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Un enigma menos para el 'libro ilegible'

La primera radiodatación del misterioso manuscrito Voynich abre una nueva vía para entender su origen

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Un manuscrito antiguo atiborrado de dibujos misteriosos y de ininteligibles parrafadas en un alfabeto que nadie, ni siquiera los sabuesos del Servicio de Inteligencia de EEUU, ha logrado crackear en cien años de investigación. Suena a carnaza para el vigente furor de la novela histórico-mística y, de hecho, lo es: decenas de obras entre lo académico y lo esotérico, con más fidelidad a lo rigurosamente verídico o con más delirios de sensacionalismo ocultista, han tratado de desenrollar la madeja del manuscrito Voynich; El libro que no puede leerse, según el título del documental producido recientemente por la televisión pública austríaca (ORF) y distribuido por el canal National Geographic.

Lo rigurosamente verídico sobre el volumen puede resumirse así: en 1912, un bibliófilo estadounidense de origen polaco llamado Wilfrid Voynich visitó Villa Mondragone, una antigua residencia papal, después escuela jesuítica, a las afueras de Roma. Allí adquirió un lote de ejemplares antiguos entre los que se encontraba un volumen singular de unas 240 páginas repletas de contenido incomprensible. El coleccionista dedicó el resto de su vida a descifrarlo y murió sin entender una palabra. El Voynich acabó clasificado como MS408 en la biblioteca Beinecke de Libros Raros de la Universidad de Yale (EEUU), donde ha pasado bajo la lupa de una legión de expertos. Varios de ellos afirmaron haber destripado el código, pero la ficha de la biblioteca de Yale lo cataloga aún como 'puzle sin resolver'.

El carbono 14 sitúa su creación a principios del siglo XV

El resto son conjeturas más o menos probables. Que su autor pudo ser el filósofo y protocientífico inglés Roger Bacon (1214-1294), que después fue propiedad del astrólogo de la reina Isabel I de Inglaterra John Dee, que este lo vendió al emperador Rodolfo II de Alemania y que por fin acabó en manos de los jesuitas en Villa Mondragone. Respecto a su contenido, durante décadas el Voynich ha servido de combustible a los círculos paranormales, que han rellenado el vacío de una interpretación definitiva con delirios tales como la receta alquímica del elixir de la juventud o las instrucciones para acceder a mundos angélicos. La explicación menos excitante es que se trata sólo de una gran tomadura de pelo.

Pero más acá de interpretaciones esotéricas, lo único innegable es que el Voynich es un objeto físico que en algún momento alguien decidió crear y que las molestias que se tomó en algo tan complejo parecen excesivas para que la única razón fuese gastar una broma. Desde este enfoque, el de estudiar el continente y no el contenido, el análisis forense puede aportar respuestas que hasta ahora han escapado al estudio histórico o criptográfico.

Su edad refuta algunas hipótesis y cuestiona que sea una broma

Así lo ha hecho el científico de la Universidad de Arizona (EEUU) Greg Hodgins. En su laboratorio de espectrometría de masas con aceleradores se han datado piezas como 'la sábana santa de Turín, el evangelio de Judas, los rollos del Mar Muerto...', enumera Hodgins en conversación telefónica desde Tucson. Como parte de la producción de ORF, Hodgins tuvo la oportunidad de escindir varias minúsculas tiras de las páginas del Voynich para someterlas a su aparato y medir la cantidad de carbono 14 en ellas. 'La radiodatación es destructiva, por eso no se había hecho aún, pero Yale había decidido hacerlo tiempo atrás', aclara Hodgins.

El radiocarbono ha dado un veredicto que pone fecha al libro: entre 1404 y 1438. ¿Qué significa esto? 'Las páginas son de piel de animalexplica Hodgins. La datación nos dice cuándo se fabricó el libro o, más exactamente, cuándo murieron esos animales'. El físico y arqueólogo es consciente de que esto no zanja el debate sobre la fecha de su redacción, pero a su juicio sí aporta alguna respuesta definitiva: 'Roger Bacon no lo escribió'. El franciscano murió más de un siglo antes de la fabricación de aquellos pergaminos. 'Tampoco es una falsificación del siglo XIX o el XX, como se ha dicho', añade.

Hodgins publicará sus resultados próximamente, una vez que el documental ya ha sido emitido. Mientras, el físico sólo puede certificar lo que le dice su máquina, pero el arqueólogo se extiende: 'Desde luego, no es el trabajo de un niño. Y encaja con la tradición alquímica. Sea lo que sea, de lo que no cabe duda es de que se trata de una maravillosa obra de arte', termina.