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Los "errores" y las "argucias" de Manuela Mena

Aparece el primer informe académico contra la descatalogación que el Prado hizo de 'El Coloso'  

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Los expertos Nigel Glendinning y Jesusa Vega firman en el nuevo número de la revista Goya, del Museo Lázaro Galdiano, que dirige la propia Vega, un breve parte sobre lo que consideran 'errores' y 'argucias' escandalosos de la doctora Manuela Mena al descatalogar El Coloso de la obra de Goya. Se trata de la primera investigación que cuestiona las conclusiones que Mena, jefa de conservación del Museo del Prado, hizo colgar en la página web de la institución a finales de enero.

El desenlace no convence y el escrito finaliza con un crudo 'es un paso en falso muy grave y pone en entredicho la confianza que la sociedad ha puesto en el Museo', en alusión evidente a la dirección de la pinacoteca. Una responsabilidad de la que tampoco el Ministerio de Cultura debería retirarse.

Bajo el título ¿Un fracasado intento de descatalogar El Coloso por el Museo del Prado?, el profesor de la Queen Mary Universidad de Londres y la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, se quejan de la tendencia de Mena a lo largo de los 16 capítulos de su estudio a pasar por alto hechos y posibles argumentos que no concuerdan con sus propias teorías. Como apuntó Valeriano Bozal a este periódico al poco de hacerse públicas las conclusiones de la descatalogación definitiva, Glendinning y Vega indican que las comparaciones que se establecen están manipuladas arbitra-riamente.

'¿Y por qué, al confrontar la representación de la muchedumbre en El Coloso con las de otras obras de Goya, no busca ejemplos donde las figuras están en movimiento? ¿Y cómo se le ocurre criticar el partir por la mitad a algunas personas en los márgenes del cuadro, sabiendo que a Goya le encantaba representar sólo la parte de los cuerpos de las personas en tales sitios?', se preguntan y añaden varios ejemplos que confirman sus tesis.

Entre las notables omisiones destaca la estampa de El Coloso, que Mena sí considera obra indudable de Goya, pero que evita estudiarla a pesar de la evidente relación que tiene con la pintura. De hecho, y siempre sin argumentación según los dos investigadores, Mena reconsideró la cronología que en un principio había dado meses atrás en el catálogo de la exposición que originó toda la polémica, Goya en tiempos de guerra.

El texto aporta un nuevo dato que acentúa la estrecha unión entre grabado y pintura: 'Cuando Goya estaba trabajando sobre el cobre, tuvo que grabar la figura de El Coloso en el mismo sentido que en el lienzo, mirando hacia la izquierda; al estamparla, mira en dirección contraria, hacia la derecha'. Y apuntan que el perfil que tiene el gigante en la pintura coincide con la sombra del mismo que se veen el grabado.

Otro apartado contra el que protestan es la consideración, por parte de la conservadora del Prado, de que el genial pintor era infalible. En realidad, el informe de la revista Goya determina que esto no es más que una fórmula impuesta y engañosa de Mena, debido a sus comparaciones erróneas que traza en las deliberaciones: 'Supone la doctora Mena que Goya trata siempre con rigor la medida exacta de las figuras según la oposición que ocupan en el espacio', y en varios lugares critica aquellas figuras que son más pequeñas o más grandes de lo que se esperaría de la perspectiva [] olvida que las figuras que bailan al lado del río en La pradera de San Isidro, son excesivamente grandes'. Es decir, Goya variaba el punto de vista del espectador en varios cuadros.

La indignación mueve a los especialistas: 'Ya las primeras páginas del informe están plagadas de errores evidentes', en alusión al momento en el que Mena dice que 'hombres, mujeres, carruajes y animales corren o se detienen', cuando es el asno el único detenido según Glendinning y Vega, 'y lo importante es que las gentes huyen hacia la izquierda, mientras que las reses lo hacen hacia la derecha'.

También se quejan amargamente los dos expertos de que no se ha tenido en cuenta la restauración de la pintura en 1874 y el talante intervencionista y poco cauteloso de los restauradores de entonces. Este ajuste de cuentas con la memoria de cinco generaciones de goyistas que consideraron la pintura original de Goya, difícilmente podrá conseguir que el Prado varíe sus intenciones, porque parece que ya se ha concluido que esta 'es obra de un pintor incapaz de organizar un cuadro y representar el mundo a su rededor debidamente'.

El artículo arde al describir la falta de concreción en la datación y del reconocimiento por parte de Mena de ser incapaz de demostrar que lo haya pintado el alumno en vez del maestro.

Así que, a pesar de lo que dicen las polémicas páginas colgadas en la Red, Glendinning y Vega argumentanuna vez el Prado les dejó visitar la supuesta investigación, que al parecer no era más que cosa de un par de radiografías que, según los análisis hechos por los técnicos del Museo del Prado, ni el soporte, ni el modo de prepararlo, ni los materiales, ni el procedimiento, desmienten queno sea una obra de Goya.