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"Enrique te abría la cabeza"

Kiko Veneno y Martirio recuerdan la vida, obra y milagros de la última leyenda del cante jondo.

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'Sin él, la vida hubiera sido otra cosa. Ha marcado la cultura de una época'

Mientras los restos de Enrique Morente viajaban hacia Granada para reposar para siempre junto a la Alhambra, Kiko Veneno y Martirio recordaban el miércoles por la mañana en Madrid la vida, obra y milagros de la última leyenda del cante jondo. Dos días después de su muerte, los dos músicos se proclaman hijos artísticos de un cantaor que se atrevió 'a salirse del raíl', como dice Martirio. Ambos descubrieron pronto la nueva vía que abría Enrique y sin dudarlo se pusieron a rodar por ella.

Kiko Veneno: Cuando terminemos de hablar me voy a ir a comprar el disco que hizo con poemas de Pedro Garfias, un poeta malagueño. Este hombre era un borrachín y estaba tieso, era un desclasao. Iba de bares por la noche y al que le invitara a una copa de ron le escribía un poema en una servilleta de papel. Estas son las cosas que le gustaban a Morente, que estaba siempre trabajando sobre el filo. Yo me identifico un montón con él, con toda la vergüenza por mi parte, porque yo no llego a su altura, pero ambos buscamos el filo de las cosas.

Martirio: Yo también. Morente fue muy valiente para abrir tantas puertas, sin prejuicio ninguno, y seguir investigando, seguir creando sin temor al juicio de los inquisidores, que al principio fueron muchos.

Público': Él decía de Camarón que, 'cuando murió, muchos creyeron que iba a pasar como uno más, pero no fue así'. ¿Creéis que ocurrirá lo mismo con Enrique, que alcanzará el mito de Camarón?

M.: En el arte no hay medidas, pero sí es verdad que Enrique coincide en muchos puntos con Camarón, sobre todo en el riesgo, el vértigo, la improvisación, la fuerza, las ganas de aprender otras cosas y ser amigo de artistas de otras disciplinas Y los dos han abierto todas las puertas posibles viniendo de las raíces más clásicas y siendo grandes conocedores del flamenco más hondo. Los que vengan ya no van a tener que luchar como lucharon ellos. Además, eran muy amigos, sobre todo cuando vivían aquí en Madrid.

K.V.: No sé cuándo se conocieron, pero a mí Camarón, cuando estuve con él, ya me hablaba de Morente como de un colega suyo, aventurado como él. Son grandes porque su vida seguirá, porque son grandes creadores de vida. Y siempre pensaremos cómo cantaría esto Camarón o cómo cantaría esto Morente.

M.: Por eso son clásicos. Su eco está en nuestra memoria, para siempre.

P.: A Enrique, ¿se le puede definir?

M.: Para mí, era una persona magnífica, entrañable, cariñosa, generosa, humilde, de una sencillez apabullante. Y muy listo. Unos ojos ¡buf! Te miraba y te calaba. Nunca lo escuché hablar mal de nadie, a lo mejor levantaba una ceja. Y le daba mucho cuartel a la gente joven, se interesaba por ellos, les daba ánimos. No tenía nada de divo. Era una persona con mucha guasa, con mucha ironía. Y un gran sentido del amor: ha amado muchísimo la música, a sus músicos, a su familia.

K.V.: Yo no he estado muchas veces con él, la última creo que estabas tú. Ese día me dijo: 'Ya es menester que hagamos algo, ¿no?'.

M.: Una cosa de los dos hubiera sido preciosa. Ese amor que tenéis los dos a la poesía, al riesgo, al vértigo, a la improvisación y a la creación.

K.V.: A mí fue decirme eso y ya fue como hacer tres discos. Lo último que me había propuesto Lara López, de Radio 3, era ir a Bamako a un festival, y le dije que Morente podría disfrutar allí mucho y dar unos cuantos quejíos en el desierto. Como este hombre no tenía límites y creaba por todos los terrenos, pensé que podría funcionar. Yo creo que la música africana le hubiera seducido.

