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Entrevista con Belén Barreiro "Estamos ante una generación que siente orgullo de su austeridad"

La socióloga Belén Barreiro publica 'La sociedad que seremos. Digitales, analógicos, acomodados y empobrecidos', un ensayo que ahonda en la sociedad que nos queda tras la convulsión de la crisis económica y la revolución tecnológica. 

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La socióloga y fundadora de MyWord, Belén Barreiro.- DANIEL MERINO (PLANETA)

Las cuatro Españas de Belén Barreiro seguro que les resultan familiares. Es muy probable que conozcan a algún Sabino o a alguna Josefina, quizá se fueron de cañas con algún Miguel o quedaron embelesados con alguna Alicia. En realidad ninguno de ellos existe, o quizá sí. Son cuatro prototipos —“constructos estadísticos”— de españoles que responden a unas pautas de consumo, compra y voto diferenciados. Una sociedad cuádruple que la socióloga madrileña perfila en La sociedad que seremos (Planeta, 2017), y lo hace revistiendo una concienzuda investigación estadística con la siempre necesaria —y agradecida para el lector— imaginación sociológica.

El resultado emerge de un sugerente binomio, a saber; el conformado por una crisis económica implacable para algunos y una revolución tecnológica que lo impregna todo. Así es como llegamos a un país de digitales-acomodados, digitales-empobrecidos, analógicos-acomodados y analógicos-empobrecidos que, de forma idealizada, representan los citados Miguel, Alicia, Sabino y Josefa. Simplificar para comprender.

"Vivimos en una sociedad a dos velocidades en términos tecnológicos"

Miguel, el digital acomodado, ronda los 40 y dispone de una buena situación económica, se maneja con solvencia en internet y vota a Ciudadanos. Alicia comparte con Miguel esa destreza en la red de redes, pero poco más. Su situación dista mucho de ser desahogada, de hecho reside con sus padres en la periferia y vive instalada en la más absoluta precariedad. Alicia es votante de Podemos. Sabino, por su parte, es un hombre mayor recientemente jubilado que tras dedicarse al mundo de los seguros dispone de una renta apacible. Ajeno a la revolución digital, suele comprar en establecimientos tradicionales y no tienes dudas; su voto será para el PP. Por último nos encontramos con Josefa, analógica como Sabino pero empobrecida fruto de la crisis, le asustan los cambios y está cansada de luchar; votará socialista.

“Vivimos en una sociedad a dos velocidades en términos tecnológicos; los más avanzados y los menos”, apunta Barreiro. “La tecnología da un plus de felicidad por dos razones muy sencillas, la primera es el hecho de que te acerca a los demás y eso es terapéutico, la segunda es que te da las herramientas para afrontar la pobreza o las dificultades vitales”. Olvida la socióloga una tercera velocidad. La del ilustre Navalón, esa capaz de sentenciar a toda una generación sin un sola cifra y, al tiempo, colgar pantallazos de sus ocurrencias más certeras vía Instagram. “Es que no da un solo dato en su artículo, podemos entrar en discusiones de café sobre si los jóvenes son más o menos quejicas, pero la realidad es que hoy día 6 de cada 10 jóvenes tienen la certeza de que van a vivir peor que sus padres, estamos ante un daño material masivo”.

"Seis de cada diez jóvenes tienen la certeza de que van a vivir peor que sus padres, estamos ante un daño material masivo"

Un daño material que tiene como principal consecuencia eso que los sociólogos llaman “capital social”, y que Barreiro sitúa en el centro del problema: “Su disminución no sólo hace que confiemos menos los unos en los otros, sino también que no creamos en las instituciones o la empresas. Esto hace, a su vez, que las generaciones más jóvenes se sientan excluidas y que por medio de la digitalización decidan tomar las riendas de su vida buscando alternativas como consumidores y como sujetos políticos”.

Digamos que la muchachada, según apunta Barreiro, se ha entregado a la sobriedad. Se han hecho críticos con la forma de vivir de sus padres, a los que perciben enganchados a una rueda consumista carente de sentido. “Estamos ante una generación que siente orgullo de su austeridad, lo que les lleva a comprar más productos de segunda mano y a practicar más la economía colaborativa, intercambiando productos o compartiendo trayectos para ahorrar gastos”.

Una diferenciación hecha a marchas forzadas pero que ha terminado por conformar un rasgo distintivo generacional, una forma colectiva de ser que hizo saltar por los aires el sistema bipartidista imperante y que Barreiro, allá por julio de 2012, ya intuía. “El sistema de partidos español daba ya señales de descomposición, que se reflejaban, por ejemplo, en el espectacular aumento de los huérfanos políticos, un término que se ha popularizado pero que entonces utilicé para referirme a la suma de los que decían que se iban a abstener, los que no sabían a quién votar, los que no contestaban a la pregunta de voto y los que pretendían votar en blanco o nulo”.