grande si hay accesorios que dan imagen al libro, no por su valor literario. A Fránc-fort se va a buscar el pelotazo del millón de lectores, se pagan cifras astronómicas y al final no pasa nada', reconoce un editor que viaja a la feria.

El año pasado, una editorial montó otra gran operación de humo, adornada esta vez por dosis y dosis de misterio. En este caso, se convoca a editoriales de todo el mundo para leer durante la feria la parte de la novela que está escribiendo en ese momento un autor muy conocido, del que no se revela tampoco el nombre. Se especifica: es norteamericano. Los interesados cierran la cita. Una vez en el stand de la feria están obligados a firmar un acuerdo de confidencialidad para mantener bajo el más estricto de los secretos las diez páginas que allí van a leer. El manuscrito que se entregaba con el nombre de cada uno impreso en una portada roja. Deben leer en 15 minutos, siempre cerca de los agentes que movían todo el tinglado. Una vez leído lo devuelven y hacen la oferta si les interesaba. Las estrategias para calentar el bolsillo de los editores son inescrutables.

'A Fráncfort se va a buscar el pelotazo del millón de lectores', explica otro editor

Pero el teatro de la especulación tocó techo cuando un reconocido director de cine neoyorquino mandó, en una de las últimas ediciones, a su agente a Fráncfort, para catar el interés que había por sus memorias. No tenía nada escrito y, de hecho, no se pondría a trabajar en ellas hasta que no supiera cuánto pagarían por ellas. Las subastas se dispararon durante una semana y en EEUU llegaron a rozar los dos millones de euros por ellas. En Europa tampoco se quedaron cortos. Pero no fue suficiente. El agente del director hizo saber a todas las editoriales que pujaron por nada, que a su cliente no le compensaba escribir durante un año por un precio que no era superior a lo que ganaría con una película.

Esta es la feria de los agentes más hábiles, los que venden historias atractivas, autores que se parecen a otros de éxito mundial, los que venden novelas escritas por mujeres (así, sin más), los que mueven contenidos (una familia alemana perdida en la Guerra Fría, así, en general). No extraña que muchos editores prefieran mantener al margen a sus autores, 'por miedo al encuentro con el lenguaje más cruel de la venta'. Este año seguro que aparece algo de Steve Jobs, cuenta un editor.

Nuestro amigo andaluz, capaz de disparar los adelantos, es tan sólo uno de los miles de ejemplos de cómo se hace crecer un libro con nada, a base rumores y presiones, entre los 7.500 expositores de un total de 110 países que acuden a Fráncfort. Este año, además, ni siquiera ha coincidido con la entrega el Nobel de Literatura, que alborotaba los pasillos. En realidad, la mayoría de los libros importantes ya se han vendido cuando se aterriza en la ciudad alemana. Es decir, se cierran pocos acuerdos y se aprietan muchas manos.

En esa exigente ceremonia de la renovación del vínculo, cara a cara, la feria no para. Los editores visitan los stands de agentes y editoriales de diez de la mañana a seis de la tarde, con citas de media hora, sin parar. La agenda de un editor durante los cuatro días tiene ocho visitas por la mañana y ocho por la tarde, antes de las fiestas, que es donde, entre copas, se remata la operación.