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"Envidio a los autores con vida demoniaca"

El premio Nobel de Literatura presentó ayer su nueva novela, ‘El sueño del celta’, la historia de Roger Casement, el irlandés que denunció las atrocidades del colonialismo en África y fundó despu&

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Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) ya no es un escritor sino una estrella de Hollywood. El peruano, último premio Nobel de Literatura, se ha convertido en una figura hipermediática que incluso consigue que se haga el silencio en cuanto entra en escena. En su presencia, ya sólo se escuchan los flashes de las cámaras y algunos murmullos. Y él, como toda estrella, se deja querer.

Más de cien periodistas coincidieron ayer durante la presentación de su última novela, El sueño del celta (Alfaguara), en la Casa de América de Madrid. La reciente concesión del Nobel ha servido también para que la editorial lance a su estrella hacia niveles estratosféricos. Desde ayer hay a la venta 500.000 ejemplares en 17 países, incluido Estados Unidos. De todos estos libros, 250.000 se colocarán en las librerías españolas.

El lector se encontrará en El sueño del celta con la historia de Roger Casement, un personaje real nacido en Irlanda que en 1903 sacó a la luz un informe las mayores atrocidades cometidas por los colonizadores británicos en El Congo. Años más tarde haría lo mismo en la amazonía peruana, donde los indígenas sufrieron la explotación de la empresa británica Peruvian Amazon Company. La tercera parte narra el regreso de Casement a Irlanda, donde se convierte en uno de los fundadores del Ejército Republicano Irlandés (IRA).

'El nacionalismo siempre arrastra hacia una forma de violencia'“Mi libro es una novela, no un libro de historia. Yo sólo digo mentiras cuando escribo novelas y en esta he inventado mucho, aunque en lo esencial no haya sido infiel”, aclaró Vargas Llosa de antemano.

Lo esencial es el brutal retrato de la represión de los colonizadores. Una exposición del mal en el ser humano que el peruano tomó prestado de los informes de Casement, personaje al que conoció tras leer una biografía del escritor Joseph Conrad. “Una de sus enseñanzas es que cuando desaparece toda forma de legalidad y se establece la ley del más fuerte brota la barbarie, el salvajismo”, afirmó el escritor.

A la repulsa hacia lo que los europeos hicieron en El Congo –“la peor colonización de todas: todo lo que ha pasado después en África procede de aquello ”, según el autor de La fiesta del chivo– se une también el rechazo del escritor al nacionalismo, evidenciado en el personaje de Casement una vez que regresa a Irlanda.

“Cuando un país es ocupado, el nacionalismo es positivo. Sin embargo, incluso en ese periodo, es un movimiento que siempre arrastra hacia una forma de violencia. El nacionalismo es una plaga que ha llenado de sangre la historia”, señaló de forma contundente.

Aparte de esta cuestión política, Vargas Llosa cree que hoy existe otro gran problema que afecta de forma más cercana a su gremio: la piratería de libros. “Creo que no hay una decisión gubernamental para acabar con ella porque no hay conciencia de que sea mala. La piratería es un reflejo del respeto nulo a la legalidad, y la legalidad es la civilización”, aseveró el escritor.

El asunto de los piratas dio pie a una reflexión del escritor sobre la literatura y el Nobel. El autor de La ciudad y los perros confesó ayer que el galardón le ha trastocado su vida. “Ahora siento un desequilibrio con el que no me siento cómodo. Mi vida es muy poco extraordinaria. De hecho, envidio a los escritores que tienen una vida demoniaca”, manifestó. Y aprovechó para confesar que el Nobel nunca estuvo entre sus aspiraciones literarias: “Las mías eran más ambiciosas. Quería escribir buenas novelas, como aquellas que me habían cambiado la vida”. De momento es una tarea que seguirá intentando. “Escribir es el placer supremo. A mí me encontrará la muerte con la pluma en la mano”, reveló.

El autor de Conversación en la catedral no tuvo reparos en pasar de la literatura a la política y se descolgó con varias opiniones sobre EEUU de los que habló con prudencia: “La democracia en EEUU no está en peligro. Pero se ha abierto un debate sobre si las políticas sociales las debe sostener el Estado o son responsabilidad de la sociedad civil. Y es un debate que llegará a Europa”. El Vargas Llosa neoliberal en estado puro tocado con un nimbo de estrella.

Aventuras. África, continente virgen

Vargas Llosa se ha adentrado en la época de la colonización de África, protagonizada por los imperios europeos y exploradores como Stanley y el doctor Livingstone. De ahí que también sea una especie de novela de aventuras en la que el lector se enfrenta a los obstáculos que ofrecía un continente todavía virgen a principios del siglo XX.

Biografía. Perfil de un personaje real

Roger Casement existió en la realidad. De esta manera, el relato puede leerse en ocasiones como si se tratara de una biografía. Al personaje de Casement se unen el de otros autores clásicos, como Joseph Conrad y W. B. Yeats, que conocieron en la vida real al irlandés.

El buen salvaje. Malos europeos y buenos africanos

El escritor peruano se ha dejado llevar por la teoría de Rousseau del buen salvaje. Los africanos y los indígenas peruanos aparecen como personajes inocentes, destruidos por la barbarie de los europeos.

Castellano neutro. Sin americanismos

El lenguaje que utiliza Vargas Llosa en esta novela es un castellano neutro, sin americanismos. Nada que ver con el estilo de ‘La ciudad y los perros' o ‘La casa verde'.  

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