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"Esperar que las empresas tapen los recortes del Gobierno en investigación es muy peligroso"

Martyn Poliakoff, secretario de Exteriores y vicepresidente de la Royal Society, asegura que "la mayor parte de los gobiernos sienten que la Ciencia está conectada con el crecimiento económico"

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Con más de 350 años de historia, la Royal Society de Londres se ha convertido en un referente mundial para la comunidad científica. Su sede, la quinta desde que fuera fundada en 1660, está a un paso del parque de St. James y destila solemnidad por los cuatro costados, combinando libros centenarios con una réplica suspendida en su patio de luces del Ariel 1, el primer satélite británico, puesto en órbita en 1962.

Martyn Poliakoff es uno de los responsables de extender la influencia de la Royal Society por todo el mundo. Desde su doble rol como vicepresidente y secretario de Exteriores, este químico con aspecto 'einsteiniano', aún conserva su entusiasmo por la Ciencia, como se plasma en su proyecto de popularizar la tabla periódica con su Tabla Periódica de Vídeos.

¿Qué papel diría que ocupa actualmente la Ciencia en la sociedad?

Sin duda, muy importante. Creo que la mayor parte de los gobiernos sienten que la Ciencia está conectada con el crecimiento económico y aunque no siempre han visto cuán fuerte es esta conexión, ahora sí saben que está en la base del crecimiento. Y esto se da, no sólo en países como Reino Unido o España, sino también en los que se encuentran en vías de desarrollo, como es el caso de Etiopía, donde han determinado que el 70% de los estudiantes deberían estudiar Ciencia o Tecnología.

'Cuando se arranca una investigación, muchas veces no puedes anticipar qué será importante'Precisamente por esta conexión, ¿no ha ganado demasiado terreno la Ciencia aplicada sobre la básica?

Efectivamente, se ha producido un notablemente incremento de la Ciencia aplicada y un desafortunado movimiento de muchos gobiernos que apoyan sólo a aquellas investigaciones que parece que tendrán éxito. Lamentablemente, esta actitud es idéntica a la de apostar en las carreras de caballos, que nunca tienes la certeza de quién ganará.

Cuando se arranca una investigación, muchas veces no puedes anticipar qué será importante. El problema es que para muchos de los grandes problemas, como la energía sostenible, la potabilidad del agua, etcétera, las soluciones no son tan obvias, y para llegar a ellas en ocasiones das con otras que pueden tener aplicaciones prácticas en las que ni siquiera se había pensado antes.

¿Cómo es posible balancear esta influencia invasiva de la empresa en el mundo de la Ciencia?

Bueno, en mi caso particular, yo trabajo en un campo que denominado 'Química verde', que está íntimamente ligada al mundo de la empresa, porque el objetivo de la investigación es encontrar modos más sostenibles y limpios de generar productos químicos. Colaboramos activamente. Creo que hay que combinar buenas políticas de investigación con desarrollos que puedan resultar útiles en la industria.

En realidad, es una cuestión de cómo el entorno académico y el industrial se ven el uno al otro. Si la industria ve a las universidades como si fueran la extensión de sus laboratorios, empezamos mal pero tampoco resulta positivo que algunos investigadores consideren que las empresas han de aportar la financiación sin aportar nada a cambio. Creo que lo que se necesita es una alianza entre la empresa y la universidad para ayudarse mutuamente en lo que no pueden hacer por sí solos.

'Lo que se necesita es una alianza entre la empresa y la universidad'¿Eso es realmente factible?

Tengo un colega que siempre me dice que 'la industria sabe lo que quiere, no lo que necesita' y por eso, muchas veces cuando se acerca una empresa con un problema, después de analizarlo, te das cuenta de que el problema es otro y su solución mucho más interesante. El peligro radica en esperar que sea la industria la que tape los agujeros cuando los gobiernos recortan sus inversiones en investigación. Si fuera así, las empresas únicamente utilizarían a las universidades para resolver sus propios problemas.

En ese sentido, en 2010 la Royal Society publicó un informe en el que recomendaba al Gobierno incrementar sus inversiones en Ciencia, Educación e Innovación. ¿Cuál es su balance?

La verdad es que el Gobierno impuso recortes muy significativos en algunas áreas; en Ciencia llevamos ya un tiempo con el presupuesto congelado, lo que significa una reducción de facto, dada la inflación. Con todo, si miramos el número de nuestras publicaciones, estamos el doble mejor de lo que esperábamos entonces, con casi el 3% de la financiación para Ciencia en todo el mundo, mientras tenemos el 1% de la población.

El futuro es muy diferente. En los 30 últimos años, desde la época de Thatcher, nuestra industria productiva ha caído y, como sucedió con la ciudad de Cambridge, donde estudié, creo que hay grandes oportunidades para desarrollar nuevas industrias, nuevas áreas y actividades comerciales a partir de las universidades. Y esto va a ser más y más importante tras el estallido de la crisis en 2008, cuando se ha visto reducida la confianza que el mundo tenía en el sector financiero y sus manipulaciones.

En términos de Ciencia, ¿están EEUU o China haciéndolo mejor que Europa?

Es indiscutible que EEUU siempre ha sido un país de científicos y que China está creciendo muy rápidamente. Sin embargo, si miramos la Ciencia globalmente y consideramos Europa como un todo, a fin de cuentas somos la Unión Europea (sonrisa), creo que la Ciencia europea está más fuerte que cualquier otra. Lógicamente, cada país se ha especializado en determinadas áreas y precisamente por eso vemos cada vez más proyectos colaborativos, muchos de ellos liderados por científicos británicos.