M.: Seguro, cuando las cosas le gustaban no se echaba atrás, todo lo contrario, se echaba para adelante. Y por eso ha colaborado con gente tan distinta y tan fantástica. Tenía una capacidad inaudita para la creación y la improvisación.

P.: Esa valentía, ¿la tuvo siempre?

M.: Yo lo conocí cuando estaba cantando en Jarcha y él estaba haciendo Edipo Rey, con José Luis Gómez. Sería en el año 83 o el 84, en Huelva. Le había escuchado cantar la Elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández, y lo de La Estrella.

K.V.: Lo de La Estrella le encantaba a Camarón.

M.: Recuerdo que el texto de la obra era muy difícil. Yo entonces era una fanática del flamenco y lo que hacía Enrique me sonaba muy distinto, muy extraño, muy nuevo. De estas cosas que no las entiendes, pero que dices: 'No las entiendo porque yo no sé'.

P.: En una ocasión dijo: 'Los pasos que he dado han sido más por desesperación que por otra cosa'. Ese carácter rupturista, ¿le hizo sufrir?

M.: Los creadores sufren mucho. Y en este caso más, porque cada disco suyo es una enciclopedia, así que todo el mundo está pendiente de qué va a sacar, y eso te hace sufrir mucho.

K.V.: Estaban hablando el otro día en Canal Sur de su enfermedad, cuando pensaban que lo que tenía era una úlcera. Y un doctor que sale allí, que es muy sabio y a mí me gusta mucho porque es muy perogrullesco, como me gusta a mí la gente, decía que esos quejíos te parten por dentro. La gente se cree que la música es una nocturnidad, un jiji, un jaja, una borrachera, pero la motivación de todo eso es algo que te parte por dentro.

M.: Un hombre que transmitía tanto con su música, por dentro debe tener unas tormentas interiores muy fuertes. A ti como creador te pasa mucho, ¿no?

K.V.: Lo que pasa es que no sé si por cobardía o por qué, no tengo la capacidad de vaciarme como lo hacía él: ¡Aaaaggghhhhhh! Él era una bestia

M.: Es otro tipo de forma de entregar, la tuya.

K.V.: La inquietud intelectual y la de crear sí que te corroen por dentro, te queman. Pero es que él, además de la inquietud de crear, tenía la inquietud física, la de ejecutar.

P.: ¿Sin él hubierais sido distintos?

K.V.: Sin él la vida hubiera sido otra cosa. Ha marcado la cultura de una época.

M.: Y esas puertas que él ha abierto no han sido sólo musicales, también estéticas. Nunca se había visto a un cantaor con botas de rockero. Y eso abrió el camino para los demás, para los que nos queríamos salir del raíl.

P.: Cañizares contaba que lo vio cantar en septiembre en Lisboa y dijo que nunca lo había oído cantar así. ¿Murió en su mejor momento?

K. V.: A mí el trabajo de Picasso me parece lo más grande que ha hecho. La maestría musical, la limpieza A su técnico Pablo le he preguntado mil veces cómo trabajaba. Y me contaba cómo llegaba al estudio, cómo decía ahora pongo una capa aquí, ahora la quito Un proceso de creación aparentemente disperso, pero con mucha intención.

M.: Muy sideral, además. Se ha muerto en un momento que estaba absolutamente destilao. Lo que está claro es que a partir de ahora se va a escuchar mucho más a Enrique Morente y eso le va a cambiar la vida a la gente. Porque escuchar a Enrique, eso te cambia la vida.

Público: Kiko se queda con el disco Pablo de Málaga, y Martirio, ¿qué disco prefiere?

M.: Yo me quedo con el Omega. A otro nivel, me pasó como con La leyenda del tiempo. Enrique te abría la cabeza. Los temas estaban muy bien escogidos, muy bien musicados y había una fusión verdadera y auténtica.