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El escaso 'glamour' de un asesino ordinario

El galardonado director rumano Cristi Puiu presenta en Gijón 'Aurora'

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Aparentemente Aurora podría parecerse a la primera película de Jaime Rosales, Las horas del día. En ambas, los protagonistas, unos tipos de lo más ordinario, asesinan a otras personas y siguen con su vida. Pero lo que en la película española eran asesinatos por la frustración vital y por el placer de matar, en Aurora es una decisión premeditada, un ajuste de cuentas que tiene que ver con la mentira y la decepción. Ahora bien, esto no es un thriller esclarecedor: no hay explicación frontal.

Cristi Puiu, director de La muerte del señor Lazarescu, ganadora del premio a la mejor película de la sección Un Certain Regard de Cannes 2005, y la película que destapó lo que hoy se conoce como Nuevo Cine Rumano, regresa con el segundo capítulo de su megaproyecto cinematográfico: seis filmes que suceden en los suburbios de Bucarest. Aurora se presentará el jueves en la sección oficial del Festival de Gijón tras su paso por Cannes.

¿Cómo sucede en la vida real el acto del asesinato? Eso se preguntó Puiu cuando entrevió Aurora, un título que habla de los claroscuros del ser humano. 'Estamos acostumbrados a observar el asesinato con la distancia en la que nos posiciona el glamour con el que el cine lo retrata. Tiene que ver con nuestros miedos. Es una manera de hacernos creer que el acto de matar no es parte de nosotros. He intentado observar el comportamiento del personaje de cerca', explica el director.

Por eso Viorel no matará hasta pasada la primera hora de las tres de película. Antes conoceremos su vida fracturada, el divorcio al que se enfrenta, su incapacidad para dirigirse a los otros y su decepción con los que mienten, con los que llevan máscaras. 'Por eso el diálogo sobre Caperucita roja al principio es esencial', aclara Puiu, que quiere destapar a los lobos que se disfrazan de abuela.

Para entender a su personaje, el propio Puiu se ha metido en su pellejo. 'He querido realizar un hecho de la frase de Flaubert: Yo soy Madame Bovary'. Después de tres meses de casting me di cuenta de que yo debía hacer de Viorel, sin actuar, siendo, en parte yo mismo', asume. La película se desarrolla durante 48 horas en un Bucarest depresivo, que para Puiu vive 'bajo el síndrome del chivo expiatorio. Rumanía le echa la culpa a Ceacescu de todos sus males. El personaje encarna ese punto de vista: la culpa la tienen los demás', mantiene.

Con el mismo humor negro y austero de Lazarescu, pero con menos sarcasmo, Puiu vuelve a hablar de la muerte: 'Siempre hablo de ella porque la temo. Lo que más me asusta es la idea de la separación', concluye.

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