Una de las vías que está impulsando la Royal Society [acaba de arrancar un proyecto de casi 2.000 millones de euros], es impulsar la Ciencia en países en vías de desarrollo...

Sí, porque uno de los problemas que observo cuando viajo por todo el mundo es que estos países en vías de desarrollo están poniendo mucho dinero en Ciencia, pero necesitan apoyo en el modo en que han de realizar las investigaciones. La Royal Society tiene una larga tradición precisamente en eso. Una de las cosas que estamos tratando de hacer es construir capacidad científica en África. Para ello, a partir de grupos de investigación consolidados en Reino Unido, se crean grupos en África y, lo que creo que es aún más interesante, en diferentes países porque en la actualidad resulta muy complicada la colaboración entre ellos... incluso para viajar en avión de un país a otro en África, a veces tienes que hacerlo vía Frankfort. Lo que estamos intentando crear es una especie de red de investigación y aportarles la experiencia de los científicos británicos.

En esa colaboración, ¿se está impulsando más la ciencia aplicada o la básica?

Hay diferentes áreas, como los proyectos asociados al suelo, otros a la potabilidad del agua y una tercera área de energías sostenibles. Creo que lo que se está buscando es investigar en áreas que pueden ayudar a mejorar su futuro. No estamos buscando necesariamente la ciencia aplicada en este proyecto.

¿Cuál cree que es la opinión popular sobre la Ciencia?

Creo que la gente confía en los científicos, que se han ganado el respeto de la sociedad y en la actualidad son mucho más reconocidos que los periodistas y, por supuesto, que los banqueros. Hay desarrollos científicos, complicados de entender, que preocupan a la gente por los cambios que pueden implicar, como es el caso de la modificación genética. No obstante, hay un peligro: que la gente crea que los científicos tienen la solución para todos los problemas cuando, en realidad, se requieren cambios de comportamiento. No se trata de que los científicos inventen cigarrillos saludables, sino que la gente deje de fumar.

¿Qué opina de la labor divulgativa de la Ciencia por parte de los medios de comunicación?

Como en todo, en el periodismo hay niveles muy diferentes y a veces echas un vistazo a la prensa nacional y parece que los periódicos son de países distintos. Creo que es muy fácil culpar a los periodistas, y algunos de ellos no son nada buenos, pero tampoco son científicos ni investigadores. A ello se suma que, por lo general, la ciencia en la prensa escrita es mucho mejor que en la televisión, donde están más preocupados por las audiencias y los costes de producción de los programas.

¿Sucede lo mismo en internet?

No tanto, porque ahí la diferencia es que se pueden producir programas de Ciencia con costes muy bajos. La dificultad es que parece barato, tienen buen contenido pero a la gente no le interesa por su pobre calidad. Además, cuando un científico se pone a hacer uno de estos vídeos, termina siendo aburrido porque entra demasiado en el detalle. Creo que los científicos tienen que hablar con la gente, pero debe existir una intermediación, algo así como divulgadores científicos profesionales. En mi universidad [en Nottingham], dentro de mi departamento contamos con una figura cuya función es exclusivamente ayudar a todos los científicos de Química, no sólo a los profesores, sino también a los investigadores, a comunicar a través de conferencias, notas de prensa, vídeos, lo que haga falta, administrando la dificultad que ello implica.

Y en este contexto social, ¿cree que la Royal Society es percibida como una institución anticuada o elitista?

Sinceramente, la mayor parte de la gente no tiene ni idea de lo que es la Royal Society, lo que por otro lado creo que está bien, porque si lo supieran nos podría volver demasiado autocomplacientes. Creo que la gente entiende es que somos una organización independiente, por lo que pueden confiar en nuestros comunicados puesto que no hablamos en nombre del Gobierno, ni de ningún grupo de interés particular.

En cierto modo, ese tinte de élite viene del hecho de que agrupamos a los mejores científicos de Reino Unido y la Commonwealth pero, al mismo tiempo, representamos a toda la Ciencia británica. Cuando viajo por el mundo, no estoy representando a esa élite, sino a toda la Ciencia británica. Del mismo modo, cuando hacemos un llamamiento a incrementar la inversión para la Ciencia, no lo hacemos solo para la Química o la Física, sino para toda la comunidad científica.

Otro punto positivo es nuestra capacidad de respuesta ante problemas; cuando se produce alguna emergencia, algún problema de consecuencias sociales, podemos reunir muy rápidamente a los mejores grupos para encontrar la mejor solución.

Revisando su lista de miembros (más de 1.450), la pregunta es obligada: ¿por qué sólo 91 mujeres (5%)?

En la actualidad, tanto una de las vicepresidentas como la directora ejecutiva son mujeres. Creo que esta proporción tan sólo es un reflejo de lo que ha pasado en Ciencia en el pasado: cuando yo empecé a estudiar Química, hace unos 43 años, casi no había mujeres que se dedicaran a ello. Sin embargo, eso está cambiando muy rápidamente y creo que eso también se está reflejando en la Royal Society, hasta el punto de que no me sorprendería que muy pronto veamos a una mujer presidiéndola. Este mismo año, la Royal Society de Química ha nombrado a una mujer presidenta. Creo que el papel de la mujer está creciendo, todo es cuestión de educación.